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Opinión

  • | 2012/01/14 00:00

    El alma pater

    Varios de los decanos han acomodado en el generoso seno de la academia a esposas, hijos, cuñados y primos.

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Jesús Ramón Rivera Bulla está atornillado a la rectoría de la Universidad del Tolima. Once años lleva al frente de esa institución pública que ya maneja como si fuera suya. El clientelismo y el nepotismo son usuales en el alma máter. Lo más curioso es que las investigaciones contra el rector avanzan poco o nada.

Ha afrontado -sin despeinarse- procesos por interés ilícito en celebración indebida de contratos, celebración de contratos sin cumplimiento de requisitos legales y falsedad material.

Una de esas investigaciones la ha adelantado la fiscal de delitos contra la administración pública María Luisa Vargas Barreto. Lo curioso es que una persona con los mismos apellidos de la fiscal es funcionaria de la universidad. Doña Martha Isabel Vargas Barreto es profesional universitaria grado 9 y trabaja en la oficina de matrícula financiera de la institución.

Muchos creían que era una simple coincidencia de apellidos, pero no. La fiscal que investiga al rector y la subalterna del investigado son hermanas, nacidas en Ibagué e hijas de don Milciades Vargas y doña Benedicta Barreto.

Sin embargo no es esta la única feliz familia que encuentra la armonía en torno a la Universidad del Tolima. La suegra del rector, doña Beatriz Rodríguez de Jiménez, recibió un contrato por más de 300 millones de pesos para venderle seguros a la institución que los estudiantes deben adquirir obligatoriamente, según lo publica el diario El Nuevo Día.

El hijo de la afortunada señora y cuñado del rector, el arquitecto Jaime Jiménez, se ha desempeñado como interventor de obras por más de 6.000 millones emprendidas por la Universidad. También ha sido contratado para diseñar la sede Miramar del claustro, que sigue siendo un lindo proyecto.

El ejemplo del rector se ha extendido por la estructura jerárquica de la universidad. La jefe de personal, Astrid López, tiene a su esposo como registrador académico. El hijo del director del Instituto de Educación a Distancia, Germán Rubio, trabaja en la oficina de personal. La cuñada del mismo funcionario ha tenido una fulgurante carrera en el centro educativo.

Miembros del consejo superior -que son quienes nombran al rector- están en las mismas. Por ejemplo, Alberto Londoño, representante de los exrectores, tiene a su hijo Ernesto como coordinador del Centro Regional de Educación a Distancia, ahí mismo en Ibagué.

Varios de los decanos han acomodado en el generoso seno de la academia a esposas, hijos, cuñados y primos.

Las denuncias, documentadas por la veeduría ciudadana de la universidad, coordinada por Jancen Mahecha, secretario académico del Idead, no tuvieron ningún efecto. O mejor dicho sí, el denunciante tuvo que renunciar en medio del acoso laboral y la sensación de que su vida estaba en peligro.

Como si esto fuera poco, hace unas semanas, la Unidad Investigativa de El Tiempo reveló que la Dian está revisando multimillonarias exenciones de impuestos logradas por grandes compañías con donaciones a la Universidad del Tolima.

Las donaciones son en tierras dentro de una reserva forestal llamada La Galilea. Estos bosques los compró una empresa maderera a un precio muy modesto. Después la compañía leñadora se los vendió a una cooperativa ecológica, llamada Asoprobosques, por precios astronómicos. Terrenos que costaban 200.000 pesos pasaron a valer más de 3.000 millones, gracias a avalúos de técnicos de la Universidad del Tolima tolerados por el Instituto Agustín Codazzi.

Los enriquecidos bosques se convirtieron en moneda de cambio dentro de un negocio para que compañías gigantescas pagaran menos impuestos.

La cooperativa que recibió en muchos casos activos improductivos -por ejemplo facturas vencidas y de difícil cobro- entregó tierra a cambio. Con una promesa doble: el primer año del negocio los altruistas empresarios recibirían 39 por ciento en exenciones por inversión ambiental. Un tiempo después, en un periodo fiscal diferente, deberían donar las tierras a la Universidad del Tolima y pedir un 38 por ciento adicional en deducciones tributarias.

De las tripas de este negocio y de las empresas que se ganaron el 77 por ciento en rebaja de impuestos, tendremos que hablar después.
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