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Opinión

  • | 2003/09/29 00:00

    El demócrata

    La democracia real es la representativa, y demócrata real es quien trabaja para engrandecer al Congreso, no para achicarlo

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En la Constituyente votamos por candidatos sin saber qué cosas iban a aprobar. En el referendo votaremos por ideas concretas sobre las cuales cada ciudadano debe reflexionar".

El argumento del presidente Uribe esta semana suena perfectamente irrebatible: la democracia directa es mejor que la indirecta, la consulta popular es más confiable que el Congreso, la vieja democracia de representación debe ceder ante la nueva democracia de participación.

Es más: la democracia directa debe usarse para arreglar los males de la indirecta o, como dijo también el Presidente, para "aprobar las cosas que el Congreso nunca quiso pasar". Por eso el referendo contra la politiquería y la corrupción consiste en que el pueblo castigue a las personas que el mismo pueblo elige para que lo representen.

Veamos. El artículo 1 prohíbe la elección de los corruptos, el 2 manda que su voto sea público, el 3 los deja sin suplencias, el 4 les enreda los auxilios, el 5 les quita la administración del Congreso, el 6 achica la Cámara y el Senado, el 7 añade causas para destituirlos, el 8 pone tope a sus pensiones, el 9 les quita las contralorías, el 10 les prohíbe los auxilios, el 11 y el 12 les impiden meter mano a ciertos fondos, el 13 congela el salario de sus ahijados, el 14 les complica la creación de partidos y el 15 dice que estas reformas regirán desde ya.

Claro está que si a uno le da por mirar las preguntas, lo más seguro es que acabe confundido. Por ejemplo el artículo que frena los auxilios en realidad multiplica los auxilios. El que hace más fácil destituir a un congresista en realidad lo hace más difícil. El que limita la creación de partidos en realidad aumenta el número de listas, o el que impide la elección de unos corruptos facilita la elección de otros corruptos. Y es porque el texto que según Uribe puede entender cualquier ciudadano consta de parrafitos como éste:

"Para la asignación de curules sólo se tendrán en cuenta las listas que obtengan, al menos, el 50% del respectivo cuociente electoral. Para la asignación de curules, entre las listas que superen este umbral, se aplicará el sistema de cifra repartidora, tomando como base para el cálculo sólo el total de los votos válidos emitidos para estas listas. Si ninguna superare dicho umbral, se asignarán todas las curules por el sistema de cifra repartidora".

Lo cual nos pone de cara a la primera de tres grandes falacias que oculta el argumento del señor Presidente: la ignorancia simple y llana que tenemos la inmensa mayoría de los ciudadanos sobre la inmensa mayoría de las cuestiones públicas.

Esta ignorancia no se debe sólo -aunque también se debe- a que el 14 por ciento de los adultos sean analfabetos y el 99 por ciento no lea nunca un libro. Se debe a una razón más poderosa que los teóricos a quienes desdeña Uribe llaman "principio de ignorancia racional": sencillamente no tiene sentido que un ciudadano gaste días y noches estudiando las regalías o los enredos del régimen electoral, cuando su voto es uno entre varios millones.

Es racional entonces que la gran mayoría de la gente ignore los verdaderos y complejos alcances de cosas como la cifra repartidora, la proporcionalidad en la pérdida de investidura o el voto nominal. Por eso en todas partes existen los políticos de oficio, personas dedicadas a manejar los asuntos públicos en representación de la ciudadanía. Por eso la democracia real es democracia representativa, y demócrata real es quien trabaja por engrandecer el Congreso, no por achicarlo.

La segunda falacia del argumento Uribe es ignorar que una buena decisión supone deliberar, captar matices y transar, no apenas tabular las respuestas esquemáticas de millones de votantes. Por eso la democracia es tan amiga del Congreso y los debates como poco amiga del gobierno por encuestas.

La tercera falacia está en que la sociedad no consta de ciudadanos atomizados, sino de grupos con intereses encontrados. La "voluntad general" surge del diálogo orgánico entre esos grupos, no de la agregación mecánica entre individuos. Por eso la democracia depende tanto de tener partidos y tener bancadas.

Bien está pues que Uribe defienda su referendo, pero mal está que no lo defienda por lo que es: un voto ciego de apoyo al caudillo, no una respuesta meditada a 15 preguntas de alto turmequé.
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