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Opinión

  • | 2003/05/05 00:00

    El desquite de Hussein

    Como suele pasar en estos casos, uno puede anticipar que los gringos van a salir quedándose o van a quedar saliéndose de Irak

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Que una guerra de nintendo seguida de un paseo militar. Pero los gringos se encartaron con el triunfo, porque cambiaron el peligro menor por el mayor. El peligro, en efecto, era menor: nada de armas biológicas o químicas, nada de lucha cuerpo a cuerpo en las calles de Bagdad, nada de complicidad con Al Qaeda, ningún "Eje del Mal" que apoye a Irak, nada de resistencia entre los kurdos y chiítas que son tres cuartas partes de la población civil. Y es que Hussein tan sólo era un fantoche arruinado por 11 años de bloqueo y detestado por 30 años de horror. Paradójicamente -gracias a la TV manipulada- la contundencia del triunfo militar sirvió para esconder el hecho evidentísimo de que la guerra no era necesaria: entre el bloqueo y los inspectores de la ONU, no había modo de que Hussein tuviera armas de verdad. Mr. Bush sin embargo se obstinó, y ahora resulta que la guerra era injusta por ser innecesaria, y de ñapa era torpe porque aumentó el peligro para su país: hoy los gringos no pueden quedarse pero no pueden salirse de Irak. Los halcones quisieran quedarse. El Pentágono habla de unos cinco años de ocupación con 200.000 soldados y 23 "ministros" gringos bajo el mando del general Garner. Mantener las tropas cuesta 2.000 millones de dólares al mes y la "reconstrucción" costaría 25.000 millones más. Para pagar estas bicocas se usaría el petróleo, con tan mala suerte que queda faltando la mitad de la plata. O sea, en limpio, que el petróleo no alcanza y Tío Sam tendría que gastar lo que no va a gastar.Añada a eso el odio que traerá cada día de ocupación por tropas extranjeras, "governor" gringo y expropiación de la riqueza petrolera, encima del apoyo a Israel, la invasión de Afganistán y la satanización del Islam por parte de Occidente. Lo dijo el presidente egipcio Mubarak: "Surgirán 100 Ben Ladens"; y el secretario de la Liga Arabe explicó que "una ocupación abriría las puertas del infierno". Pero si los gringos se van de Irak, al otro día se desmadra medio mundo. Lo primero y lo que menos les importa, sería el baño de sangre que sufrirían los ex miembros de la Guardia Especial, la Guardia Republicana, el clan de Tikrit, patria chica de Hussein, el Partido Baath y la minoría sunnita del depuesto dictador. Seguirían ataques de Turquía contra los kurdos del Norte, de Irán a favor de los chiítas en el Sur, de Jordania a favor de los sunnitas en el Centro, de Siria en solidaridad con el Baath. Y el bololó encendería al Kurdistán (turco-iraquí-sirio-armenio) y a Turquía (que es miembro de la UE y de la Otan) con rebotes en Líbano (e Israel), Irán, el Transcáucaso y Asia Central hasta topar con Rusia. Claro está que le caben variantes al asunto. Los halcones, a la Rumsfeld, se transarían por entregarle el gobierno a un grupo de exilados de bolsillo, con el dudoso Ahmed Chalabi a la cabeza; ya han hecho precongresos en los que no invitan a las dos fuerzas grandes de oposición local ("Consejo de la Revolución" y "Llamada Islámica"). Las palomas, a la Powell, se transarían por llamar a la ONU para que, siguiendo el patrón de Afganistán, forme una "Misión de Asistencia" que transite hacia el gobierno de "unidad nacional". Pero un gobierno títere no se defiende solo. Y la ONU no puede costear 200.000 soldados, ni avalar así no más la invasión ilegal de Mr. Bush, ni en todo caso está en vías de lograr la "unidad nacional" de Afganistán. Y como suele suceder en estos casos, uno puede anticipar que los gringos van a salir quedándose o van a quedar saliéndose de Irak, de modo y forma que por querer echarle mano al pan y al queso van a quedarse sin el queso y sin el pan. Con el odio de los árabes y con sus boys atrapados en Bagdad, con la amenaza recrudecida del terrorismo y con el riesgo de un Vietnam en árabe. Y es que, guardadas las distancias, Hussein habría dicho de su tierra lo que Fernando VII decía de la suya: "España es una botella de cerveza y yo el tapón; el día en que yo falte no habrá modo de limpiar el reguero".
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