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Opinión

  • | 2011/09/13 17:00

    El color del bronce

    En 1992 la actuación de Ximena Restrepo en los Juegos Olímpicos fue el comienzo de un ciclo riquísimo en el atletismo nacional. A ese libro se acaba de sumar una página gloriosa, escrita por Luis Fernando López y Caterine Ibargüen.

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Se levantó feliz. Sabía que había hecho un salto triple fantástico, el quinto en la tanda final de Caterine Ibargüen. El registro: 14.84, lo que le valió la medalla de bronce.
 
Colombia lograba su segunda presea en el mundial de atletismo de mayores disputado hace unos días en Daegu, Corea. Una hazaña nunca antes vista. Y digo segunda porque horas antes Luis Fernando López, el subintendente de la policía, cruzaba la meta en el tercer lugar, luego de persignarse con el puño apretado, a sabiendas de lo que había logrado. En mundiales, López superó el quinto lugar que él mismo consiguió hace dos años en Berlín, Alemania, y el quinto puesto de Ximena Restrepo en los 400 metros planos en 1993 en Stuttgart.
 
En el medallero en Daegu, sólo tres atletas suramericanos dijeron presente: Fabiana de Almeida Murer en salto con garrocha, quien le dio el oro a la bandera de ‘Orden e progreso’, y López e Ibargüen para Colombia, cuya historia en el atletismo se remonta a 1934 en los Juegos Olímpicos de los Ángeles, en donde Jorge Perry fue el primero en representar al país. En la década del setenta y del ochenta llegó el dominio de los fondistas. Y en 1992 se rompió el celofán: Ximena Restrepo ganó la primera medalla en el ámbito internacional, nada menos que en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.
 
Luego, en 1999 en Polonia, Norma González obtuvo la medalla de bronce en los 400 metros planos en la categoría menores, y, al año siguiente, repitió la performance en el mundial juvenil en Santiago de Chile. En 2006 Rolando Ortiz se coronó campeón del mundo en carrera de montaña, en el ascenso a la cúspide del monte Uluda en la pequeña ciudad de Bursa, en Turquía; en 2009, el marchista Eider Arévalo se convirtió en campeón mundial juvenil en Chiguagua, México; y este año, antes de las medallas mundialistas, Kevin Martin Pérez quedó subcampeón mundial en el campeonato mundial de menores en Francia.
 
Un salto de calidad
 
Es evidente el salto de calidad que ha dado el atletismo nacional. La delegación que viajó a Daegu estuvo integrada por 21 atletas clasificados con marcas mínimas exigidas. ¡Un gran número! ¡Y un ejemplo de ese salto! La actuación de Ximena Restrepo fue el comienzo de un ciclo rico, lleno de talento y apoyo interinstitucional. Para Julio Roberto Gómez Gaitán, gerente de Indeportes Antioquia, la medalla de López “es un triunfo histórico para nuestro atletismo y para él, un muchacho que se ha sacrificado, que ha tenido la ambición y el objetivo de estar entre los mejores del mundo. Es muy importante para nuestro atletismo, es muestra de un proceso que se está teniendo con grandes figuraciones”. Hoy tanto Ibargüen como López hacen parte del Programa Deportista apoyado de Coldeportes, Comité Olímpico Colombiano y las federaciones respectivas.
 
Ambos están en la categoría Altuis, la más importante del programa (son cinco niveles), exclusiva para aquellos que logren medallas, previo análisis de la disciplina y su proyección, en el campeonato mundial en categoría abierta; o resultados, marcas o rankings de nivel mundial que lo proyecten a ser medallista o finalista en los Juegos Olímpicos. Allí también está la bicicrosista Mariana Pajón, las yudokas Yuri Alvear y Jackeline Rentería y el pesista Diego Salazar, entre otros, quienes fueron escalando en niveles.
 
Los caminos de la vida
 
El mejor marchista de la historia del país es apoyado desde 2003, y en 2009, después de quedar noveno en los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008 y quinto en el mundial en Berlín en 2009, López ingresó al nivel Altuis. Pero, ¿y qué pasó en su carrera antes de 2003? Con muy pocos recursos, su papá Luis Alfredo y su tío-entrenador en ese tiempo, Marcelino Pastrana, le costeaban el hospedaje, los buses, la alimentación. En 1995 entró al programa Futuros campeones de Pony Malta, que, además de tener un equipo deportivo de atletas de alto rendimiento como Mauricio Hadad y María Isabel Urrutia (años después ganadora de la medalla de oro olímpica), apoyaba a niños promesas menores de 16 años. “Si esa iniciativa no hubiera llegado a Pasto, no sé qué hubiera pasado con mi carrera”, confiesa López. Después, cuando terminó el programa, entró a estudiar ingeniería civil en la Universidad de Nariño, institución que le proporcionaba un dinero para el deporte, pero no era suficiente. Se rebuscaba el tiempo para estudiar, trabajar por las noches en un puesto de comida rápida en Villa Vergel, en su ciudad natal, y entrenar en los tiempos libres de los amaneceres.
 
Competió en el ámbito internacional, y, tras no clasificar al mundial juvenil de atletismo en Francia en 1998, surgió la posibilidad de ingresar a la policía. La mejor forma de seguir en el atletismo era vincularse al equipo de la policía y trasladarse a Bogotá. La policía le ofreció estabilidad laboral. En febrero de 2001 se vinculó a la Liga de Atletismo de las Fuerzas Armadas, entrenando como un deportista de alto rendimiento. “Siempre había querido estar en un equipo deportivo grande. Llegar a la capital a entrenar en escenarios tecnificados, en pistas sintéticas, con mejor implementación fue un gran empujón para mi preparación”, dice López. Según Luis Fernando, el apoyo oficial llega un poco tarde y está supeditado a los logros, porque se carece de proyectos y apuestas a futuro.
 
¡Tres veces campeona!
 
Criada en el municipio de Apartadó, en Urabá, una región que ha dado más de 150 medallistas a nivel sudamericano y centroamericano para Colombia, Caterine Ibargüen, una atleta con una potencia física tremenda y una sonrisa encantadora, le regaló al país la segunda presea mundialista en su historia. No es poco. Como no fue poco el sacrificio que hizo esta mujer, descubierta por Wilder Zapata en 1997 en el colegio San Francisco de Asís. “En ese entonces se veía la proyección como deportista de talla internacional. Había que pulir ese talento”, dice Zapata. En sus años de iniciación, en la medida en que las finanzas lo permitieron, fue apoyada por el Instituto municipal de deporte, y recibió un gran respaldo de la Fundación Corbanacol.
 
En Apartadó vivió hasta mediados de 2003, cuando empezó a figuró entre las mejores en las competencias juveniles. Ahí viajó a Medellín a entrenar con a la Liga de Atletismo de Antioquia y a vivir en la villa olímpica que tienen para los deportistas apoyados. Sin embargo los inicios no fueron fáciles: Caterine vivió sumida, así como todo su pueblo, en la intranquilidad que generaba la situación de violencia en la región. Así y todo, estudiaba por las mañana y entrenaba por las tardes en la única pista de carbonilla que hay en todo Urabá, situada en el municipio de Apartadó, con alrededor de 600.000 habitantes y 350 son niños que practican atletismo. “Si se invierte y se presta más atención a esa zona, rápidamente podremos tener frutos importantes a nivel deportivo,”, dice Jamer Ochoa, entrenador de atletismo de Indeportes Antioquia y de la escuela municipal Las Gacelas del Golfo de Urabá, que cuenta con 230 niños inscritos de entre 10 y 17 años.
 
Hoy Caterine estudia enfermería becada en una Universidad en Puerto Rico, además de recibir el auxilio de Indeportes y de Coldeportes por sus logros. Históricamente varios atletas colombianos han emigrado hacia otros países que, contrario a Colombia, tienen universidades con currículums para deportistas de alto rendimiento.
 
Gestión y educación
 
Actualmente 36 muchachos atletas colombianos están dentro del programa Deportista Apoyado de Coldeportes. Cabe aclarar que ningún deportista del programa recibe una contraprestación de servicios laborales. También pueden beneficiarse aquellos de categorías menores, amén de que hayan logrado o medalla de oro en suramericano o centroamericano y del caribe; plata o bronce en panamericano juvenil y mundial juvenil en deportes no convocados en el programa de ciclo olímpico; o clasificación hasta el octavo lugar en Campeonato Mundial Juvenil en deportes del Programa de los Juegos Olímpicos, requisitos para el nivel más bajo de los cinco.
 
Claro que sirven los programas para incentivar el mérito. Según anunciaron las autoridades deportivas hace unas semanas, próximamente se iniciará el programa Supérate, destinado a la detección de talentos del semillero. ¿Podremos saber más sobre Supérate, que tendrá una inversión de 70.000 millones de pesos? Está claro que es inviable apoyar con auxilios monetarios a los miles de niños que hacen parte de los juegos intercolegiados, por ejemplo. Lo que sí se puede es reservar estímulos hacia las bases de la pirámide deportiva, hacia las escuelas de iniciación y formación. Ese sería un trabajo concienzudo, a largo plazo.
 
** Medalla al mérito para la Selección Colombia de Patinaje de carreras, que logró un título más (tiene 19) en la historia de los mundiales en Yeosu, Corea del Sur, y revalidó el campeonato logrado el año pasado en Guarne, Antioquia. Bien por el trabajo con el equipo juvenil y élite de la federación y los patrocinadores. Sin embargo, aunque algunas ligas e institutos de deportes han trabajado con las uñas para masificar su práctica, el rol de los padres es fundamental, pues son ellos quienes pagan las escuelas o subvencionan el transporte o pagan las ruedas de los patines de sus hijos, futuros campeones. Ampliaremos.
 
Twitter: @pablodenarvaez7
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