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Opinión

  • | 2014/06/28 00:00

    El difícil proceso de la verdad con las Farc

    Para contar la verdad se necesita tener memoria y la duda que me asalta es: ¿quién tiene la memoria en este grupo subversivo? Las víctimas tendrán que ser más activas en este proceso.

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En el reciente acuerdo entre el gobierno nacional y la organización guerrillera, conocida como “Declaración de Principios para la discusión del punto 5 de la agenda: víctimas”, se estableció que “esclarecer lo sucedido a lo largo del conflicto, incluyendo sus múltiples causas, orígenes y sus efectos, es parte fundamental de la satisfacción de los derechos de las víctimas, y de la sociedad en general. La reconstrucción de la confianza depende del esclarecimiento pleno y del reconocimiento de la verdad”.

No obstante, un grupo insurgente como las Farc, que lleva 50 años alzada en armas, tiene mucho para contar en relación con sus acciones contra la población civil. El problema es: ¿quién o quienes tienen la memoria de este grupo subversivo? En medio siglo de vida, son muchos los muertos, en su base, mandos medios y su cúpula, así como compleja su estructura organizativa, lo que sugiere que el esclarecimiento de la verdad, desde su perspectiva, será un difícil proceso.

Si bien se celebró que las víctimas que ha dejado esta organización guerrillera participen directamente en la mesa de negociaciones de La Habana, Cuba, apenas es un principio de un camino que tendrá muchos obstáculos; muchos más, a mi juicio, que los que hasta ahora ha mostrado el proceso seguido bajo la Ley 975, conocida como de Justicia y Paz, con los ex integrantes de las distintas facciones que hicieron parte de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu) y de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc).

En este escenario de justicia transicional, las confesiones de los ex paramilitares postulados a los beneficios de penas alternativas de ocho años de cárcel han sido en muchos casos fragmentadas, inconexas, descontextualizadas, amañadas si se quiere, omisivas, llenas de generalidades, distorsionadas, sesgadas y con numerosos hechos atribuidos a quienes ya están muertos. Si esto ha sido así teniendo a buena parte de sus protagonistas vivos, ¿qué podrá esperarse de las Farc, muchos de cuyos protagonistas están muertos?

El proceso seguido a los ex miembros de las Accu y de las Auc, que en julio cumple ocho años, arroja elementos de análisis importantes que, a mi juicio, deben tenerse en cuenta para lo que se avecina con las Farc y con el Eln de lograrse la firma de unos acuerdos de paz que conduzcan al fin del conflicto con esas fuerzas insurgentes. 

Primer elemento: el proceso judicial desgastó a las víctimas. Si bien reclaman verdad como un derecho, la arquitectura de la Ley 975 y de sus normas complementarias ocasionó que las salas de audiencia quedaran vacías en pocos años, ya son pocos los afectados que van a la audiencias a reclamar por sus daños. Ello tuvo un efecto: la mayoría de las víctimas se concentraron en reclamar su reparación económica y le dieron la espalda a los procesos de verdad.

Segundo elemento: en el esclarecimiento de la verdad no solo tienen responsabilidad aquellos que pertenecieron a las Accu y a las Auc, en sus actuaciones tuvieron mucho que ver otros agentes, públicos y privados, y por las carencias, ineficiencias y sesgos de la justicia ordinaria, es poco lo que se ha adelantado en este aspecto. No puede olvidarse que el proyecto contrainsurgente surgió de las entrañas del Estado y comprometió a numerosos sectores influyentes del país. 

Tercer elemento: la mediocridad del trabajo investigativo de algunos fiscales de la Unidad de Justicia y Paz cuyas actuaciones se concentraron en la versión de los víctimarios, en sus apreciaciones. Los recuentos que estos funcionarios hacen ante los magistrados de los tribunales de Justicia y Paz de las acciones paramilitares acallaron a las víctimas. En los textos de acusación no aparecen sus visiones de la guerra.

Cuarto elemento: se distorsionó el concepto de verdad y se le exigió a los ex jefes paramilitares más de lo que podían dar. Adoloridas, mal asesoradas y enredadas en la maraña judicial, fueron muchas las personas que buscaron en la voz de un Diego Fernando Murillo Bejarano, alias ‘Don Berna’; Fredy Rendón Herrera, alias ‘El Alemán’; Ramón Isaza, alias ‘El Viejo’, y otros, el detalle de la muerte de sus parientes. Un ejercicio de memoria que resultó un fracaso ante la constante respuesta de ellos: “yo no sé de eso, voy a consultar”.

Quinto elemento: el conocimiento de muchos hechos de guerra se le atribuyen a ex jefes, mandos medios o combatientes rasos ya muertos. De esa manera se impide no solo la reconstrucción de los hechos, sino la posibilidad de elaborar una memoria integral de las acciones armadas contra la población civil. ¿Por qué lo hizo? ¿Bajo órdenes de quién? Son preguntas que se quedan sin respuesta.

Es bueno tener claro estos escenarios para comprender la dificultad de la tarea de esclarecer la verdad de la guerra insurgente con un grupo guerrillero tendrá que responder por 50 años de alzamiento en armas, cinco décadas en las cuales se han presentado transformaciones en su organización, que no han sido homogéneas, y que responden a contextos muy diferentes.
Considero que a las víctimas hay que prepararlas para lo que se avecina en términos de verdad. 

No se les puede nutrir de falsas expectativas, sugiriéndoles que los que conforman las Farc hoy tienen en su memoria los miles de hechos perpetrados por esa fuerza insurgente; tampoco se les puede alimentar la idea de que solo este grupo subversivo tiene la verdad de lo sucedido; se les debe enseñar que los procesos judiciales son de muy largo plazo; y concientizar de que todo proceso de paz incluye una dosis de sacrificio de justicia. 

Además, con todos los aprendizajes que hoy se tienen de reconstrucción de la memoria, es bueno empoderar a las víctimas de la tarea de contar, desde su perspectiva, los padecimientos que generaron las acciones guerrilleras, cuánto daño provocaron en las familias y las comunidades, y cuáles fueron las reales afectaciones contra la población civil en campos y ciudades. De esa manera se tendrá una víctima activa, aportante, con voz. 

En Twitter: jdrestrepoe
(*) Periodista y docente universitario
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