Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2007/06/02 00:00

El derecho a equivocarse

EN ESTE CAOS, CON ESTE GOBIERNO QUE NOS DEPARA CADA SEMANA UNA SORPRESA, NO CONSIGO ENTENDER LO QUE PASA

El derecho a equivocarse

"Quien no escribe, no hace el ridículo", dijo Goethe. Por los comentarios de lectores y amigos, por lo que escribieron otros comentaristas, por mis propias dudas que nunca han sido tan profundas, creo que me equivoqué en lo que escribí la semana pasada, y creo que me voy a equivocar también en esta. Hay quienes leen para encontrar la verdad. Yo escribo para buscarla, pero me temo que casi nunca la he encontrado. En esa búsqueda no hago otra cosa que equivocarme. Todos los que escribimos estamos expuestos, siempre, a equivocarnos, e incluso a que manipulen nuestra equivocación. Y yo me equivoqué al no saber explicar por qué estoy de acuerdo en que el Presidente libere presos, ya sean guerrilleros o para-políticos.

Ahora lo explico (y al explicarlo seguro que me vuelvo a equivocar). En general, al menos desde que leí Resurrección de Tolstói, las cárceles me repugnan. Me parece que encerrar a otros seres humanos es un delito. Sé que es casi un suicidio defender esta posición contra todas las cárceles. No es sensata y difícilmente se podría aplicar. ¿Qué hacer con un asesino? Acepto que se lo segregue de la sociedad por un tiempo, pero ¿dónde y hasta cuándo? Ni en una cárcel ni hasta una fecha abstracta, sino hasta que haya una seguridad sensata de que no volverá a cometer un crimen así. ¿Qué hacer con un paramilitar que ha pasado a mil por la motosierra, o con un guerrillero que ha secuestrado a mil inocentes? Más que en una cárcel a mí me parecería más correcto internarlos en un manicomio.

Hay otra cosa que reconozco, y que varios lectores me han repetido: sé más de literatura que de derecho penal. Precisamente por eso nunca he trabajado en el Legislativo ni en el Ejecutivo ni en el Judicial; precisamente por eso escribo y no soy juez ni político. Mi oficio consiste en escoger ideas y expresarlas con palabras, no en hacer leyes ni en aplicarlas. Y más en sembrar dudas que en predicar certezas.

No quiero tener, como ya tiene la mayoría de la gente, una posición tomada de antemano: si habla Uribe estaré de acuerdo (o en desacuerdo), y si habla Petro lo contrario. No quiero ser arrastrado por la historia, por este espíritu de los tiempos colombianos en el que se supone que no hay más opción que ser fascista o mamerto. Escribe Adam Zagajewski: "prefiero enloquecer que ser histórico, prefiero hacer el ridículo que caer en la vulgaridad, prefiero no saber nada que comprenderlo todo". Aquí la mayoría ya lo comprende todo de antemano, porque tiene un partido tomado, y punto.

Ser escritor consiste, entre otras cosas, en intentar ponerse -siempre- en los pantalones del otro, para tratar de entender. Cuando uno trata de no sumarse al fanatismo que hay en el ambiente, hay muchos fanatizados que lo ven como un tibio repugnante. Y es cierto que el riesgo de parecerlo es constante cuando uno busca ceder y encontrar posiciones intermedias. Hay asuntos en los que las transacciones son imposibles. Como dice el filósofo Richard Dawkins, ateos y creyentes no se pueden poner de acuerdo postulando un semidiós. Sin embargo, hay muchos otros casos en que la única solución consiste en ceder. Y no veo cómo podemos llegar a la solución de muchos problemas colombianos, si no es cediendo.

Uribe fue elegido y reelegido porque la mayoría de los votantes colombianos pensaron que la solución para el país era la mano dura. Yo, tal vez enfermo de optimismo, no estoy de acuerdo con ellos. De repente Uribe resuelve cambiar la mano dura por las cárceles abiertas. Como el que lo hace es Uribe, sus partidarios lo apoyan; como el que lo hace es Uribe, sus antagonistas lo repudian, pues dicen que la iniciativa del Presidente no es más que manipulación de la opinión y propaganda.

Admito que la intención es oscura, pero el caso es que si uno está en contra de las cárceles, no puede estar de acuerdo cuando las abren para los amigos, y en desacuerdo si se las abren a los enemigos. Ahora bien, concuerdo con los que dicen que esta propuesta del gobierno, tan ajena a su talante furibundo, es misteriosa y contradictoria. Creo que en Colombia hay más noticias y sobresaltos en una semana que las que ocurren en un año en Alemania.

Así es difícil pensar, así sólo los que ya saben entienden (siempre a favor o siempre en contra), así no se puede actuar con un propósito sensato. A los comentaristas nos piden que estudiemos, pensemos, entendamos y demos una respuesta. En este caos, con este gobierno que nos depara cada semana una sorpresa, yo no consigo entender las tramas de lo que pasa. ¿Uribe va liberar a cientos de guerrilleros y de para-políticos? A mí me parece bueno, pero ¿quién entiende el motivo por el que lo hace? Yo no.

Y sobre Emanuel: creo que si la bandera de este niño secuestrado la toma Francisco Santos, la causa será buena para su carrera política, pero mala para el niño.

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