Sábado, 21 de enero de 2017

| 1996/07/22 00:00

EL DOCUMENTO

EL DOCUMENTO

Un director del DAS que dice un día que renuncia irrevocablemente, para decir al día siguiente que mejor se queda, no merece mucha credibilidad. Pero como el señor Marco Tulio Gutiérrez ha sido tan enfático en asegurar que un documento supuestamente escrito por asesores de la entidad y que circuló la semana pasada es falso (ver artículo SEMANA Pág. 32 ), vamos a creerle. Vamos a asumir, a título de discusión, que alguien se tomó el trabajo de desacreditarlo, resumiendo en siete hojas una serie de hechos, con el propósito de comprometer al gobierno en la guerra sucia. Y es necesario advertir que no por el hecho de contener hechos ciertos, se justifica llegar al extremo de fabricar documentos para señalar responsabilidades. El problema fundamental del documento es que ni siquiera asumiendo su falsedad, es posible ignorar la realidad de los hechos que contiene. Porque constituye una especie de diario de lo que fue el juicio al Presidente, de lo que efectivamente sucedió con sus principales protagonistas y de la forma como el gobierno está enfrentando sus posibles "elementos de desestabilización institucional". El juicio: Es indudable, como dice el documento, que el gobierno poseía información que permitía concluir que "la situación en la cámara de representantes está bajo control y que no hay posibilidad alguna de sorpresa". Pero que, aún así, se consideró importante "mantener un monitoreo sobre los principales participantes del debate". Pensar que ese monitoreo no se dio sería como pensar que el gobierno no se defendió. El representante delacallista Roy Barreras, efectivamente, fue reemplazado por el titular de su curul, en la mitad del juicio; la virulencia antisamperista de la representante María Paulina Espinosa fue repelida por los ataques contra su ex marido de la representante Marta Catalina Daniels; la excelente intervención del representante Pablo Victoria fue opacada por la aparición misteriosa de ciertos cheques de dudosa procedencia; el controvertido representante Carlos Oviedo pudo defender al Presidente al recuperar, en buena hora, su curul que venía ocupando el opositor samperista Rodrigo Arcila. Sobre los demás mencionados se habla de mantener un monitoreo que pudiera ser utilizado en caso de necesidad. Los periodistas: Aunque pueda sonar como un mal chiste, ha hecho carrera entre mis colegas una costumbre sistemática: saludar telefónicamente al señor Gutiérrez antes de iniciar cualquier conversación. Desde luego, carezco de pruebas de interceptaciones telefónicas en lo que a mí se refiere. Pero concretamente sé de la existencia de una grabación telefónica entre el actual vicecanciller Juan Fernando Cristo y el director de un noticiero de televisión. La pregunta es: ¿A cuál de los dos se estaba grabando? Otros personajes desestabilizadores: Que el gobierno pretenda negar que ha 'monitoreado' a Fernando Botero y a su familia es un chiste. A la asesora de Botero, Ana Lisa Mir, no llega el DAS por un 'pin uno, pin dos, pin tres' hecho en un aeropuerto. A la señora Gloria Zea no se le esculcan sus declaraciones de renta por azar. A monseñor Pedro Rubiano no se le encuentran ovejas negras en su familia por una extraordinaria casualidad. El embajador de Estados Unidos no se queja de espionaje del DAS por una caprichosa ocurrencia (recordemos que ya el representante Carlos Alonso Lucio exhibió en el Congreso grabaciones de interceptaciones telefónicas ¡nada menos que a la DEA en Colombia!). Contra la familia Holguín Zamorano de Cali no se escriben columnas de periodistas del régimen por talentosos instintos. Y en cuanto al propósito de desacreditar a la Fiscalía durante el juicio, el representante Lucio efectivamente estuvo a punto de utilizar en el debate un casete montado por los narcotraficantes contra la Fiscalía. Si no lo usó, pudo ser por lo que advierte el informe: "Hay que tener cuidado con ese documento, pues tiene cortes". Las fuerzas del orden: Para nadie, y menos para los espías del régimen, es un secreto que no todos los generales de la República creen en la inocencia de Samper, aunque han asumido con grandeza el deber patriótico de apoyar las instituciones y defender la democracia. Sin embargo, algunos de ellos son vistos con desconfianza por el gobierno, precisamente porque no son gobiernistas. Por eso, que circulen contra ellos rumores relacionados con actividades de sus familiares o con desempeños en el campo de los derechos humanos, encaja a la perfección en el plan de 'monitoreo' a que se refiere el documento. Los ministros: Los actuales ministros del despacho pueden ser catalogados en dos grupos: el de los ministros samperistas, y el de los ministros-ministros. Estos últimos, si bien continúan al pie del cañón, no descartan en privado la eventualidad de retirarse para distanciarse de un gobierno cuyo rumbo los tomó por sorpresa. Que en el documento se reconozca el cuidado que debe tenerse con estos últimos no suena traído de los cabellos: "Es de suma importancia monitorear a los actuales aliados del gobierno, pues ante las diferentes presiones internas y externas, ellos podrían cambiar de condición en cualquier instante, por lo que, más que aliados, hay que considerarlos como potencialmente enemigos". Luz verde: Bajo el parapeto de ciudadanos honestos, un grupo de samperistas ha asumido públicamente una cruzada pro Samper, a través de avisos o pasquines que circulan con los periódicos con el único propósito de enlodar a los opositores del régimen. Es el brazo desarmado de la guerra sucia. Su existencia, obviamente, no se la inventó el documento suscrito por los supuestos asesores del DAS. Este es el problema de la guerra sucia. Que cuando un país se compromete de lleno en ella, como está pasando en Colombia, desaparecen las reglas del juego y todo vale: la calumnia, el espionaje, el chantaje, la desinformación... Todo el mundo sabe dónde comienza, pero nadie sabe dónde termina.

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