Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 1996/02/12 00:00

EL CHISTE Y LA TRAGEDIA

Colombia esta pagando por la criminal hipocresia de los norteamericanos, que por añadidura pretender castigarla por ello.

EL CHISTE Y LA TRAGEDIA


SE ESCAPA CHEPE SANTACRUZ DE LA cárcel en un carro de la Fiscalía o al menos gemelo de los carros de la fiscalía. Que alguien, empezando por el fiscal Alfonso Valdivieso, se atreva a decir con la mano sobre el corazón que la noticia lo coge por sorpresa. La sorpresa, para cualquiera que no se diga a sí mismo mentiras sobre el funcionamiento de Colombia, es que no se hayan escapado todavía también los demás presos. (Lo harán en los próximos días).
En respuesta a la fuga, el Ministro de Justicia anuncia una serie de reformas a los códigos. El Ministro de Defensa anuncia que dará por su parte una serie de "instrucciones precisas" a las fuerzas militares, incluyendo la de poner "retenes en las estaciones de ferrocarril" (aunque muy torpe tendría que ser el prófugo que pretendiera escapar usando los ferrocarriles colombianos como medio de transporte). La Casa de Nariño anuncia que expedirá un comunicado anunciando reformas a los códigos e instrucciones a las fuerzas militares. Nadie renuncia, nadie es destituido: aquí no hay responsables. Pero si hubiera renuncias o destituciones, serían tan inútiles como los comunicados anunciando nuevos comunicados. La única manera de impedir que los narcotraficantes presos se escapen de la cárcel en carros de la Fiscalía es quitarle a la Fiscalía los carros. Sucederá entonces lo mismo que cuando el gobierno de Virgilio Barco, que en contraste con el actual parece inteligentísimo, prohibió las motos: no acabó con los asesinatos políticos, pero sí con los asesinos de la moto.
Pero la draconiana medida de quitarle los carros a la Fiscalía además de una catarata de acciones de tutela, suscitaría un problema práctico: los narcotraficantes presos empezarían a escaparse de la cárcel en carros de la Procuraduría. Que se los quiten también a la Procuraduría. En carros del Inpec. Que se los quiten al Inpec. Y al Ministerio de Justicia. Y al DAS, y a la Dian, y a la Corporación de Turismo. Que se supriman todos los carros oficiales. A grandes males, grandes remedios. Quedarán los taxis. Sólo que es un secreto a voces que la mayoría de los taxis del país pertenecen a los narcotraficantes presos. ¿Ha conseguido algún lector no narcotraficante coger últimamente un taxi?
Parece un chiste, pero es una tragedia. Previsible, como suelen ser las tragedias en Colombia. Desde hace por lo me nos 15 años se veía cómo el dinero de los narcotraficantes se estaba adueñando progresivamente del país, desde las empresas de taxis hasta el alto gobierno, pasando por el fútbol y la ganadería y todo lo demás. A quienes lo anunciaban se les tachaba de 'negativistas'. Pero aunque lo negaran, todos lo veían: era imposible que organizaciones criminales con ingresos anuales de cuatro o cinco mil millones de dólares en rama (en Colombia: sin contar lo que se queda por fuera) no terminaran quedándose con todo, teniendo en cuenta además que estaban asesinando a todos los que no se dejaban comprar: jueces, militares, políticos y periodistas.
Esa tragedia previsible y prevista era además inevitable, como son las tragedias de verdad desde que, para entretenerse, las inventaron los dioses de los griegos. Era inevitable que las mafias del narcotráfico se volvieran todopoderosas si se daban dos condiciones: un inmenso y creciente mercado para su producto, y la prohibición de comerciar con él, que le garantiza desorbitados márgenes de ganancia. Las dos condiciones las pusieron, frívolamente la primera, cínicamente la segunda, los Estados Unidos: su población consume el 40 por ciento de las drogas prohibidas que se producen en el mundo (el dato es de la ONU), y su gobierno impone la prohibición mundial que garantiza la ganancia (de la cual el 90 por ciento se queda en su territorio). Se trata pues, por añadidura, de una tragedia artificial: creada por una deliberada e hipócrita política del gobierno más poderoso de la tierra. Entre lo grotesco y lo terrible, Colombia está pagando por esa criminal hipocresía de los norteamericanos, que por añadidura pretenden castigarla por ello.
Así sucede en las tragedias siempre: al ingenuo Edipo, en castigo por haberlo hecho sufrir, los dioses lo obligaron a arrancarse los ojos.
Nota: Jorge Child, uno de esos 'negativistas' anunciadores de tragedias grotescas, acaba de morir sin tener tiempo para morirse de risa al ver cómo Chepe Santacruz se escapaba de la cárcel en un carro de la Fiscalía. ¿O era un carro de la DEA? Da lo mismo. La semana que viene, si este raudal de cómicos horrores da respiro, hablaré aquí de Child y de su lúcido e irónico negativismo.

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