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Opinión

  • | 2001/09/24 00:00

    El descase

    Las “noticias” no son nuevas. Es la misma masacre, el mismo narcohecho, el mismo desfalco, la misma ley inútil, el mismo desengaño en fútbol

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Roland Barthes observo que un hecho no es noticia por ser nuevo, sino porque devela una tensión latente de la sociedad que lo acepta como “noticia”. Por eso las noticias casi siempre son malas. Por eso a los periodistas de todas partes les fascinan la violencia, los conflictos sociales y los chismes que afecten a los líderes.

También por eso Colombia produce tantas noticias. Las “noticias” de Colombia no son nuevas tampoco. Es la misma masacre repetida mil veces, es el mismo narcohecho con detalles distintos, es el mismo desfalco con y o x millones, la misma ley inútil que tramita el Congreso, la misma señal trunca de mejoría económica, el mismo desengaño en el mundial de fútbol.

Son las noticias propias de un país bloqueado: noticias —en efecto, noticia— acerca del bloqueo. Un bloqueo cuya raíz se encuentra en la intensa fragmentación del poder y en el perenne descase entre poder formal y poder real, entre el poder que figura y el poder que puede.

Para ahorrar un argumento abstracto y ladrilludo, tomo el ejemplo de las “noticias” destacadas de estos días:

–“Rota negociación entre gobierno y ELN”. Más allá de peripecias y eufemismos, el caso consistió en que de un lado hablaron las Farc y del otro las Fuerzas Armadas. Las Farc, porque ahora ocupan el sur de Bolívar; las Fuerzas Armadas, porque no le “jalan” a limpiar otra zona para entregársela al enemigo.

–“Reforma Laboral por decreto”. En vista de que el Congreso no le camina al cuento, los dos Ministros acuerdan ciertas medidas para ocupar desempleados en empresas privadas. Y luego se sientan a negociarlas con los empleados del sector oficial, porque éstos tienen el poder real.

–“Mindesarrollo acepta recusación del Super”. Autorizar la fusión de empresas es una potestad discrecional de aquel despacho. Es más: no tiene sentido recusar a un funcionario después de emitida la resolución, porque para entonces éste ya tuvo que “tomar partido”. Pero Avianca y Aces son poderes reales, el doctor Archila es un poder formal.

–“Proponen al Congreso legalizar la droga”. Obvio que la represión eleva el precio y atrae criminales al negocio. Pero más obvio que una Ley interna no baja el precio externo y nos acaba en cambio de estrellar contra el mundo. Más sencillo: el Congreso de Colombia es un poder formal entre la DEA y los narcos.

–“Libres, hombres de Pablo Escobar”. El poder real de estos megacriminales nos obligó a inventar una justicia “sin rostro” bastante tosca para enjaularlos; pero volvimos al poder formal de los juristas y su “humanización” del régimen carcelario.

–“Piden traslado de los del IRA”. Y es porque los tres angelitos, en efecto, corren peligro en la cárcel La Modelo, donde el poder real no es el Inpec.

–“Peligra integración con Venezuela”: Chávez confirma recorte de 20 por ciento a las importaciones procedentes de Colombia. Después de cerrar la frontera a los camiones, después del desafío al Tribunal Andino, después de los desplantes con las Farc, cualquiera notaría que la igualdad formal entre países no es igualdad real.

–“Pico y placa, a concertación”. Un grupo de congresistas, concejales y transportadores entraron a coadministrar la capital: ni siquiera Mockus pudo contra los verdaderos dueños de la ciudad.

Podríamos seguir con noticias más crudas sobre el poder real: la operación ‘7 de Agosto’, los préstamos de Banpacífico, la extradición de Ochoa, el reversazo de la ETB.... Pero con todas ellas volveríamos al punto: las noticias son el reflejo recurrente de las tensiones hondas de cada sociedad. La tensión esencial de Colombia es su aguda fragmentación del poder.

Por eso, para bien, somos una democracia. Pero también por eso, para mal, somos una rapiña sin proyectos colectivos.
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