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Opinión

  • | 1995/09/11 00:00

    EL DIAMANTE DE JACQUIN

    Hay que aclarar muy bien que una cosa es financiar una campaña política y otra quedarse con la plata.

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HORA NO SE HABLA SINO DEL ANillo de diamante que una misteriosa mujer le ofreció como regalo a Jacquin de Samper a través de su marido. La cascada de informaciones sobre la financiación de la campaña presidencial ha saltado de los narcocasetes a las camisetas, de ahí a los narcocheques, después a la indagatoria de Santiago Medina, y finalmente -por ahora-, a la nueva piedra de escándalo, que es la que está clavada en el anillo que aparece mencionado en la célebre grabación.
La polvareda se levantó con la publicación del contenido de la cinta que recoge la charla de Ernesto Samper y Santiago Medina (al tiempo y por separado) con quien hasta hoy parece ser Elizabeth de Sarria. Ella es la esposa de un hombre señalado como presunto narcotraficante, y las primeras informaciones indican que la señora también se dedica a lo mismo.
Se ha oído de todo. Hay gente aterrada por la familiaridad del entonces futuro presidente con la 'monita'. Muchos sostienen que es indignante que un candidato reciba semejante regalo de manos de semejante persona. Otros se refieren al asunto como la prueba de que todas las cosas malas que se dicen contra Samper son ciertas. Y algunos señalan que es inaceptable que la primera dama luzca en sus dedos una joya con ese origen.
Simultáneamente la Fiscalía cita a Jacquin Strouss de Samper, primera dama de la Nación, para que hable ante la justicia sobre presuntas irregularidades en el manejo de una fundación dedicada a la protección de los parques. La citación y los comentarios provocados por ese hecho insinúan un manejo indelicado de los dineros recibidos con fines ecológicos.
Resulta preocupante la manera como se han presentado ese par de temas ante la opinión pública, pues se está creando una peligrosa confusión sobre los términos del debate que se inició hace un año con las narcocintas.
Lo que está en el tapete es una denuncia sobre la financiación irregular de una campaña electoral. De resultar ciertas tales acusaciones, el país estaría ante un escándalo de proporciones gigantescas. Pero otra cosa muy distinta es pretender, basados en el episodio del anillo y en la citación a la Fiscalía, que se trata de un asunto de corrupción en el seno de la familia presidencial.
Nada más falso. En el famoso casete ni siquiera se pretende que Ernesto Samper haya recibido el anillo. Pero aún habiéndolo recibido, se trata de un hecho anecdótico en medio del panorama general. Además, en términos reales, si el cheque de 50 millones de pesos que aparece en la conversación se recibió, fue para financiar una campaña política y no para engrosar las arcas personales de Ernesto Samper. Y si la fundación de Jacquin de Samper (creada como un instrumento de campaña) recibió cualquier cifra, aun si se trata de desviación de recursos, fue para alimentar esa campaña política pero nunca para enriquecer a los Samper Strouss.
No es justo darle la imagen de Imelda Marcos o de Helena Ceaucescu a la primera dama colombiana, cuando se ha llegado incluso a comparar a Samper con Marco Fidel Suárez, el más pobre de los presidentes colombianos.
Sin ánimo de absolver ni de condenar a priori, hay que aclarar muy bien que una cosa es financiar irregularmente una campaña política y otra muy distinta quedarse con la plata.
Como la Fiscalía está sobrada de elogios y de respaldo (los míos entre ellos), no está por demás vigilar la forma en que procede en ciertos casos. Y al referirse a la vinculación de la primera dama a este proceso, a esa entidad le ha sobrado algo de sensacionalismo y le ha faltado a la vez algo de elegancia. Y de paso, está ayudando a alimentar confusión general sobre el fondo del asunto que nos ocupa y preocupa tanto.
No estoy de acuerdo con aquellos que ven cercana la caída del Presidente de la República. Yo no lo veo caído, pero sí intuyo que vamos a tener de este tema para rato. De pronto todos los tres años que le quedan de mandato.
Por eso, porque el tema es serio, grave y profundo, y porque vamos a tener crisis para rato, es bueno empezar desde ahora a decirle al pan pan y al vino vino.-
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