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Opinión

  • | 1998/12/21 00:00

    EL DOS POR MIL

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Nuevamente resurgió ese síndrome nacional que nos contagia a los colombianos cada vez que se toma alguna medida contra los que se han clasificado como los dos problemas más apremiantes del país: la guerra y la crisis económica. Según el síndrome, los colombianos pretendemos hacer la paz pero sin concesiones, y frenar la debacle económica pero sin que nos metan la mano al bolsillo. Así, mientras a muchos el tema del despeje pactado con las Farc los tiene con los pelos de punta, a otros tantos las medidas de la emergencia económica, y específicamente el tema del 'dos por mil' los tiene completamente indignados.
Y cosas se han oído. Que "estamos socializando las pérdidas del sector financiero", que "no hay derecho de que los colombianos tengamos que responder por el fracaso de los banqueros", que el gobierno "está metiéndole la mano al dril a los colombianos más pobres para meterle lo obtenido a los pantalones de paño de los colombianos más ricos" y que "tan bruto el gobierno: embarcarse en una emergencia económica que le va a tumbar la Corte...".
Por eso, a diferencia de Horacio Serpa, que está en plena campaña presidencial y que por consiguiente está instalado en su nicho de opositor irresponsable, los demás colombianos nos debemos tomar el trabajo de reflexionar para entender lo que no hemos querido entender: que no puede haber recuperación económica sin sacrificios. El 'conejo' al que alude Serpa no puede consistir sencillamente en ahorrarnos a los colombianos los trabajos que requiere la situación económica del momento. Pero para tranquilidad del actual candidato liberal a la Presidencia, un chiste malicioso que andan diciendo por ahí: que por ahora, las cosas al gobierno le están saliendo como si hubiera ganado Serpa...
En cuanto a las críticas contra las medidas de la emergencia, es bueno que vayamos teniendo en claro lo siguiente:
* Salvar el sector financiero, ciertamente, es un esfuerzo muy costoso pero absolutamente vital: porque a quienes se está protegiendo no es a los dueños de los bancos, sino a todos los colombianos ahorradores y cuentahabientes.
* Del dinero que recaude el 'dos por mil' no irá a parar un solo peso a los bolsillos de los banqueros sino principalmente al Fondo de Garantías Financieras (Fogafin), que lo invertirá en la protección de los clientes de los bancos y corporaciones.
* La verdadera socialización de las pérdidas ocurriría si colapsara el sector financiero en las manos del gobierno: en lugar de una soportable contribución del dos por mil, millones de colombianos habrán perdido lo que tienen, mucho o poco.
* El 'dos por mil' es un ingenioso sistema tributario (o de contribución parafiscal, como hábilmente lo denomina el gobierno) que es absolutamente imposible de evadir y que en la práctica "lo pagan hasta los muertos... que no hayan cerrado su cuenta", como dice un experto brasileño, país donde funciona con gran éxito esta medida. Ni los contrabandistas ni los narcotraficantes, que por naturaleza son los grandes evasores de impuestos, se escapan del rigor del 'dos por mil'.
* Y además, tiene la ventaja de constituir para el gobierno un sistema para tapar huecos sin girar.
* Alegar que la Corte va a tumbarlo porque la emergencia no se dictó como consecuencia de un hecho sobreviniente es un argumento tan imbécil como el de suponer que a un enfermo no puede llevársele a la clínica sino hasta que se muera. Si de hechos sobrevinientes se trata, la crisis mundial de agosto es uno contundente. Que apenas tres meses después el gobierno haya considerado insostenibles sus consecuencias sobre el sector financiero es apenas un asunto de timing que en cuestiones de economía es de elemental responsabilidad.
* Más serios que el anterior, son los argumentos de inconstitucionalidad que alegan que el 'dos por mil' es un impuesto que solo podría haber decretado el Congreso, y que llamarlo 'contribución' es algo tan ingenuo como lo que hizo Palacio Rudas cuando resolvió cambiarle a los moteles el nombre por el de estaderos. Pero lo cierto es que técnicamente, el 'dos por mil' tiene ingredientes tanto de un impuesto como de una contribución, y ya entrará la Corte a resolver a cuál se asemeja mejor.
* Pero más que enredarse en este tecnicismo, la Corte Constitucional haría muy bien en pasar esta reforma con un solo requisito: que el 'dos por mil' sea estrictamente una medida temporal, para romper con esa maldición que nos persigue a los colombianos, según la cual no existe impuesto o contribución temporal que se nos haya impuesto que no se haya vuelto a la larga definitivo.
Porque ahí sí el 'conejo' de Serpa sería coneja, y con crías.
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