Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2011/03/08 00:00

    ‘El Alemán’ no ha dicho nada nuevo sobre el Cacique Nutibara

    Desde hace siete años la farsa fue denunciada por diversos sectores, pero se desestimó. En ello jugó un papel fundamental Sergio Fajardo.

COMPARTIR

Fredy Rendón Herrera, alias ‘El Alemán’, ex comandante del Bloque Elmer Cárdenas de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, no ha dicho nada nuevo sobre la farsa detrás de la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc). Desde hace siete años diversos sectores sociales y académicos, nacionales e internacionales, han dicho lo mismo, incluso con mayor profundad, sin ningún cálculo político, pero con menos cobertura periodística.

Hasta el momento nadie sabe a qué le apuesta este locuaz ex comandante paramilitar, uno de los pocos jefes históricos del proyecto contrainsurgente que aún queda en el país. Sus apreciaciones, registradas ampliamente por la prensa nacional e internacional, deben tener un cálculo específico, para que sean dichas en estos días, justo cuando se viene una nueva contienda electoral de carácter regional. El asunto es determinar a qué le apunta.

Me resulta extraño que se le dé tanta prensa a una situación que desde el mismo momento de la desmovilización de esa estructura armada, surgida del sometimiento de numerosas bandas de la ciudad por parte de la llamada ‘Oficina de Envigado’, fue cuestionada por analistas, organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales, comunidades afectadas y ex paramilitares de bajo rango. ¿Por qué ahora se le da una amplia cobertura y antes, cuando se pudo intervenir el el proceso para frenar tanta irregularidad, se minimizó el asunto?

Vale recordar el informe de Amnistía Internacional divulgado en septiembre del 2005, bajo el título Los paramilitares en Medellín: ¿desmovilización o legalización? El documento expresó la preocupación de si los desmovilizados “estaban siendo efectivamente retirados del conflicto o ´reciclados” en él”.

También es importante destacar lo dicho por Human Rights Watch. En su informe anual del 2005, titulado Las apariencias engañan: La desmovilización de grupos paramilitares en Colombia, aseguró que “en Medellín es evidente que miembros del desmovilizado Bloque Cacique Nutibara siguen ejerciendo control sobre gran parte de la ciudad”. Posteriormente, en otro documento difundido en el 2010, reseñó que “durante años recibió información de que, durante la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en Medellín en 2003, las fuerzas paramilitares reclutaron hombres jóvenes con el sólo objeto de que participaran en la ceremonia de desmovilización, tentándolos con promesas de generosos estipendios y otros beneficios”.

Estas visiones han sido reforzadas por ex paramilitares que se entregaron a las autoridades. Uno de esos testimonios, dado a la Fiscalía General de la Nación en mayo del 2004, precisó: “El Cacique Nutibara se desmovilizó y entregaron solo los enfermos y se entregó, en otras palabras, a los milicianos que se nos habían entregado”.

A todo ello se sumaban las denuncias de las comunidades, sobre todo las de barrios donde los paramilitares ejercían control social y económico, aún después de haber dejado supuestamente las armas. Documentos como el Informe de Riesgo 009-07 emitido por la Defensoría del Pueblo en marzo de 2007 advirtió que “es probable la ocurrencia de atentados contra la vida, la libertad y la integridad física de la población (...) Especial atención merece la población juvenil, representantes y líderes comunitarios producto de las condiciones de vulnerabilidad frente a las acciones violentas de los actores armados al margen de la ley”.

En ese acallamiento jugó un papel fundamental el ex alcalde de Medellín, Sergio Fajardo, quien ha salido a desestimar las versiones de alias ‘El Alemán’, argumentando que nada tuvo que ver con el proceso de desmovilización y descargó la responsabilidad en el Gobierno Nacional, actitud que siempre ha expresado para liberarse de los cuestionamientos.

Fajardo y su administración cometieron varios pecados en la manera cómo se enfrentaron al tema una vez asumieron la Alcaldía el 1 de enero de 2004. El primero de ellos fue utilizar su capital político para defender el proceso de desmovilización en vez de realizar una rigurosa veeduría de la reinserción con base en las denuncias realizadas por diversos sociales y académicos y exponer sus reparos al Gobierno nacional. A mi juicio, su ambición política se lo impidió.

El segundo pecado fue descalificar toda crítica que se le hacía a ese proceso. El informe de Amnistía Internacional lo calificó de “sesgado ideológicamente”; con Human Rights Watch mantuvo una tensión constante e incluso llegó a calificar de “despistado” a su director para las Américas, José Miguel Vivanco; con respecto al Informe de Riesgo de la Defensoría del Pueblo, conceptuó que era una visión “alejada de la realidad” e hizo todo lo posible para evitar que se declarara una alerta temprana.

El tercero fue desacreditar a los denunciantes y exigirles visibilidad, cuando la situación de intimidación por parte de los “desmovilizados” era preocupante. Su postura quedó registrada en una entrevista publicada por el diario El Colombiano el 2 de octubre de 2005: “Aquí la forma más fácil es decir: ah es que los reinsertados me están haciendo esto, es que los paramilitares tal cosa y usted quedó listo, ¿dónde están las denuncias señor?”.

El cuarto pecado fue aprovechar políticamente la disminución de los homicidios que produjo el monopolio de la criminalidad que estableció la llamada ‘Oficina de Envigado’ bajo el abrigo de las AUC y al mando de Diego Fernando Murillo Bejarano, para “vender” la ciudad en el plano internacional asumiendo como suyos los logros de contención de la violencia que realmente se derivaron de la hegemonía armada ilegal que vivió la ciudad bajo su administración.

El quinto y último pecado de la administración de Sergio Fajardo fue desconocer que detrás de la desmovilización nacional propuesta por las Auc había un proyecto de reorganización armada para mantener el dominio territorial y la hegemonía armada. El tema fue reseñado en el artículo Dinámica reciente de reorganización paramilitar en Colombia (Franco y Restrepo, 2006): “Así como la necesidad de expandir el proyecto y el papel del narcotráfico llevó a la compraventa de franquicias, la gradualidad de la desmovilización parcial permitió operar una estrategia de desdoblamiento de frentes con la finalidad de preservar la fuerza”.

Si las advertencias sobre las fallas de la desmovilización del Bloque Cacique se hubieran atendido con prontitud; si en vez de callar se hubiera hecho eco de las reiteradas denuncias; si, además, se hubiese tenido la suficiente cabeza fría para entender la estrategia de las Auc, hoy las noticias serían otras y tal vez la ciudad y el país habrían evitado cientos de muertes.

(*) Periodista y docente universitario
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.