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Opinión

  • | 2012/09/22 00:00

    El crimen de las 'cabezas mochas'

    De los nuevos verdugos de Montería se sabe poco. Forman parte de ese grupo tenebroso, los Urabeños cuyos lugartenientes son tan desconocidos como siniestros.

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Hace una semana, una noticia sorprendió a los habitantes de la capital de Córdoba: en unas bolsas de basura fueron encontradas dos cabezas sin sus cuerpos. Las 'cabezas mochas', como se empezó a conocer desde entonces ese caso, pertenecían aparentemente a dos muchachos que habían sido vistos momentos antes con vida. Los cuerpos aún no han sido hallados y hasta el momento solo una de las familias de los descabezados ha confirmado que esa cabeza que fue encontrada en la basura es la de su hijo.

Este crimen tan horrendo y macabro que debió ser noticia nacional no pasó de ser una mención sin importancia en las emisoras nacionales. "Si hubieran sido estudiantes de Los Andes a lo mejor ya estaría en las primeras páginas de los diarios nacionales", me dijo una estudiante valiente y una de las pocas voces que se atrevió a decirlo enfrente de una gran multitud. Los demás, prefirieron no darme sus nombres. Hay temor de hablar de lo que nadie quiere hablar en Montería.

A pesar de esos silencios tan pesados con que me tropecé, todas las personas con las que hablé concordaban que lo que se está viviendo en Montería es peor que lo que se vivió en la época de Mancuso. Los asesinatos han vuelto, la intimidación y los robos también e infortunadamente con toda esa parafernalia de la muerte también han vuelto los descabezados.  "Por lo menos en esa época si aparecían descabezados sabíamos quiénes habían sido los verdugos", me dijo una persona que no se quiso identificar. "Incluso como se les conocía cuando alguien sabía que lo iban a matar, se podía ir a abogar ante ellos y en ocasiones eso impidió que muchos les levantaran el contrato y se les salvara la vida", aseveró. Otra voz me dio la puntada final al decirme que "ahora los verdugos son anónimos, nombres que nadie distingue ni conoce y pueden matar más fácilmente porque saben que están cubiertos por la impunidad", me afirmó.

De los nuevos verdugos de Montería se sabe poco. Forman parte de ese grupo tenebroso, los  Urabeños cuyos lugartenientes son tan desconocidos como siniestros. Sus tácticas son iguales que las que usaban los asesinos de Mancuso pero a diferencia de los anteriores, nadie los ubica ni saben dónde viven. Y aunque su columna vertebral sigue siendo el narcotráfico, al igual que sucedía con sus antecesores, su capacidad de hacer daño y de matar parece haber crecido con el tiempo.  

Las últimas veces que los monterianos oyeron de crímenes de descabezados fue en la época de Mancuso, donde no solo se utilizaban la cabezas para jugar partidos de fútbol sino que se hicieron hornos crematorios para quemar los cuerpos que dejaba la guerra. Eran tantos que no había personal suficiente para darles cristiana sepultura y era más eficaz matarlos y luego meter sus cuerpos desmembrados en los hornos crematorios.

Hoy el crimen de los descabezados les ha vuelto a recordar a los ciudadanos de Montería que esa violencia no se ha ido de sus casas ni de sus vecindarios sino que ha reencarnado en los descendientes de Mancuso y sus secuaces. Eso mismo ha pasado en otras zonas del país donde los Urabeños han afincado su poder al lado de los Rastrojos. Los monterianos se preguntan si para que los medios se vuelvan a interesar en auscultar lo que pasa en Montería tocará esperar a que los asesinados sean ciudadanos ilustres de alguna universidad del centro de la capital. Y yo, de verdad, que he visto su desesperación y el miedo en sus ojos, no sé qué respuesta darles.
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