Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2010/01/09 00:00

El ADN del PIN

La coalición uribista ha conseguido montar una estrategia de cara a las elecciones de 2010, basada en el más puro de los fariseísmos.

El ADN del PIN

O el PIN del ADN. El orden no importa porque tanto el PIN como el ADN son dos partidos con la misma huella genética. Los dos son creaciones hechizas, concebidas a última hora desde el Palacio de Nariño para albergar la escoria de la mafia paramilitar que la U ya no puede darse el lujo de admitir.

Para medir el ADN del PIN, basta con identificar su composición genética. Por ese camino se descubrirá que el desconocido PIN tiene los mismos genes de la desaparecida Convergencia Ciudadana, ese partido uribista, de garaje, que subió como palma y cayó como coco en estos últimos siete años. Después de haber elegido en las elecciones de 2006 a siete senadores de un tacazo -entre ellos al negro Martínez, ex senador por el Valle, hoy también preso por sus vínculos con la mafia paramilitar-, Convergencia Ciudadana entró en barrena el año pasado desde que su fundador, el ex senador Luis Alberto Gil, terminó en la cárcel y a su segundo de abordo, el ex gobernador de Santander Hugo Aguilar, se le abrió en la Fiscalía una investigación. A los dos la justicia los tiene entre ojos por sus relaciones non sanctas con la mafia.

Para no perder esos voticos que tanta falta le hacen al Presidente en su camino hacia su re-reelección, el uribismo se las ingenió para hacerle un cambio de imagen a la desprestigiada Convergencia Ciudadana y de manera clandestina se le rebautizó con un nuevo nombre: el PIN. A pesar de los maquillajes, la recomposición de las listas para el Congreso del PIN no ha sido muy afortunada: en reemplazo del ex senador Gil, quien por estar privado de la libertad no puede participar, va su esposa como nueva cabeza de lista. Y su segundo de abordo es nada menos que el hijo de Hugo Aguilar. Como decía Lampedusa: para que nada cambie, que todo cambie.

Sobra decir que el PIN tiene la misma elasticidad ética que se le recuerda a Convergencia. De buena fuente sé que para las elecciones de Cámara, el PIN está ofreciendo entre 200 y 300 millones a los posibles aspirantes a la Cámara que se comprometan a poner entre cinco y 10.000 votos. Y en los corrillos políticos se asegura que para garantizar esos votos a los aspirantes los están haciendo firmar unos pagarés. Dicen que lo que se hereda no se hurta. Y si ese dicho es cierto, el PIN podría estar empezando a escalar los mismos peldaños de la escalera que condujo a la cárcel a varios de los integrantes de la desaparecida Convergencia Ciudadana. Lo más probable es que el PIN será objeto de nuevas investigaciones que le darán oficio a la Corte y de nuevos escándalos judiciales que dejarán como pecado venial lo de Yidis.

El ADN es el resultado de una mezcla genética bastante más explosiva. Tiene un poco de Colombia Viva, de Convergencia Ciudadana y de Colombia Democrática, el partido fundado por el presidente Uribe y por su pariente y mentor el ex senador Mario Uribe, hoy investigado por sus nexos con los grupos narcoparamilitares. Colombia Viva fue el mismo partido que albergó en las pasadas elecciones a caciques como Vicente Blel, preso por sus vínculos con los narcoparamilitares, y Álvaro García, acusado de haber participado en masacres como la de Macayepo, donde murieron campesinos inocentes. Con la mayoría de sus integrantes en la Picota, estos para-partidos se convirtieron en inviables e impresentables incluso para la coalición uribista.

Fue entonces cuando nació ADN. Esta versión maquillada trae algunos cambios estéticos que no alteran su naturaleza. Hoy sus jefes son otros: el negro Martínez, preso, repito, desde hace unos meses por sus vínculos con los narcoparamilitares, y Juan Carlos Abadía, gobernador del Valle. Así lo nieguen, ellos dos son los padres de esta nueva criatura. Ahora, todo el mundo sabe que el verdadero jefe del ADN y del PIN es el dueño del Ubérrimo.

De esta forma, la coalición uribista ha conseguido montar una estrategia de cara a las elecciones de 2010, basada en el más pulido de los fariseísmos. A un lado tiene a la U, que anda en una repentina cruzada lanzando proclamas aparentemente depuradoras, después de que hace tan solo unos meses se opuso sin ningún pudor a que se sancionara a los para-políticos investigados. Al otro, dos trituradoras de basura que son el PIN y ADN van succionando todos los votos non sanctos. De tal forma que mientras la U anuncia como gran vaina que no recibirá en sus listas al Congreso a familiares de para-políticos ni de narcos -premisa que si se aplicara al alto gobierno, quedaría con la mitad de los cargos vacantes-, por la puerta trasera estas dos cloacas electorales le abren la puerta a los familiares de los congresistas vinculados a la mafia paramilitar.

¿Qué pensará Juan Lozano, que fue secretario de Galán, ahora que le va a tocar hacer política al lado de los herederos de Gil o del negro Martínez? ¿O Juan Manuel Santos, que posa de político pulcro y pulido, de aliado de los para-políticos que tanta sangre y vergüenza le han causado a la política colombiana?.

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