Martes, 6 de diciembre de 2016

| 1999/07/26 00:00

EL CONTRABANDO

EL CONTRABANDO

Permítanme que me ponga solemne. Voy a hablar aquí desde la autoridad moral que me da el
hecho de ser prácticamente el único colombiano que no compra Marlboro de contrabando en los semáforos.
Sólo fumo cigarrillos Pielroja, de la Colombiana de Tabacos. Y a juzgar por las crecientes aulagas que
atraviesa esta empresa, y por la creciente dificultad paraencontrar Pielroja no sólo en los semáforos, sino
hasta en las droguerías que velan por nuestra salud, calculo que debo de ser su único cliente. Señores: les
habla el último colombiano que no compra contrabando.La doctora Fanny Kertzman, directora de Aduanas,
declaró hace unos días ante una comisión del Senado de Estados Unidos que en el Congreso de
Colombia hay senadores y representantes financiados por los contrabandistas. Se armó la grande. Los
congresistas de los departamentos fronterizos protestaron: por lo visto no se habían dado cuenta de lo
que estaba ocurriendo en sus regiones desde... digamos que desde que el conquistador Rodrigo de
Bastidas entró por Santa Marta, y el conquistador Sebastián de Belalcázar subió desde el Perú. El
presidente del Congreso, Fabio Valencia Cossio, rechazó indignado la denuncia. Lo cual me hace pensar que
no es un hombre que "sabe exactamente cómo funciona el país", como afirmaba en esta revista hace unos
días la columnista María Isabel Rueda. Si un experimentado político profesional niega que existan políticos
que reciben dinero de los contrabandistas (o de los narcos: por lo visto todo el proceso 8.000 es una
invención malintencionada de los fiscales), es porque no sabe nada de nada. O, quizás, todo de todo. Pero
en ninguno de los dos casos su indignación merece respeto. Y otros políticos más que también protestan, los
del centro del país ¿es que nunca se habían dado cuenta de que existían los Sanandresitos? (o incluso
los semáforos?).Porque no están tan lejos los días en que el ex presidente Ernesto Samper cimentaba su
poderío local de concejal bogotano con el apoyo de los comerciantes de artículos de contrabando de los
Sanandresitos. Y no fue él el primero. Ya doña Berta Hernández, viuda del ex presidente Mariano Ospina ,
hacía lo mismo. Y mucho más atrás, don Florentino González, en los albores de la República. Y antes aún, el
heroico defensor de Cartagena contra los ingleses, don Blas de Lezo, en tiempos de la Colonia: lo
juzgaron por eso. Y antes, como ya dije, Rodrigo de Bastidas. Y aún antes, Cristóbal Colón. Sí, también
Colón fue en su momento contrabandista, aunque no de electrodomésticos, sino de perlas y de esclavos. Y
también a él lo juzgaron por eso. No sé muy bien cómo funcionaba el contrabando de sal entre los chibchas, o
el de oro entre los quimbayas: pero desde que existe historia escrita, los colombianos, congresistas o no, han
sido contrabandistas.Pero eso era antes, claro. Amenazada por la jauría de los políticos, la doctora Fanny
Kertzman matiza sus declaraciones y dice que ahora ya no es así, y que ella se estaba refiriendo al 'Hombre
Marlboro' de la anterior legislatura, cuando no gobernaban el país el doctor Andrés Pastrana y sus
parlamentarios de la 'Alianza para el cambio'. Es curioso: la doctora Kertzman detectaba a los
contrabandistas cuando era una ciudadana particular. Ahora que es jefa de Aduanas le pasan por las
narices.Su ceguera no es sólo histórica: es también geográfica. Parece no darse cuenta de que el contrabando
es siempre, necesariamente, cosa de dos, como el adulterio: el que importa (los colombianos) y el que
exporta (los norteamericanos). Supo de la existencia del 'Hombre Marlboro', pero nunca se enteró de que la
Marlboro producía cigarrillos para la exportación ilegal, de contrabando, empacándolos en cajetillas
especialmente fabricadas sin siquiera las obligatorias advertencias sanitarias contra el cáncer, que son las
que se venden en los semáforos de las esquinas de Colombia. Y, declarando ante el Senado de Estados
Unidos, no se le ocurrió comentar que a lo mejor alguno de los senadores que la habían llamado a declarar
había hecho su campaña con financiación de las tabacaleras norteamericanas que exportan tabaco de
contrabando. Aunque algo debió decir en privado. Porque leí en los periódicos que en sus reuniones de
Washington las autoridades de los dos países llegaron a la conclusión de que tal vez algunas grandes
empresas norteamericanas "pueden haber participado sin saberlo" en el monumental negocio del lavado de
dólares del narcotráfico a través del contrabando. ¿Sin saberlo? Doctora Kertzman, señores senadores de
Estados Unidos: no sean hipócritas.Y señores congresistas colombianos: no acusen a la doctora Kertzman
por decir lo que sabe, que ustedes saben también. Sino por no decir todo lo que sabe _o debería saber,
dado su cargo_.Pero es que, claro, el problema está en el cargo. El de director de Aduanas, que en Colombia
no debería existir. O en el cual, por lo menos, no debería ser nombrado alguien que, como la doctora
Kertzman, cree ingenuamente que el contrabando es un delito.

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