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Opinión

  • | 2012/04/23 00:00

    ¿El codo de la MANE?

    La falta de claridad de la MANE frente al uso de la violencia como forma de lucha es problemática y podría ser un boomerang para el propio movimiento.

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La Mesa Amplia Nacional Estudiantil –la principal organización que agrupa a los estudiantes de educación superior- vive por estas épocas un momento clave para su futuro. La discusión sobre el sistema de educación superior está de nuevo tomando fuerza, y la MANE es sin duda uno de los principales interlocutores del gobierno. Pero al mismo tiempo, y justamente por ese protagonismo, al interior de la MANE se están dando fuertes discusiones no sólo sobre los fines de la reforma (¿debe ser gratuita la educación superior?, por ejemplo) sino además sobre cuáles medios son válidos para conseguir esos fines. Aquí me concentro en esto último, en la discusión sobre los medios.

En la MANE hay una tensión muy fuerte entre, por un lado, algunos que defienden métodos de lucha tradicionales en el movimiento, incluyendo el uso de papas bomba, y otra posición más moderada, partidaria de adoptar métodos innovadores y reducir la confrontación violenta al máximo. Esta tensión ha llevado a que en este momento la MANE no tenga una posición clara sobre si justifica o no el uso de la violencia como forma de lucha.

Ilustro brevemente esta falta de claridad.

El 25 de marzo, en Suba, murieron tres personas, dos de ellas estudiantes, y otra más quedó herida por la manipulación indebida de 10 kilos de explosivos. Ante las críticas por este hecho, uno de los voceros de la MANE pidió que no se hablara de una “enorme infiltración de grupos al margen de la ley” en universidades públicas y dijo que temían una “cacería de brujas”. Otro de los voceros dijo que “todo es una estrategia diseñada para acallar la voz de protesta y para evitar que sigan manifestándose en las calles”. No hubo una posición clara sobre si se justifica o no el uso de explosivos. Tampoco la hubo unos días antes frente a unos hechos similares en Tunja.

El día siguiente, en una extensa entrevista en RCN, dos voceros de la MANE se vieron en aprietos para responder algunas de las preguntas que les hicieron. Cuando les preguntaron si estaban o no de acuerdo con las FARC, si la rechazaban o no, uno de ellos dijo: “aquí tiene cabida todo el que se considera estudiante… yo no voy a entrar a decir si este o este (es violento)”.

Esta semana las papas bomba volvieron a estallar –un agente de la policía perdió una pierna- y las preguntas siguen abiertas. ¿Cuáles medios consideran los estudiantes que son válidos para sus propósitos políticos? ¿Es la violencia uno de esos medios válidos? ¿Qué tipos de violencia son válidos?

Estas preguntas dan para mucho más que una columna, pero aquí trato de adelantar algunas razones a favor de la posición de los estudiantes moderados. En mi opinión, la MANE debe pronunciarse rechazando abiertamente las expresiones violentas como medios para alcanzar sus fines. Aquí entiendo por violencia no sólo la de los grupos armados (y por eso no entro al debate sobre si los estudiantes están o no infiltrados), sino todo tipo de agresión que afecte la integridad física y los bienes públicos: desde el vandalismo y el uso de papas bomba en adelante. Que bloqueen las calles si así lo quieren, pero que lo hagan de forma pacífica.

Por un lado, hay razones morales para que la MANE rechace la violencia. Reconozco que en algunos casos en los que se presentan graves injusticias y en los que se han agotado otros medios de lucha política, uno podría llegar a justificar cierto tipo de violencia (piensen en la revolución francesa, por ejemplo). Sin embargo, creo que el caso de los estudiantes es diferente. Si bien aquí se podría hablar de una grave injusticia, existen otros medios que no sólo están disponibles, sino que han resultado ser más eficaces y menos costosos en términos de vidas humanas, como el paro estudiantil y las marchas de abrazos (¿no son suficientes las muertes recientes de estudiantes por la manipulación de explosivos para que la MANE, al menos en principio, excluya las papas bomba por el riesgo que representan para la vida?). Además, en una democracia los fines son tan importantes como los medios; la legitimidad de los fines depende de la legitimidad de los medios.

Pero no sólo hay razones morales para rechazar la violencia, también hay razones estratégicas: el paro, las marchas pacíficas y los abrazos del semestre pasado parecen haber dado mejores resultados que años y años de papas bomba. Con este rechazo, los estudiantes también se echarían al bolsillo a la opinión pública, lograrían concentrar el debate en la reforma, y evitarían ser estigmatizados. Si no quieren ser víctimas de un estigma sano en una sociedad –como el del rechazo a la violencia-, deben entonces hacer todo lo posible para no caer en lo estigmatizado. Este momento es una oportunidad para lograr todo esto.

Sé que para una organización tan joven, tan horizontal, y con grupos tan diversos en su interior, no es fácil tomar este tipo de decisiones. Sin embargo, creo que la MANE es un actor importantísimo en la sociedad, que debe ser fortalecido y ampliado, y una forma de hacerlo es adoptando una posición clara frente al uso de la violencia. Si la ambigüedad se mantiene, la MANE puede terminar borrando con el codo lo que el semestre pasado hizo con la mano.

*Investigador del Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad (www.dejusticia.org)

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