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Opinión

  • | 2017/03/23 09:30

    ¿Poder Caribe? Pregúntenles a los paisas

    Es necesario reflexionar como región y ver cómo pasamos del oportunismo electoral a la ejecución de nuestra propia agenda regional y jalonar el desarrollo del país.

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Se acercan las campañas electorales a la Presidencia y los partidos políticos ya empiezan a hacer sus cálculos para seducir a la Costa Caribe. Todos saben que aquí se ganan o se pierden las elecciones, y nadie duda de la gran influencia electoral que representamos como región. ¿Que esa influencia signifique poder regional o que ayude a conseguir nuestros objetivos estratégicos o superar las brechas que tiene rezagado al Caribe colombiano? Eso está por verse.

Sólo para recordar: De los 911.000 votos que le dieron la victoria al presidente Juan Manuel Santos, 400.000 fueron de Atlántico. La Costa Caribe —con algo más del 20% del electorado inscrito en todo el país— fue la clave en la reelección del presidente, al duplicar su votación entre la primera y la segunda vuelta y superar los dos millones de votos. Hasta ahí todos estamos de acuerdo. Pero ¿por qué nuestros 132.288 kilómetros cuadrados estratégicos para la política, los cerca de diez millones de habitantes y su potencial electoral no son referente nacional de unidad y no significan una ventaja competitiva a la región Caribe?

Hace unos días, Adolfo Meisel, costeño y codirector del Banco de la República, comentaba en esta misma revista que el último presidente costeño fue Rafael Núñez, que terminó su última presidencia en 1894. Y que el último ministro de Hacienda fue Tomás Suri Salcedo, en 1918. Y hacía referencia a una crisis del liderazgo político del Caribe en su dificultad para influir en los destinos de la Nación. Me sumo a la tesis de Meisel y agrego que esa crisis de liderazgo va más allá de nuestra representación en el Gobierno.

En toda la historia de Colombia sólo ha habido cuatro presidentes de la Costa Caribe —Custodio García Rovira (1780-1816), Bartolomé Calvo (1815-1889), Rafael Núñez (1825-1894) (1880-1882) y José María Campo Serrano (1836-1915) (1886-1887)—. Todos en el siglo pasado. Y entre 1821 y 1900 sólo tuvimos 23 ministros, según registros del Banco de la República. En ese mismo período, sólo hubo un ministro de Hacienda costeño.

Pero el problema no es de burocracia. Hemos tenido y seguimos teniendo de todo, directoras de planeación, ministros de todos los géneros y colores políticos, presidentes del Congreso y de las cortes, magistrados, consejeros de Estado, contralores, embajadores y hasta un vicepresidente, pero, por algún motivo que los sabios en economía política habrán de identificar, el sistema termina cooptando estos actores y reduciendo sus agendas -en la mayoría de los casos- a cumplir el mandado de ocasión y andar por el centro del poder "por la sombrita", como si tuvieran que hacerse perdonar su acento.

En mi primera columna de este año escribí que este sería el año del Caribe, y así lo creo firmemente. Pero para que se haga realidad es necesario reflexionar como región y ver cómo pasamos de esa influencia política y el oportunismo electoral, a la ejecución de nuestra propia agenda regional para ser protagonistas y jalonar el desarrollo del país. Antioquia y sus instituciones formales e informales son un paradigma en esta materia.

Son paradójicos los casos como el de un autodenominado vocero de la región “ad-eternum” en las máximas instancias de la educación superior del país (ASCUN, CESU, ICETEX y hasta en el Senado de la República), pero, curiosamente, su representatividad no ha hecho sino acompañar la construcción de un sistema de educación superior regresivo que castiga a las universidades regionales, al tiempo que consolida el Caribe como la región con los peores indicadores de cobertura y calidad, y el mayor índice de deserción universitaria en Colombia. Esto valida que, o se atiende sólo una agenda personal e individualista, o simplemente nos da “culillo” abanderar causas con impacto regional.

Ya es casi un lugar común predicar nuestras ventajas competitivas en turismo, agroindustria y petroquímica. Nuestras grandes oportunidades en manufactura, farmacéutica, metalmecánica, materiales de construcción, dotación hospitalaria e institucional, diseño y alta costura. Tenemos cerca del 15 % de la industria manufacturera de Colombia. Somos responsables del 25 % de las exportaciones del país. Tenemos oportunidades con productos en cuero, aceite de palma y derivados, productos lácteos, cárnicos y procesados de mar. Somos líderes en exportaciones de los recursos minero-energéticos. La lista es larga, así como la de los retos que tenemos que enfrentar: la formación de capital humano, la mejora en infraestructuras terrestre y marítima, la superación de brechas de competitividad en la región en materia de servicios públicos —energía, alcantarillado y acueducto, aseo, gas, transporte de pasajeros y conectividad digital—, entre otros.

Superar estos retos -o complejos- exige llamar las cosas por su nombre y dejar de engañarnos negando el problema, "matando al mensajero" o atacando los síntomas únicamente. Esta tiene que ser una tarea conjunta entre la academia, el sector privado, el público, la política y los políticos, la sociedad civil y su influencia para lograr convertirnos en una región con cultura de esfuerzo colectivo, autocrítica, que nos permita mirar más allá del coyuntural discurso de la influencia electoral y usar el poder para transformar. Pero esto nunca pasará si las decisiones son tomadas sólo haciendo cálculos para el próximo nombramiento o debate electoral o gremial.

Este no es un reclamo con acento regionalista demagógico, sino un llamado a la acción que permita un relevo generacional que supere los neogamonalismos que tienen rezagada la región y que permita la unión de los ocho departamentos del Caribe para que con visión técnica, cosmopolita, informada, fresca y sin mezquindades de parroquia, que supere la cultura del "cómo voy yo" y el discurso de la “bacanería” inútil, logremos superar los enormes retos que seguimos teniendo para hacer realidad esa aspiración con la que crecimos de ser una región Caribe que jalone el desarrollo del país. Pero, aceptémoslo, para superar estas mezquindades tenemos mucho que aprender de los paisas.

*Rector de la Universidad Autónoma del Caribe.

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