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Opinión

  • | 2009/04/18 00:00

    El Ecuador de Correa

    Lo más seguro es que gane la reelección, y ahí tendrá que ponerse a gobernar

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Lo más probable es que Rafael Correa sea reelegido Presidente de Ecuador en las elecciones del 26 de abril. El mandatario, que ganó sus primeras elecciones en 2006, estaría en el poder hasta el 2013, con posibilidad de presentarse a una nueva reelección.

Correa no es un extraño para la región, pues lleva tres años liderando al país vecino. Pero pocos saben, incluso en el mismo Ecuador, exactamente cuál es su plan de gobierno. Aparte de sus reiteradas acusaciones contra la negociación de la deuda externa que hicieron sus antecesores, que para él es "ilegítima", son pocas las luces que Correa ha dado sobre el tipo de gobierno que hará.

Desde que ganó su primer mandato como candidato independiente con el movimiento Alianza País (AP), Correa se ha dedicado a trasformar la política de su país. Su primera campaña presidencial se basó en promover una reforma al Congreso e introducir una nueva Constitución para sanear un país con instituciones endebles.

En esa medida, los logros del Presidente son indiscutibles. Desmanteló el Congreso tan pronto fue elegido, sus aliados lograron asegurar la mayoría de puestos en la Asamblea Constituyente y el pueblo ecuatoriano ratificó la nueva Constitución en un referendo nacional en septiembre del 2008. Todo este desgaste no acabó con la capacidad de maniobra de Correa, quien mantuvo la popularidad necesaria para apostarle a su reelección y, según todas las encuestas, la ganará cómodamente.

La era de Correa ha traído la estabilidad anhelada tras una década perdida en la que desfilaron siete presidentes y hubo un golpe de Estado. El Congreso estaba paralizado por las peleas con la Corte Suprema y entre partidos políticos debilitados por la crisis. Ya en noviembre de 2005 la reputación del Congreso estaba por el suelo. En una encuesta de Cedatos-Gallup de ese entonces, sólo 6 por ciento de los ecuatorianos expresaba confianza en el trabajo del Congreso.

Fue en esta coyuntura que apareció la figura de Correa, un economista educado en Estados Unidos. El joven político además prometió combatir la corrupción endémica, defender los derechos indígenas y revisar políticas tan importantes para Ecuador como el manejo de contratos mineros con multinacionales extranjeras. Se postuló como un candidato de izquierda, concentrando su discurso en lo económico. Criticó más que nada la deuda externa y la dolarización introducida por el presidente Jamil Mahuad en 2000.

Los ecuatorianos, sedientos de cambio, escogieron a Correa y rechazaron la propuesta del multimillonario empresario bananero Álvaro Noboa, a quien vieron como más de lo mismo. En las próximas elecciones del 26 de abril, es probable que esta historia se repita (Noboa es candidato también).

Ahora viene la hora de la verdad. Luego de esta posible victoria, Correa enfrentará su mayor reto: ahora sí, gobernar. Con nuevo Congreso--el 26 también se votará en elecciones legislativas-- y carta magna, por fin tendrá las herramientas para introducir su plan de gobierno. ¿Cuál será?

El discurso de Correa es una mezcla de voces de la nueva izquierda latinoamericana. La suya es una "izquierda cristiana" (así la define él mismo), que tiene un tono a la vez populista y pragmático. Un proponente de la misma ideología es el recién elegido presidente paraguayo, el ex-sacerdote Fernando Lugo. El presidente Venezolano Hugo Chávez y el Boliviano Evo Morales lo consideran un aliado, pero Correa no siempre les devuelve el favor. Ha reiterado siempre que no le seguirá los pasos a nadie y que será independiente su forma de gobernar. Hasta ahora, digamos que lo ha sido.

El fuerte de Correa es la economía. Está en desacuerdo con la dolarización, pero promete mantenerla como "un mal necesario". Ahora su gobierno está presentando un plan de reestructuración de la deuda externa que demuestra que Correa quiere mejorar sus relaciones financieras con los organismos internacionales que hasta hora mantienen a Ecuador en sus listas negras.

Aparte del tema económico, las promesas de Correa suenan efímeras. Quiere una sociedad "más justa y más igualitaria", invertir más dinero en programas sociales, vivienda y educación. Todavía no hay un plan claro de cómo se logrará esto.

Los ecuatorianos deben estar hasta la coronilla de votar en elecciones y referendos, y las arcas públicas también se han utilizado ya al máximo para todos estos procesos. El día a día del país sigue siendo prácticamente igual que cuando Correa fue elegido. El desempleo es una preocupación constante, más aún cuando la economía mundial está en ruinas y el precio del petróleo y las materias primas que exporta Ecuador bajan cada vez más. Sin un Congreso activo, no ha habido actividad legislativa en más de tres años. Ahora que tiene todas las herramientas a su disposición, Correa tiene la obligación de definir de una vez por todas qué futuro quiere para su país.



* Gabriela Perdomo es periodista e investigadora para el centro de estudios de opinión pública Angus Reid Global Monitor (www.angus-reid.com).























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