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Opinión

  • | 2011/07/09 00:00

    El desmadre de la U

    Por cuenta de estas situaciones, Lozano ha perdido la interlocución con Santos y el Partido de la U se ha convertido en un segundón en la coalición de Unidad Nacional.

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Cosas de la política colombiana: La U es el partido del presidente Juan Manuel Santos y tiene la mayor bancada en el Congreso de la República. Tendría que ser la fuerza más poderosa y la de mayores posibilidades en las elecciones locales. Pero su realidad es otra. No lideró la aprobación de las principales leyes en el pasado periodo parlamentario, algunos de sus voceros se han enfrascado en agudas polémicas públicas y, tal como van las cosas, sufrirá una gran derrota en las elecciones del mes de octubre.

El senador Armando Benedetti ha responsabilizado de esta situación a Juan Lozano, ha pedido su renuncia y se ha postulado para encabezar el partido en los años que vienen. No es el único. También Óscar Iván Zuluaga y el senador Juan Carlos Vélez, descontentos con lo que ha hecho Lozano, y con la clara intención de cerrarle el paso a Benedetti, propusieron que fuera el expresidente Uribe quien asumiera la conducción de La U.

El rifirrafe se presentó hace 15 días cuando no había salido a la luz pública la encuesta de Cifras y Conceptos sobre la Alcaldía de Bogotá, que deja aún más mal parado al Partido de la U. En este sondeo, Enrique Peñalosa, de los verdes, con el apoyo de Uribe, pierde con Gustavo Petro. Y otro dato: el mismo Uribe, si se lanzara, arrancaría apenas con un 15 por ciento de la intención de voto cuando las primeras encuestas le asignaban más del 50 por ciento.

La crisis del Partido de la U tiene una causa pura y dura: la batalla desesperada que libra el expresidente Uribe para mantener vigente su agenda política. Ni la bancada parlamentaria ni las huestes regionales han sabido si responder al proyecto de reformas y de reconciliación que encabeza Santos o persistir en el legado de extrema derecha y confrontación que representa Uribe.

Juan Lozano ha pretendido atender a las dos agendas y el resultado ha sido que no lo quieren ni en un lado ni en el otro. En la tramitación de la Ley de Víctimas se presentó un caso patético: Lozano recogió de Uribe un memorando de rectificaciones del proyecto de ley y se lo llevó a Santos con la ilusión de que este atendería las propuestas. El dubitativo presidente de La U salió con las manos vacías.

Uribe metió también a Lozano en la ingrata tarea de apoyar a Peñalosa y pactar un acuerdo con el Partido Verde en Bogotá sin consultar las inclinaciones de Santos. La cosa iba viento en popa cuando las encuestas favorecían ampliamente al candidato Peñalosa, pero el impresionante bajón de la última semana empieza a arrasar con la ilusión de reclamar un triunfo en el Distrito Capital que pudiera tapar la debacle de no tener candidatos propios en las principales gobernaciones y alcaldías del país.

Por cuenta de estas situaciones, Lozano ha perdido la interlocución con Santos y el Partido de la U se ha convertido en un segundón en la coalición de Unidad Nacional, donde el Partido Liberal y Cambio Radical fungen como los verdaderos partidos del presidente. Eso le ha permitido a Santos desmarcarse de la segura derrota de La U en las elecciones de octubre. Se dará el extraño caso de que el verdadero jefe del partido no aparece como el responsable del fracaso de la colectividad en unas elecciones decisivas.

Se han ventilado diversas soluciones para el desmadre de La U. No ha faltado quien señale que el camino es disolver el partido y regresar al liberalismo, de donde salieron la mayoría de los parlamentarios de este agrupamiento. Pero esta solución extrema se estrellaría inmediatamente con la férrea resistencia de Uribe y de sus partidarios. Las salidas a la mano están en la definición clara del liderazgo: o este partido le obedece a Uribe o le obedece a Santos. En el primer caso tiene mucho sentido la propuesta de Zuluaga y Vélez de entregarle la dirección al expresidente. En la segunda opción sería un santista quien encabezaría La U y Benedetti quiere hacer méritos para lograrlo.
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