13 diciembre 2012

Enviar a un amigo

Email destino:

Nombre remitente:

Email remitente:

El cuerpo también habla

Por Ximena Sanz de Santamaria C.*

OPINIÓNAunque el lenguaje verbal es sin duda el vehículo de comunicación más importante entre las personas, no es el único: existe lo que comúnmente se conoce como lenguaje no verbal.

El cuerpo también habla.

En general, las personas están acostumbradas a comunicarse a través del lenguaje verbal, a través de la palabra. Cuando algo les molesta, cuando quieren expresar cariño, manifestar alguna opinión, dar un punto de vista, agradecer por alguna cosa, entre otros, lo hacen a través de las palabras. Aunqu
PUBLICIDAD
e el lenguaje verbal es sin duda el vehículo de comunicación más importante entre las personas, no es el único: existe lo que comúnmente se conoce como lenguaje no verbal.

El lenguaje no verbal es el lenguaje del cuerpo: el movimiento de las manos, las expresiones faciales, el movimiento de los ojos, de las piernas, la postura del cuerpo cuando una persona esta sentada; puede tener las piernas cruzadas o ambos pies en el piso, cruzar los brazos o dejarlos estirados, apoyarse sobre un brazo dejando el otro sobre las piernas. Lo mismo ocurre con la postura corporal cuando se está de pie: la persona puede pararse sobre una pierna más que sobre otra, cruzar los brazos, cogerse el pelo. Todo esto constituye un lenguaje que comunica tanto o más que el lenguaje verbal, por lo cual es importante conocerse y aprender a leer tanto el lenguaje verbal de otros como el de uno mismo.

Desconocer y descuidar la comunicación no verbal puede conllevar problemas de comunicación con otros. Desde hace un tiempo han llegado varios pacientes preocupados porque tienen problemas relacionales con compañeros de trabajo, amigos y familiares sin saber por qué. Y muchas de estas personas reportan también dificultades para conseguir trabajo. Todos en alguna medida coinciden en que son personas amables y generosas con unas hojas de vida impecables hablan más de dos idiomas, tienen estudios de postgrado y sus calificaciones tanto en el pregrado como en estudios de posgrado han sido excelentes. Son personas que han participado en más de un proceso de selección y les ha ido bien en las pruebas, pero ‘algo pasa’ en las entrevistas porque es ahí donde son descalificados y salen de los procesos.

“De qué me sirve tener las mejores calificaciones y la mejor hoja de vida si nadie me contrata”, me decía una joven que llegó del exterior después de haberse graduado de una maestría en una de las mejores universidades del mundo. Llevaba meses buscando trabajo y había participado en muchos procesos de selección llegando siempre a las últimas etapas en cada uno. Pero en las entrevistas, a pesar de que se sentía cómoda y a gusto en la conversación, siempre quedaba descalificada. Fue entonces cuando decidió buscar ayuda y empezó a descubrir algo que para ella era desconocido: el lenguaje no verbal.

Durante la primera cita estuvo seria, mirando con atención pero sin sonreír ni hacer ningún gesto facial en señal de comprensión, aprobación o desaprobación sobre lo que se estaba hablando. Permaneció sentada inmóvil con las dos piernas apoyadas en el piso y los brazos sobre las piernas, vestida casi toda de negro. Así transcurrió la primera cita casi hasta que el final. Cuando se estaba parando para despedirse le pregunté qué tanto sonreía en su vida diaria. Había transcurrido ya casi una hora, y por primera vez hubo una expresión facial de sorpresa y asombro ante la pregunta. “No sé, nunca me lo había preguntado. Pero tal vez no mucho”, dijo. Dos semanas después regresó y desde el saludo se puso en evidencia un pequeño cambio: una sonrisa. Comenzando la consulta me dijo: “Estas dos semanas he estado pensando mucho si sonrío o no y me he dado cuenta que no lo hago con frecuencia”.

Otro paciente llegó preocupado, no porque no tuviera trabajo, sino porque llevaba tres años en la misma compañía y decía: “Soy invisible para el mundo”. Lo que lo llevó a consultar fue que después de tres años sin tener amigos en la oficina, almorzando solo casi todos los días, por casualidad tuvo una conversación larga con un colega de trabajo. Al final de dicha conversación, este colega le dijo que había quedado gratamente sorprendido con su amabilidad, su generosidad y su buen trato, todo lo contrario a lo que pensaban sus compañeros en la oficina. Para él fue tan extraño este comentario que decidió indagar y preguntarle a su colega a qué se refería. Así fue como se enteró que las personas a su alrededor lo veían como una persona antipática, cerrada, celoso con su conocimiento y con poco interés de integrarse y conocer a otras personas. “Llevo tres años queriendo conocer gente, queriendo hacer amigos, pero evidentemente no es ese el mensaje que estoy dando”.

Para ambos pacientes fue sorprendente oír hablar del lenguaje no verbal. Ninguno era consciente de que, además de sus palabras, cada uno estaba expresando y trasmitiendo mensajes con el cuerpo, tanto con sus movimientos como con su rigidez. El segundo paciente empezó a darse cuenta que siempre caminaba con la cabeza hacia abajo, que se montaba al ascensor sin saludar y que cuando iba a almorzar, se sentaba solo en una mesa aislada del resto del grupo esperando a que alguien lo buscara para sentarse con él. La otra paciente comenzó a darse cuenta que mientras otras personas le hablaban, ella siempre estaba seria, no parpadeaba, su cuerpo estaba rígido y no hacía ningún movimiento con la cabeza en señal de estar o no de acuerdo con lo que le estaban diciendo. “Ahora entiendo que el mensaje que he dado en las entrevistas es que no me interesa el trabajo y que incluso puedo parecer arrogante”, decía ella haciendo de su lenguaje no verbal.

Fue así como cada uno, poco a poco, empezó a trabajar en ser consciente de su cuerpo. Lo primero que él hizo fue empezar a caminar con la cabeza hacia arriba para hacer contacto visual con las personas y, eventualmente, empezar a sonreír levemente. Al comienzo fue difícil porque se sentía inseguro y hasta ridículo de sonreírles a personas desconocidas; varias veces llegó diciendo que nunca iba a ser capaz de hacerlo porque no sabía cómo sonreír. Pero a fuerza de asumir el desafío, empezó a lograr una sonrisa cada vez más natural que lo fue llevando a saludar diariamente al llegar a la oficina y eventualmente, a tomar la iniciativa de sentarse a almorzar con otras personas. Aunque ha sido un proceso largo y por momentos frustrante, ha logrado construir cada vez más relaciones dentro y fuera de la oficina hasta el punto de salir los viernes después del trabajo con diferentes grupos de personas de la oficina.

En el caso de la paciente, el proceso también ha sido exigente porque para ella no es fácil ser consciente de la mímica facial. “Todavía me falta y a veces me doy cuenta que sigo con la cara muy seria. Pero cada vez soy más consciente de sonreír y parpadear mientras otros me hablan y veo el cambio que esto genera en los demás”. Aunque todavía le falta ser más sonriente, trabajar en su postura corporal para comunicarse de manera asertiva y seguir en los procesos de selección para conseguir un trabajo, ya ha ido viendo el resultado del cambio. Sus amigos le repiten con frecuencia que la ven más alegre, más contenta y menos tensa, y ya ha pasado más de una entrevista en un proceso.

Aunque las palabras sin duda son importantes, muchas veces es más lo que se dice y se comunica a través del lenguaje no verbal. Por tal motivo, es indispensable saber escuchar el cuerpo, pues si no sabemos leer y comprender las señales propias, es imposible comprender y lograr una comunicación efectiva con los demás. Cada circunstancia o situación puede ser una puerta de entrada a la conciencia y a mayor conciencia, mayores posibilidades de desarrollo y avance personal.

*Psicóloga – Psicoterapeuta Estratégica
ximena@breveterapia.com
www.breveterapia.com  
PUBLICIDAD
Horóscopo
Semana en Facebook
Publicidad