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Opinión

  • | 2007/12/22 00:00

    El despeje, Uribito y la muerte

    Uribito se obstina en la campaña por el No al despeje, obviamente con el permiso de uribe

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Vamos a suponer que por una combinación de calamidades, torpezas o tragedias, las Farc se toman el poder en Colombia. Amanece el año 2008 y nos encontramos con un gobierno revolucionario presidido, digamos, por el 'Mono Jojoy'. Los nuevos gobernantes cometen actos atroces: fusilan sin juicio al presidente y a todos los ministros (menos uno)?

del gobierno constitucional, cierran el Congreso, las Cortes, los periódicos, las emisoras, y proclaman una nueva constitución panfletaria en el que el único partido legal es el de las Farc. Se dedican además al culto de la personalidad de 'Jojoy' (imágenes suyas a caballo aparecen en vallas y monumentos por todo el territorio de la Gran República Bolivariana de Colombia), cierran los canales de televisión y sólo transmiten discursos del nuevo Comandante en Jefe, más soporíferos documentales producidos en Irán y desfiles filmados en Corea del Norte. Todas las empresas son expropiadas, se entregan cartillas de racionamiento, Chávez nos visita día por medio y un régimen militar opresivo controla y limita cualquier iniciativa individual.

El único ministro sobreviviente a la masacre (Uribito, por supuesto) se levanta en armas contra el gobierno tiránico y dictatorial de las Farc. A estas alturas tengo que decir que yo mismo me uniría al levantamiento armado de Uribito, y dada mi ineptitud con el gatillo me encomendarían que escriba y distribuya panfletos clandestinos contra este espantoso régimen opresivo. Uribito, que ha hecho cursos en la escuela militar, se revela como un gran estratega. En una heroica campaña de siete meses libera el país y nos devuelve el dulce aroma de la democracia. En estos meses, por supuesto, le ha tocado matar una que otra persona, en batallas, en escaramuzas, e incluso uno que otro inocente ha pagado con su vida durante la hazaña libertadora.

¿Entenderá Uribito, en este caso hipotético, que cuando él ha disparado para restaurar las libertades del país, las muertes que se han producido no son equivalentes a las de un atracador que mata a una muchacha por robarle el reloj? Pues bien, no otra es la tesis de Carlos Gaviria cuando dice que "una cosa es matar para enriquecerse y otra es matar para que la gente viva mejor". Durante siglos el Derecho ha sido afinado para entender esta distinción entre homicidios que tienen una motivación altruista y homicidios que lo único que pretenden es un beneficio personal. Sin embargo, Uribito hace escándalos contra Carlos Gaviria porque se ha atrevido a decir algo que no tiene nada de escandaloso.

Aquí cabe añadir que Carlos Gaviria no ha justificado con esta frase el levantamiento armado de las Farc. Según el presidente del Polo, en la Colombia de hoy no se justifica la lucha armada y no hay en ella ninguna legitimidad. Sin embargo, en el caso de un proceso de paz, habría que concederles a los guerrilleros de las Farc los atenuantes que hoy en día el gobierno les quiere conceder a los paramilitares. Cuando el gobierno ha defendido también para los paramilitares el delito político, no está haciendo otra cosa que defender la misma tesis: que no todos los actos de matar se juzgan por igual.

Este mismo Uribito, ya no en un plano hipotético, sino en el real, pone en las fotos la misma cara y hace los mismos ademanes que su Jefe Máximo. Estos gestos, salvo su ridiculez, carecen de importancia. Lo que sí importa es que él sea el gran abanderado contra el despeje. Mientras el Presidente ofrece una zona de encuentro, su alterego más mozo, en vez de dedicarse a los problemas inherentes a su cartera (que hace agua), se obstina en la campaña por el No al despeje, obviamente con el permiso de Uribe, pues ni un pelo ni una neurona se mueve en la cabeza de Uribito sin el consentimiento de su dios personal.

Yo estoy de acuerdo en que con el despeje no se les puede conceder a las Farc ninguna ventaja estratégica ni tampoco la posibilidad de montar un gran show mediático de tipo chavista. Pero 45 días (es el tiempo que pide la guerrilla) sin presencia militar colombiana en Pradera y Florida, pero con control policivo de la zona, por ejemplo, de un contingente francés o internacional, es un sacrificio no imposible de conceder a los enemigos. Una cosa es despejar el Caguán durante años y otra despejar 45 días un territorio relativamente pequeño. Y no para negociar (pues la negociación tendría que ser previa), sino para entregar a los secuestrados, no sólo a los "canjeables", sino a muchos más.

Mientras esto ocurre, o no ocurre (que es lo más probable), ojalá esta Navidad nos traiga el mejor de todos los aguinaldos posibles: un niño, Emmanuel, que viene a nosotros y conoce, por primera vez, la libertad. Sería algo, un símbolo, parecido al principio de una posible redención. n
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