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Opinión

  • | 2003/08/31 00:00

    El Congreso admirable

    Admirables senadores, tranquilos; aun si aceptáramos que la homosexualidad es una enfermedad, no es contagiosa

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La humana estupidez se reproduce y florece adoptando formas constantemente renovadas", dice Paul Tabori en su magnífica Historia de la estupidez humana. La estupidez asume muchas veces forma de prejuicio, o proviene del temor, o es ahondada por la ignorancia. No es que todos los ignorantes sean estúpidos (todos hemos conocido iletrados de una inteligencia pasmosa) ni que todos los estúpidos sean ignorantes (hay montones de tontos cargados de datos), sino que como muchos estúpidos son incapaces de aprender, no es infrecuente que los estúpidos se queden en la ignorancia. Según el Ministro del Interior, el Congreso de la República de Colombia es admirable. Sí, admirablemente estúpido, y pecó esta semana de tres tipos de estupidez: la del prejuicio, la del temor y la de la ignorancia.

No quiero ser injusto: hablar del Congreso de la República y ponerle un adjetivo (estúpido o admirable) a todo un grupo es inequitativo, pues hay allí unas mayorías estúpidas, en efecto, y también uno que otro senador culto, inteligente y minoritario (como Carlos Gaviria). Diré más bien que pocas veces he oído argumentos tan estúpidos como los que llevaron a la mayoría del Congreso no a rebatir, porque fueron incapaces de rebatirlo, sino a archivar el proyecto de ley sobre los derechos de las parejas del mismo sexo. Quizá no todos los senadores que votaron en contra de este proyecto sean estúpidos e ignorantes, pero al menos hicieron todo lo posible por parecerlo.

Veamos la primera forma de la estupidez argumentativa de los congresistas, la del prejuicio. En este caso asumió la forma de prejuicio religioso. Como en el libro del Génesis se dice que los hombres de Sodoma querían copular con unos ángeles del Señor, y que como castigo Dios hizo que lloviera "del cielo azufre y fuego y arrasó esa ciudad con todos sus habitantes y todos los campos confinantes", de ahí algunos católicos concluyen que la homosexualidad es una depravación. Ningún congresista propuso (a imitación del libro del Génesis) que se llevara a los homosexuales a la hoguera (como se hizo en el medioevo y tal como Hitler repitió) pero sí dijeron barbaridades como las siguientes:

Manuel Ramiro Velásquez: "El Congreso no puede atentar contra las leyes naturales inspiradas por el Creador". Jesús Puello: ''Es un proyecto que contraría las leyes de la procreación y es contrario a las leyes divinas". Luis Elmer Arenas: ''Personalmente, no puedo legislar aquí para que la procreación no se dé.

Es curioso que si la heterosexualidad es una "ley natural inspirada por el Creador" haya una constante en todas las culturas: en cualquiera de ellas hay individuos que sienten atracción por personas de su mismo sexo. Es natural que haya un porcentaje de homosexualidad. Como lo natural puede ser agradable (la miel) o terrible (un terremoto), se podría discutir si la homosexualidad es buena o mala (para mí es indiferente), pero no puede ser antinatural lo que en todas las culturas se da naturalmente. Afirmar esto es como decir que los zurdos, por el hecho de ser una minoría, sufren de una tara contra-natura. El antiguo prejuicio religioso contra la homosexualidad está quedando atrás en las sociedades más educadas y algún día será un recuerdo abominable, como la esclavitud. Los cristianos de la Iglesia Anglicana acaban de nombrar obispo a un sacerdote homosexual que vive con su pareja.

Veamos ahora la estupidez inspirada en los senadores por el temor. Manuel Ramiro Velásquez: el proyecto debe archivarse "para no contaminar el entorno social". Carlos Holguín Sardi: "La argumentación es absurda: como los delincuentes son minoría, legislemos para los delincuentes". José Alvaro Sánchez: "Estamos legislando para algo anormal que no se enmarca en la condición humana". Los homosexuales quedan por fuera de la condición humana, se equiparan a los delincuentes, y son como apestados que pueden contaminar el entorno social. Admirables senadores, tranquilos; aun si aceptáramos que la homosexualidad es una enfermedad (lo cual es ridículo, pero en fin), pueden estar tranquilos: no es contagiosa. Si les conceden derechos patrimoniales a las personas que prefieren parejas del mismo sexo, no por esto ningún heterosexual se va a volver homosexual.

Vengamos al último tipo de estupidez, la generada por ignorancia. Muy destacado en esto estuvo Luis Emilio Sierra: "Eso me acuerda... de un libro que recuerdo de manera muy aguda de Juan Jacobo Rousseau, 'El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado', donde decía...". Claro que el mayor representante de esta forma de estupidez fue sin duda el gran aliado del gobierno en el Congreso, el gran nostálgico de la falange, senador Enrique Gómez Hurtado, caudillo de los conservadores (y falsos liberales) por la gracia de Dios: ''En la condición del ser humano, la naturaleza básica es bisexual, porque el objetivo del sexo es la reproducción". Los comentarios sobran.
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