17 noviembre 2012

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El ciudadano Klein

Por María Jimena DuzánVer más artículos de este autor

OPINIÓNSi todos los señalamientos que va a hacer Klein ante Justicia y Paz van a fundamentarse en personas muertas, me temo que su colaboración va a ser un fiasco.

El ciudadano Klein.

Si Yair Klein tuviera interés de ayudar a la Justicia colombiana, no le estaría mezclando a las pocas verdades que ha dicho tantas mentiras.  
    
Para comenzar es bueno aclarar que a Klein no lo contrataron las hermanitas de la caridad, ni vino al país a entrenar mosquitas muertas como él ha insinuado. Fue contratado por una organización criminal integrada por militares, policías, hacendados y políticos que se aliaron con el cartel de Medellín. Su objetivo no era altruista ni pretendieron frenar el comunismo internacional: querían tomarse el poder al precio que fuera y, para ser sinceros, casi lo logran.
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Esa actitud del señor Klein no solo es cínica sino que es un irrespeto con las personas que vimos caer a nuestros seres queridos asesinados por los sicarios que él entrenó. Pero además, esa forma de acomodar la historia la reconozco.  A finales de 1988, cuando ya había hecho varios cursos,  campesinos de esa región víctimas de la violencia que ya se estaba viviendo,  llegaron a El Espectador, diario en el que yo me desempeñaba como columnista y reportera. Hablaron conmigo y con Ignacio Gómez y pudimos escuchar las atrocidades que se estaban perpetrando contra ellos. A raíz de estas denuncias  la circulación de El Espectador fue prohibida en el Magdalena Medio y en un aviso pagado en el diario El Tiempo  con fecha de julio de 1998, las autodefensas respondieron en una carta abierta dirigida a mi nombre.  En ella rechazaban categóricamente su relación con el narcotráfico y exaltaban los grandes éxitos que las autodefensas habían tenido en la región: “Invitamos a la periodista Duzán a que vea por sus propios ojos las escuelas, las calles pavimentadas que hay en Puerto Boyacá y a que no siga siendo utilizada por el comunismo internacional”. La carta estaba firmada por el alcalde de Puerto Boyacá, Luis Alfredo Rubio que más tarde sería apresado por paramilitarismo hasta que un comando, ­–probablemente entrenado por el mismo Klein–, lo rescató de la cárcel. Rubio fue capturado en el 97 pero hasta el momento la Justicia no le ha pedido los nombres de nadie.  

También es bueno aclarar que Klein tampoco es una víctima de los narcoparamilitares  como cínicamente intenta hacernos creer, cuando afirma que él siempre pensó que su misión contaba con el visto bueno del gobierno del presidente Barco.  Yair Klein era y es un mercenario que llegó al país invitado no por Barco sino por narcos como Escobar y esmeralderos como Carranza. Pero no solo cobró por entrenar a sus sicarios sino que les vendió armas. Un cargamento que él gestionó proveniente de Antigua fue incautado por la Policía a finales de 1990. La historia de como Klein estuvo envuelto en este affaire la relaté en el libro Crónicas que matan escrito en 1992.  

La única verdad que ha dicho Klein es que la organización que lo contrató tenía poderosos tentáculos en el Estado y  contaba entre sus filas con importantes miembros del establecimiento colombiano. Los nombres de esos militares, de esos policías, de esos políticos y de esos hacendados aún nos los debe Yair Klein.

Por lo pronto solo ha mencionado el del expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien para entonces era un joven político del Partido Liberal que ya había sido director de la Aerocivil 1980-1982 y  alcalde de Medellín, por cinco cortos meses, (1982-1983) cuando fue sorpresivamente destituido por el gobierno del presidente Betancur. Las razones de su destitución son todavía materia de especulación.

En honor a la verdad, el señalamiento de Klein contra Uribe Vélez tiene muy poco de dónde sostenerse. Según Klein la versión de que Uribe fue uno de los hacendados que financió ese ejército privado se la dio Ariel Otero. Pero este jefe de las AUC del Magdalena Medio fue asesinado en 1992 por Pablo Escobar y desde la tumba no puede corroborar o negar lo que afirme el mercenario.  

Si todos los señalamientos que va a hacer Klein ante Justicia y Paz van a fundamentarse en personas muertas, me temo que su colaboración va a ser un fiasco.

Si en este país la Justicia funcionara sin intocables, la Comisión de Acusaciones de la Cámara debería abrir una investigación contra el expresidente Uribe para saber si el señor Klein miente o dice la verdad. Y en lugar de enviar improperios a través de su Twitter, el expresidente Uribe debería responder a esos señalamientos por respeto a las víctimas del narcoparamilitarismo. Eso es lo mínimo que se espera de un expresidente.
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