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Opinión

  • | 1987/12/14 00:00

    EL CASO VASCO

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El episodio de Gustavo Vasco, enfrentado a la prensa del país, es ridículo. Consiste en que la frase pronunciada por un particular, en un coctel social, fue arrancada de su contexto y convertida en motor de un debate con ramificaciones en Madrid y París, intercambios epistolares, citaciones a debates públicos, transmisiones vía satélite y fuente de graves sospechas sobre la actitud del gobierno frente a la libertad de prensa.
Pero el episodio sería solamente ridículo, si además no fuera grave. El dueño de la frase de que Daniel Samper es un "sicario moral" es Gustavo Vasco, que por el papel singular que ejerce en el régimen actual no es propiamente un particular, y quien, por cuenta del extraordinario poder que detenta, es capaz de lograr, con su sola presencia, que un coctel social no sea simplemente un coctel social.
Esta columnista se ha enterado de que, con motivo de la bola de nieve que creó el episodio, el propio Presidente de la República llamó al periódico El Tiempo para aclarar que Gustavo Vasco es simplemente un particular, y que por consiguiente sus opiniones, ni son graves, ni comprometen al gobierno.
Pero en eso el Presidente está equivocado. Si son graves, y si comprometen al gobierno. En el coctel donde Vasco pronunció su controvertida frase hizo crisis la posición de "regente" que éste detenta en el régimen, que tantas criticas ha despertado entre los políticos, la prensa y la opinión pública, y que tan poca preocupación había producido hasta ahora en el Presidente de la República.
Con este escándalo afloró la incompatibilidad entre los intereses privados y públicos que ha venido representando simultáneamente Gustavo Vasco. Se trata de un hombre de negocios, sin puesto en el gobierno, que representa intereses particulares pero ejerce un grado máximo de poder público. Lo que el episodio del coctel vino a demostrar, es que no se puede tener tanto poder, con tan poca responsabilidad.
En la oficina de Vasco hacen antesala altos funcionarios del gobierno. En su casa particular se redactan acuerdos ministeriales. Gustavo Vasco inventa ministros (como a Esmeral), los nombra (como a Perry) y luego les pide la renuncia (como a Arias). No hay funcionario que no tiemble cuando su secretaria le dice que lo llama Gustavo Vasco.
Pero, al mismo tiempo, en sus oficinas y casa se hacen grandes negocios particulares y se representan los intereses de poderosos grupos industriales. Por eso es lícito (aunque muchas veces resulte injusto) cuestionar cualquier beneficio que reciba Gustavo Vasco, alguno de los parientes de Gustavo Vasco o alguna de las empresas representadas por Gustavo Vasco, si los funcionarios de las cuales dependen las decisiones respectivas le hacen antesala a Gustavo Vasco. Esto fue probablemente, lo que despertó su malestar contra la Unidad Investigativa de El Tiempo, y lo que motivó los cargos contra Daniel Samper: el hecho de que ésta se hubiera atrevido a cuestionar la posición de un yerno de Gustavo Vasco frente al multimillonario negocio del polipropileno.
Si Gustavo Vasco representa los intereses públicos, los colombianos preferiríamos que tuviera un cargo ejercido a la luz pública, en el que pudiéramos pagarle, para poder fiscalizarlo y exigirle responsabilidad.
Por otro lado, y a pesar de lo que el Presidente le afirmó a El Tiempo, es legítimo suponer que lo que piensa Vasco, lo piensa Barco. Primero, porque la semana pasada, a la salida de actos oficiales que conmemoraban un aniversario de la Policía Nacional, el Presidente se mostró especialmente paranoico con los periodistas. Los acusó de no darle la suficiente trascendencia al texto de sus discursos y decretos. Parecería, entonces, que el Presidente y su asesor comparten un mismo estado de ánimo frente a los medios de comunicación.
Pero es que ademas, si tantas veces Gustavo Vasco ha hecho gestiones de oficio en nombre de Virgilio Barco, es difícil distinguir el límite en el que terminan las opiniones del "regente" y comienzan las del Presidente. Vasco ha surgido, durante los quince meses que lleva este gobierno, como un sólido poder alterno, y ello sólo tiene dos explicaciones. O la voluntad del Presidente de la República, o sus limitaciones.
Por eso creo que la frase contra Daniel Samper compromete mucho más a Barco de lo que él estaría dispuesto a admitir. Si a Gustavo Vasco no se le permitió opinar como un particular, es porque el país tiene la sensación de que es el dueño del Presidente de la República.
Y si el dueño del Presidente de la República opina que Daniel Samper es un "sicario moral", no está permitido poner en duda que por parte del gobierno, exista la decisión política de otorgarle a Daniel Samper las garantías suficientes para que algún día regrese al país.
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