Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/08/14 00:00

El despeñalosamiento

Peñalosa quedó en la ambigua posición de no ser parte ni de la oposición ni del gobierno. Su ?criptouribismo? no convence a los unos ni a los otros

El despeñalosamiento

Enrique Peñalosa se parece cada día más al ahogado más hermoso del mundo. El cuento de García Márquez sobre el cadáver gigantesco y expósito que el mar arroja a las playas de un pueblo y cuya presencia concentra la atención general. Un cuerpo que provoca unión y júbilo temporalmente, pero cuyo prodigioso tamaño termina estorbándoles a sus forzosos anfitriones. Todo el mundo lo quiere, pero para hacerle el más grandioso funeral que se recuerde.

Las últimas movidas del ex alcalde lo han convertido en una importante pieza en contra, pero no en un líder a seguir. Los liberales recibieron alborozados su llegada a ese partido porque lo sentían como una baja para la causa del gobierno. Ahora la Casa de Nariño celebra su salida del liberalismo como el golpe de gracia para el sector más grande de la oposición. Sin embargo, en los círculos íntimos del Presidente, Peñalosa no está entre los ungibles -si la reelección no pasa el examen de la Corte- simplemente porque ya no confían en él.

Así las cosas, Peñalosa quedó en la ambigua posición de no ser parte ni de la oposición, ni del gobierno. Su "criptouribismo", como acertadamente lo definió el ex presidente Alfonso López, no convence a los unos, ni a los otros.

Hay desconcierto con sus bandazos. Quien arrancó respaldando al gobierno y declarando que aceptaría la embajada en Estados Unidos -sin que se la ofrecieran- dijo después, un buen día en Pereira, que el Presidente se había rodeado de varios de los peores exponentes de la clase política. La afirmación es indiscutible, pero lo era también cuando Peñalosa quería ser embajador.

No le falta razón cuando justifica su salida del liberalismo por el incumplimiento de la única condición que había puesto al entrar: que la consulta para elegir el candidato presidencial fuera abierta y en marzo. Sin embargo, las oportunidades para pelear esa causa no estaban agotadas y la declaración, ya escrita para el momento de la reunión, demuestra que el ex alcalde tomó la decisión antes de discutir los argumentos.

Esa jugada deja más perdedores que ganadores, empezando por el propio Peñalosa.

Pierde el ex presidente César Gaviria porque su meta de reunificar al liberalismo queda coja sin Peñalosa, la entrada de Rafael Pardo y Andrés González no alcanza para justificar su trabajo en la dirección. Pierde aun más Serpa, quien con su torpe obstinación llenó de argumentos al ex alcalde para sustentar su partida, cuando su presencia habría contribuido a 'desamperizar' al liberalismo. Por lo demás, los números le indicaban a Serpa que le podía ganar una consulta abierta a Peñalosa, pero ahora, como candidato independiente, terminará mordiéndole alguna tajada al liberalismo.

Sólo hay dos ganadores. Uno de premio mayor, que es el presidente Álvaro Uribe, quien logra una atomización mayor del liberalismo y sigue mostrando a la oposición como una montonera anarquizada y sin metas, al mejor estilo de la venezolana. El otro es un ganador de premio seco: el senador Rafael Pardo, quien con la salida de Peñalosa se convierte en la contrapartida de Serpa dentro del debilitado, pero no extinto, Partido Liberal.

RECONOCIMIENTO (NO PEDIDO) DE UN ERROR. Dije públicamente que la voltereta del ex presidente Andrés Pastrana incidiría en el voto del magistrado de la Corte Constitucional Álvaro Tafur Galvis, sobre la reelección presidencial.

Personas de distintas tendencias, y que me merecen la mayor credibilidad, me han dicho que el magistrado Tafur es una persona independiente y de fuertes convicciones. Durante la última semana he leído ponencias suyas y revisado los votos que ha emitido en la Corte. Después de hacerlo, llegué a la conclusión de que yo estaba equivocado.

Desde luego no sé en que sentido votará, pero sus antecedentes me hacen pensar que su decisión consultará esencialmente la Constitución, según su leal saber y entender.

No he hablado con el magistrado Tafur, ni me ha pedido hacer esta manifestación pública. No sé, siquiera, si está al tanto de mi comentario. Sin embargo, les debo esta aclaración a él y a ustedes.

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