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Opinión

  • | 1993/08/30 00:00

    El buen Santofimio

    Eso que celebran como un triunfo del "pueblo costeño" más bien lo veo yo como una peligrosa concentración del "poder costeño"

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EL PAIS RESPIRO TRANQUILO CUANdo se supo que Alberto Santofimio había perdido la presidencia del Senado de la República, a pesar de que se le daba por fijo. Durante todos estos años que siguieron al escandaloso episodio de los microfilmes que protagonizó el político tolimense, su nombre ha estado implacablemente opacado por la sombra de la malafama, aun que es muy probable que ya nadie se acuerde qué fuerón los microfilmes ni por que este hombre que iba derechito hacia la Presidencia de la Repúhlica ni siquiera logro serlo de la del Senado.
Irónicamente, sin embargo, la derrota de Santofimio representó para el Congreso una valiosa pero fallida oportunidad para moralizarse y mejorar la castigada imagen que actualmente proyecta hacia el país. El triunfo de los actuales presidentes conducirá al Congreso por el contrario, a una de las peores situciones morales de su historia. Es cuestión de esperar para comprobarlo.
Para comenzar la candidatura de Santofimio estaba apoyada por los mejores congresistas del Partido Liberal en contraste con los peores, que apoyaban a José Elias Nader, algo resulta lo suficientemente diciente. En segundo lugar, Santofimio jamás ofreció una comida, ni repartió langostinos ni wisky, ni ofreció contratos ni puestos para ambientar su elección, en contraste con las toldas enemigas, donde la campaña se hizo con todas las de la lye. Pero sobre todo, Santofimio, que es un hombre que pagó, y no es exageración, con sus posibilidades de ser Presidente en medio de una carrera política brillante y exitosa sus pecados del pasado, es lo suficientemente consciente de los problemas de imagen que tiene ante la opinión como haber estado dispuesto, lo di jo a varios parlamentarios amigos queme lo contaron, a jugársela toda por recuperar algo del prestigio político que tuvo en el pasado. Ni Luis Carlos Galán habría sido tan radical ni tan extremo como lo hubiera sido Santofimio en la presidencia del Senado para ganarse la opinión. Venía dispuesto a todo. A suprimir de tajo los viajes, a reducir drásticamente la nómina y acabar con la vagabundería de los supernumerarios, así como con la de los abusos presupuestales.
¿Qué pasó a cambio? Que hubo un golpe de poder de la rosca Carlos Espinosa-Facio-Lince-Tito Rueda Guarín, apoyado por las joyitas de José Name, el diamante de Navarro Mojica, el rubí de Felíx Salcedo y la esmeralda de Hernando Suárez Burgos. Porque esa es la verdad. Con el triunfo de Náder este fue el equipo ganador. Y para ello, es mi humilde opinión, no escatimaron esfuerzos. Ahí está la presidencia de Navarro Mojica en la comisión Cuarta del Senado, nada más y nada menos que la del presupuesto, dignidad que en los Estados Unidos se equipara, en cuanto a la solvencia moral que se le exige al congrcista que la ocupa, a la presidencia de la Comisión de Etica. Ahí está la gerencia de los Caminos Vecinales, y la de Caprecom, cargos que salieron a bailar durante esta campaña parlamentaria. Y quién sabe cuántos puestos más, cuántos viajes y cuántos otras gabelas, para pagar deudas contraídas, comenzarán a desfilar en los próximos meses ante los ojos de los colombianos, que no entenderemos ni la mitad de los movimientos de gratitud que presenciaremos.
A última hora, se perdió la oportunidad de que la presidencid de del Senado la ocupara en hombre como Santofimio, la salida del Congreso, dispuesto a jugársela toda por la opinión, y en cambio entró al cargo Nader, criatura típica de 20 a 30 años en el Parlamento- más que la falta, sin necesidad de los favores de la opinión- por cosas que si digo aquí, en este momento, me podría costar unaa tutela, porque no tengo manera de probar, aunque le pido a mis lectores que lo reciban con el principio de la verdad sabida y la buena fe guardada.
No tengo nada contra los costeños. Al contrario. Habría gozado mucho más la vida siendo costeña que bogotana. Pero eso que ahora celebran dizque como el triunfo del pueblo costeño en Senado y Cámara más bien lo veo yo como una peligrosa concentración del poder costeño, costeño de Cordoba, cordobeses de Lorica, que seguro ahora pasarán a ser fuente inagotable de la burocracia parlantaria.
Por lo pronto todo seguirá igual en el Cóngreso, mientras la opinión aprende a odiar cada vez más a los congresistas - sin din distingos de buenos o malos- y los congresistas afilan cada día más su olímpico desprecio por la opinión, a la que indudablemente poco necesitan para salir elegidos.
Y sobre todo, el aparato administrativo del Senado, a través del cual se roba de manera sistemática y descarada mediante una sofisticada cadena de intocables intermediarios, seguirá siendo un lucrativo negocio parlamentario. Sobrefacturación es la palabra mágica, en todo lo imaginable. En papelería, lápices, maletines, arreglos florales y sánduches de cinco mil pesos -ejemplo relativamente reciente-. Toneladas de sándches de cinco mil pesos continuarán inundando los pasillos del Capitolio, mientras el poder costeño recién instalado se los comé, o, en el mejor de los casos los mira pasar.
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