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Opinión

  • | 1983/03/07 00:00

    EL CRUCIAL DEBATE ELECTORAL EN ALEMANIA

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La definición electoral prevista para marzo próximo en la República Federal Alemana, despierta con sobrada razón la atención internacional. No sólo por la importancia estratégica de ese país en la paz mundial sino por las particularidades del debate mismo, cuyos resultados son aún difíciles de predecir.
Debe tenerse en cuenta que la actual coalición de gobierno, no se originó en una confrontación en las urnas. El gobierno del canciller Helmuth Schmidt cayó cuando se produjo la ruptura entre su propio partido (socialista) y sus aliados liberales, lo que llevó a un imposible voto mayoritario en el parlamento.
Vale la pena recordar los hechos. Para nadie era un secreto que el liberal Landsdorf, ministro de Economía, quería imponer recortes al presupuesto federal como medida para balancear el déficit presupuestal. Tales recortes no podían tomarse de fuente distinta a la del área de la seguridad social, de inmenso peso específico en los programas del gasto público. La medida propuesta, llevaría sin embargo, a índices mayores de desempleo, problema que hoy se considera crucial en Alemania. Contrariamente a lo que sucede en otras latitudes, la inflación alemana localizada en un 5.6% en el último año, se considera manejable para el Estado y no ocupa lugar destacado en la controversia política.
Schmidt no podía de manera alguna aceptar el agudo planteamiento de su ministro de Economía. Con un mayoritario voto obrero para su partido, el precio político que se jugaba era demasiado alto. Se dice que llegó, en busca de una salida al diferendo, a plantear en privado su aceptación a una fórmula de balance a largo plazo, la cual no obtuvo la aceptación de los liberales cuya tesis inamovible era la de realizar los recortes de inmediato. El informe posterior de Landsdorf se encargó de revelar a la opinión los detalles de la controversia.
Esta puede haber sido la manzana de la discordia que precipitó la disolución de la alianza liberal-socialista. Por lo menos, puede ser tomada como la versión oficial. Pero se comenta que en el fondo existen otras razones. En Alemania las elecciones locales que van presentándose en diferentes períodos, sumadas a las encuestas de opinión, permiten ir apreciando el curso de los acontecimientos y evaluando los cambios en la opinión.
En distritos tan importantes como Berlín y Hamburgo, se pudo notar por este sistema una disminución de los liberales hasta quedar por debajo del 5% del total electoral, lo que según la ley vigente dejaría al partido por fuera de la representación parlamentaria. Gensher, el jefe liberal, achacó esta baja de opinión al hecho de que su partido estaba perdiendo su peculiaridad como tal. En otras palabras, los electores no lo venían diferenciando claramente de los democristianos o de los socialistas, y ello resultaba ciertamente perjudicial puesto que su importancia radica en mantenerse como centro, a la izquierda de los primeros y a la derecha de los segundos. En otras palabras, se lo destina a regular los extremos. Al perder identidad, pierde votación y viceversa. Para contrarrestar la situación no tuvo salida distinta a la de sacar a relucir sus diferencias, así ello no fuera de especial consideración para con sus ocasionales aliados.
Schmidt respondió sacando a los liberales del gobierno, con lo cual perdió a la postre el poder en razón a la alianza que los excluidos le formaron de inmediato en el parlamento, llamando al señor Kohl, jefe de los democristianos, como nueva cabeza del gobierno.
Al aceptar el nuevo canciller, se vio obligado a llegar con el compromiso en la mano, de llamar a nuevas elecciones en esta primavera. La condición se la impuso el mofletudo y poderoso jerarca del ala bávara, Franz Joseph Strauss, el "rey de Baviera", quien aspira a sustituir en un nuevo gobierno a los liberales, en las posiciones que actualmente ocupan. Strauss cree que los liberales no llegarán para la fecha de elecciones al requerido 5% y que el gobierno podrá constituirse entonces únicamente por los democristianos incluyendo por supuesto, a la decisiva fracción que él maneja en el sur de Alemania.
Como en otros países de Europa, en el panorama político alemán empiezan a aparecer con cierta fuerza los ecologistas o "greens" y si eventualmente sucediera que los democristianos no alcanzaran la mayoría absoluta, (actualmente se calcula su electorado en un 46%), y los verdes sobrepasan el 5% de ley, podrían éstos últimos jugar un papel decisivo que permitiria el retorno de los socialistas al poder. Los verdes están dispuestos a exigir de cualquier forma el rompimiento de las promesas para la instalación en territorio alemán de los misiles "Pershing II" convertidos en su bandera central de lucha.
Hay pues un riesgo en estas elecciones cruciales. ¿Quién lo va a tomar en mayor grado? Indudablemente que la democracia-cristiana, que aceptó la tesis de Strauss para sacar mediante elecciones a los liberales del poder. Pero al fin y al cabo para eso es la política: para jugarse en paro cuando las circunstancias así lo demandan. Y hasta en eso son tan complicados como consecuentes los alemanes.--
Ex director de la Caja Agraria y ex director del Banco del Estado, Guillermo Alberto González es un político liberal del Cauca. Acaba de regresar de Alemania Federal y éstas son sus impresiones.
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