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Opinión

  • | 2000/06/05 00:00

    El desafío de nuestra América: Torbellino en los Andes

    El internacionalista Juan Tokatlián escribe en exclusiva para SEMANA.COM acerca de la desestabilización de la Región Andina.

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América, desde hace al menos tres décadas, se dividió en dos. Por una parte, se hizo evidente la existencia de una América del Norte desde Alaska hasta Panamá·, compuesta por Centroamérica, el Caribe Insular, México, Estados Unidos y Canadá·, e integrada y asimilada de facto a EE.UU., tanto en lo económico y político, como en lo militar y cultural. Por otra parte, fue notoria la ambigua supervivencia de una América del Sur desde Colombia hasta Argentina, con una relativa mayor autonomía comercial, financiera y diplomática respecto a Washington. Norteamérica y Sudamérica eran dos entidades geopolíticas claramente diferenciadas a pesar de los puntos de contacto. Sin embargo, al entrar a un nuevo siglo, es manifiesto que América del Sur está partida en dos: los Andes por un lado y el Cono Sur por el otro. La región andina atraviesa una honda crisis: en realidad Colombia es solo la punta del iceberg de un enorme témpano de problemas acumulados en su manifestación y postergados en su solución. En efecto, los Andes se han convertido, desde los noventa, en el mayor foco de inestabilidad e inquietud continental. En materia política, se destacan el autogolpe de Alberto Fujimori en Perú, la caída constitucional de Carlos Andrés Pérez en Venezuela, la salida Política de Abdalá· Bucaram en Ecuador, el cuasi-desplome de Ernesto Samper en Colombia y la llegada al poder del exgolpista Hugo Banzer, en Bolivia. El descalabro social que llevó al grotesco derrocamiento de Jamil Mahuad en Ecuador, la ambición antidemocrática de Fujimori para convertirse en una suerte de monarca perpetuo en Perú mediante una ilegal y fraudulenta re-reelección, la delicada incertidumbre institucional generada por Hugo Chavez en Venezuela, los crecientes inconvenientes de todo orden que vive Bolivia, la explosiva situación que confronta Andrés Pastrana en Colombia, son indicadores elocuentes de que los Andes están viviendo un torbellino. En materia militar, el mayor enfrentamiento limítrofe del hemisferio se dio entre Ecuador y Perú, y la frontera m·s tensa del continente es, en la actualidad, la de Colombia y Venezuela. Asimismo, crecen los roces fronterizos entre Perú, Ecuador y Venezuela (a lo que se suma Panamá· y Brasil) con Colombia. En el tema de los derechos humanos, y en comparación con cualquier otra región de las Américas, y a la luz de los informes anuales de Amnistía Internacional y Américas Watch, la zona andina es aquella en la que m·s sistemáticamente se violan; siendo Colombia y Perú los casos más trágicos. En la cuestión de las drogas, los Andes concentran el cultivo, procesamiento y tráfico de coca del continente y las cinco naciones (junto con México) son los actores claves en el negocio ilícito de los narcóticos que tiene en Estados Unidos el mayor epicentro mundial de consumo. En materia de corrupción, en el área se encuentran algunos de los países con los mayores niveles en el mundo; destacándose, según los informes de los dos últimos años de Transparencia Internacional, los casos de Bolivia, Ecuador y Venezuela. En el tema ambiental, los países andinos muestran, de acuerdo a los más recientes informes de Naciones Unidas, altos y preocupantes grados de degradación; en especial del espacio amazónico que comparten con Brasil. En términos socioeconómicos, y tomando los datos más actuales del Banco Mundial, todas las naciones andinas exhiben alarmantes índices de desempleo, marginalidad, pobreza e inseguridad con bajos indicadores de calidad de vida, escaso y volátil crecimiento, fuerte concentración del ingreso y exigua inversión. En los cinco países por igual, aunque con variaciones, se exacerbó en la última década el desmoronamiento parcial del Estado. Adicionalmente, en el escenario de la pos-Guerra Fría, es en la Región andina (particularmente en Ecuador, Perú y Venezuela) en donde los militares han guardado m·s incidencia política y gravitación corporativa. Además, en esta zona, si se compara con otras regiones del hemisferio, varias naciones han efectuado tardíos y débiles ajustes económicos y reformas estructurales (en especial Ecuador y Venezuela). Asimismo, la Comunidad Andina de Naciones (CAN) está cada día m·s replegada en términos de mecanismo de integración ante los substanciales avances de otros acuerdos como NAFTA y MERCOSUR. Por último, el mundo andino es cada vez m·s dependiente de Washington en lo material y político y cada vez m·s distante del Cono Sur en lo cultural y diplomático. Resumiendo, toda la región andina sufre simultáneamente agudos problemas de diversa naturaleza. Las muestras de conflictividad social en el ·rea tienden a acrecentarse y es patente la incapacidad de los regímenes democráticos de procesar seculares demandas ciudadanas insatisfechas. Para contener una potencial e indeseable balcanización de los Andes, América del Norte y América del Sur no pueden seguir separadas: los Países m·s preponderantes de Norteamérica y las naciones m·s grandes del Cono Sur deben coordinar una diplomacia de emergencia hacia esta zona. Estados Unidos, Canadá·, México, Argentina y Brasil deben configurar un Grupo de Apoyo. La Región andina en conjunto, sola y aislada, no podrá· superar los difíciles problemas que confronta; muchos de los cuales han sido originados y profundizados por fenómenos externos e internacionales. Los países del ·rea requieren una combinación de Plan Marshall y Alianza para el Progreso al inicio del siglo XXI: recursos económicos masivos, asistencia técnica y social útil, cambios institucionales de envergadura, fortalecimiento judicial verdadero, reformas militares serias y compromiso político de largo plazo. El mayor desafío de nuestro continente, de América, está en la Región andina y únicamente la concentración y la solidaridad hemisférica podrán evitar una catástrofe política de impredecibles consecuencias a lo largo y a lo ancho de los Andes. * Actualmente es Profesor de la Universidad de San Andrés en Colombia. vivió y trabajó por 17 años en Colombia, donde siempre espera regresar.
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