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Opinión

  • | 2011/02/26 00:00

    'El complot'

    El hecho de que Ballesteros haya sido un hombre con muy buenas relaciones en la Fiscalía de Mario Iguarán no se puede minimizar.

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El día en que Ramón Ballesteros fue sorprendido in fraganti sobornando al exparamilitar David Hernández en el aeropuerto de Dulles, en Texas, el sobornado hizo una denuncia que pasó de agache. En medio del revuelo causado por el video en el que se veía al abogado Ballesteros cual consiglieri de la mafia dando instrucciones al exparamilitar para exculpar al exsenador Luis Alberto Gil y enredar al magistrado auxiliar de la CSJ Iván Velásquez, nadie reparó en esa denuncia.

Hernández denunció ante la Corte Suprema la existencia de un "complot" orquestado desde la cárcel por Ernesto Báez, y Julián Bolívar y varios políticos presos -dio incluso los nombres de los exsenadores Luis Alberto Gil, de Ciro Ramírez y del exrepresentante Luis Alfonso Riaño-, cuyo propósito sería el de "acabar con los procesos de la parapolítica y lograr la salida de la cárcel" de los políticos implicados.

Si esta denuncia es cierta, la Fiscalía no se puede quedar con los brazos cruzados. Si hay dos desmovilizados de Justicia y Paz, Ernesto Báez y Julián Bolívar delinquiendo tras las rejas y amedrentando a testigos -en el video del soborno, Ramón Ballesteros le dice a Hernández que si no hace la tarea, Julián Bolívar puede matar a su familia-, lo primero que tendría que hacer la Fiscalía es abrir una investigación en contra de estos dos jefes del extinto Bloque Central Bolívar. Y si se llega a confirmar que lo que dice Hernández es verdad, la Fiscalía tendría que pedir la inmediata exclusión de Justicia y Paz de ellos dos. Además de todos los precarios resultados que en materia de verdad y de reparación nos ha dejado este proceso de paz con los narcoparamilitares, solo faltaría que los que están en Justicia y Paz pudieran darse el lujo de utilizar los beneficios que les otorga la ley no para reparar a las víctimas, sino para delinquir desde la cárcel.

En cuanto a los alcances de la denuncia que hace Hernández en el sentido de que hay un complot para acabar con la parapolítica, habría que preguntarle al abogado Ballesteros si acaso él es único que se dedicaba a buscar testimonios para manipularlos a favor de los parapolíticos presos. La posibilidad de que haya otros Ballesteros tan prestantes como él haciendo lo mismo no es para nada descabellada. La mafia que contrató a Ballesteros no parece ser de poca monta. Logró encontrar a Hernández en Washington a pesar de que era un testigo protegido de la DEA y se dio las mañas de enviar hasta allá a un costoso abogado como Ballesteros a sobornarlo y a imponerle bajo amenaza el libreto que tenía que recitar para exculpar al exsenador Gil.
 
En este escenario, el hecho de que Ballesteros haya sido un hombre con muy buenas relaciones en la Fiscalía de Mario Iguarán tampoco se puede minimizar. Su esposa fue nombrada por el actual embajador en Egipto en la oficina de Control Interno, un cargo de alta visibilidad y poder dentro de la Fiscalía. La vinculación de un abogado al servicio de una mafia que pretende frenar la parapolítica, como Ballesteros, con el círculo privado que rodeó a Iguarán en la Fiscalía no tendría mayores implicaciones de no ser porque los procesos de la parapolítica caminaron a paso de tortuga mientras él estuvo al frente de esa entidad. Muchos políticos investigados por la Corte renunciaron a su fuero y decidieron irse a la Fiscalía de Iguarán, pensando, vaya uno a saber por qué, que allá les darían el trato que ellos se merecían. Durante su gestión, la Corte Suprema se quejó por lo menos cinco veces por la lentitud de estos procesos y por el hecho de que muchos otros no habían sido iniciados a pesar de que la Corte había compulsado las pruebas. Solo cuando la Corte retomó los casos, los procesos de la parapolítica volvieron a reactivarse.

Lo único que faltaría es que salga a relucir en las versiones que está dando 'el Tuso' Sierra en Estados Unidos que las relaciones con los paramilitares, dada su condición de viceministro en el proceso de concepción de Justicia y Paz, fueron más allá de lo que hasta ahora se conoce. Si eso sucede, de seguro, Iguarán va a tener más complicaciones que las que tuvo en Egipto.
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