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Opinión

  • | 2011/08/23 00:00

    El deporte disfrazado

    Días antes del inicio del mundial, el fútbol profesional colombiano tocó fondo tras una crisis histórica. Así nació la Ley del Deporte sancionada por el presidente Juan Manuel Santos. Pero, si el espíritu de la norma es el fútbol y el deporte profesional, ¿por qué ése nombre?

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“Usted es el presidente que más ha trabajado por el deporte en Colombia”, dijo Jairo Clopatofsky, director de Coldeportes, en una de sus intervenciones en los Acuerdos para la Prosperidad del Deporte, Recreación, Actividad física y Educación física, realizado el sábado pasado en el Centro de Alto Rendimiento en Bogotá. Las charlas se centraron en la financiación e infraestructura deportiva, el deporte de alto rendimiento y el deporte social comunitario. Vaya si se abonan las ganas de las autoridades de colaborar en el crecimiento del deporte nacional, de abrir mesas de diálogo y debatir. Ah, permítanme hacer una precisión para las respetadas autoridades expositoras. Llamarle a los Juegos Olímpicos “Olimpiadas” no es acertado. Una olimpiada es lo que sucede entre una competencia y la otra, son los 4 años que van desde el final de un Juego Olímpico hasta el inicio del siguiente. No es la primera vez que escucho ese error, así que ¡teléfono para los asesores!

Ese mismo sábado por la noche se jugó la final de la Copa del Mundo sub 20. Brasil le ganó a Portugal 3 a 2 en tiempo extra y consiguió su quinto título de la categoría. Un torneo organizado de manera excelente, que contó con el comportamiento ejemplar de un público entregado y apasionado. Aunque el organizador desembolsó una cantidad de recursos millonaria- y la reinversión monetaria es casi nula- la herencia que podría dejar es valiosa por su inmaterialidad. Fue la prueba de que se pueden organizar espectáculos de alto calibre; el ensayo y el acierto de la buena conducta. Además merece ser ponderada la lealtad y el espíritu deportivo de muchas selecciones que, al contrario de la tendencia que impera en la actualidad, honraron los valores.

Se acabó el mundial y volvemos a la rutina. Pese a que la euforia de la competencia pudo haber tapado los problemas internos que vive el futbol profesional en Colombia, su final nos permite retomar ciertos temas. No olvidemos que unos meses antes de su inicio el balompié nacional tocó fondo, después de años en los que la bola de nieve fue creciendo sin control. Los clubes profesionales, sin plata dentro de sus bolsillos rotos- así se han convertido sus arcas-, entraron en una crisis tan macha que tuvo que intervenir el Gobierno central. Y siguiendo la traición que reza que la legislación en estas tierras suele llegar después de ocurridos los hechos, porque no hay planificación en prevención, nació la Ley del Deporte, sancionada por el presidente Juan Manuel Santos el 12 de mayo pasado. “Hoy estamos haciendo realidad la necesaria y justa democratización del deporte“, declaró el mandatario en la ceremonia donde presentó la flamante norma.

La ley, a trazo grueso, regula la organización asociativa en el deporte profesional colombiano, protege los derechos laborales de los deportistas profesionales, controla el ingreso de dineros sucios obligando a los clubes con deportistas profesionales a remitir a la Unidad de Información y análisis Financiero los reportes de operaciones y transferencias, brinda la opción (no es la garantía del éxito, si no miremos lo que está pasando en el fútbol español) de que los clubes con deportistas profesionales se organicen, o como corporaciones o asociaciones deportivas o como sociedades anónimas de las previstas en el Código de Comercio; obliga a que ninguna persona natural o jurídica tenga el control en más de un club del mismo deporte, directamente o por interpuesta persona: suspende el reconocimiento deportivo de los clubes con deportistas profesionales que dejen de participar en forma interrumpida durante la totalidad de un campeonato oficial, o aquellos que incumplan con el pago de obligaciones laborales, seguridad social, pagos parafiscales u obligaciones impositivas por un periodo superior a 60 días hasta que demuestre el pago de las obligaciones; castiga la violencia y a los vándalos por daños en infraestructura deportiva, entre otras disposiciones.

Entre interrogantes

¡Buena por esa ley! Pero muchos se preguntan, si el espíritu de la norma es el fútbol y el deporte profesional, ¿por qué llamarla ley del deporte? ¿Por qué no llamarla ley del deporte rentado? ¿Dónde está cobijado el deporte aficionado o formativo?
En Colombia la última ley del deporte data de 1995. Es la ley 181, que le dio el marco y que abarcó las distintas ramas de la actividad física, el deporte, la recreación, la educación física y el uso del tiempo libre. Ahora, si los diferencia claramente y los engloba dentro de la actividad física, esa es otra historia. En medio de la cronología, decretos reglamentarios, leyes importantes y aisladas, pero nada articulado e integral.
¿Será que ha habido la suficiente voluntad de meterle mano al deporte, allá, en sus raíces más profundas? ¿Será, por el contrario, que sí ha habido voluntad pero ha faltado gente lo suficientemente capacitada y conocedora como liderar esa revolución? Y ya que estamos con la preguntadera, ¿por qué el cargo de director de Coldeportes no ha logrado adquirir peso propio, por qué la percepción es que no se le otorga el valor que merece?

La construcción de nuevos y modernos escenarios deportivos, el lanzamiento del programa ‘Supérate’ que empezará en 2012 y será destinado al desarrollo del deporte en la provincias y los municipios para forjar a los nuevos atletas mediante la creación de escuelas de formación y festivales escolares; la posibilidad de debatir sobre la problemática en el sector de educación física que atraviesa Colombia y la sobredemanda de docentes, fueron algunas de las conclusiones y decisiones de los Acuerdos para la prosperidad. Sobre tema de educación física, la solución no es que el Sena empiece a capacitarlos, como se propuso, pues hoy existen en el país 56 instituciones de educación superior para profesionales en educación física, deporte y recreación, con 102 programas de formación integral. Según Esnel González, director de la Escuela Nacional del Deporte, primero se tendrían que advertir las cifras reales de egresados del sector, para después, “ubicarlos en la educación primaria, esa sería una gran solución, pero como hoy en día la planta de docentes del sector educativo público no contempla que hayan profesionales en educación física dictando esa clase…”

Otro tema es el de la infraestructura deportiva. A lo largo y ancho del país, actualmente hay 54.780 escenarios para ese fin, de los cuales el 82 por ciento se encuentra en mal estado. Quizás en vez de construir habría que recuperar a aquellos del abandono. Por ejemplo, ¿qué hacer (¿y qué pasó?) con los escenarios que se construyeron en San Andrés para los XVIII Juegos Nacionales de 2008, algunos carcomidos por la sal del mar?

“El deporte durante muchos años ha estado adscrito en diferentes ministerios, como si los Gobiernos no supieran que hacer con él”. Eso le dijo Jairo Clopatofsky en los acuerdos a los miembros del Sistema Nacional del Deporte, un sistema integrado, entre otros, por las 57 federaciones que hay en Colombia. Sin embargo no más de diez presidentes de esas federaciones (no tienen la obligación de ir porque su trabajo es voluntario) asistieron a las reuniones, en las que también participaron la ministra de educación, la ministra de cultura (de allí depende Coldeportes); el gobernador de Cundinamarca y los presidentes del Comité Olímpico Colombiano y del Comité Paralímpico Colombiano. ¿Y la representante del Instituto Distrital para la Recreación y el Deporte (Idrd), Ana Durme Camacho? La señora Camacho no fue, al parecer, porque el teléfono está roto entre ella y Clopatofsky, es decir, entre Coldeportes y el Idrd. ¿Será, pues, que esa falta de unión es una de las respuestas para tantas preguntas? ¿Estaremos tirando para el mismo lado, trabajando de manera mancomunada y a largo plazo?

**Medalla de papel para el proyecto de infraestructura El Quimbo, realizado por la empresa Emgesa, que consta de la construcción de una represa con aguas del río Magdalena de alrededor de 8.000 hectáreas en un territorio que abarca seis municipios. El curso de la arteria fluvial más importante de Colombia será interrumpido, y su cauce, desviado por medio de un túnel que lo conectará nuevamente con la parte de la cual fue separado. Estoy con los congresistas huilenses que hace unos días se opusieron y denunciaron varias anomalías, entre ellas el aumento de la sedimentación del río Magdalena, la contaminación por residuos tóxicos en las fuentes hídricas cercanas y la construcción de vías sin autorización ambiental, en un debate nacional a dicho proyecto, ubicado en el sector conocido como El Quimbo, considerado Reserva Forestal Protectora de la Amazonia. Según expertos, los impactos sociales son drásticos y los medioambientales irreversibles. Interrumpir así el río afecta los ecosistemas vecinos y atenta contra las formas de reproducción de los peces y las especies de agua, eslabón clave en la cadena alimentaria. Qué queremos: más energía por agua, o preservar el agua para conservar la vida.

Twitter: @pablodenarvaez7

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