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Opinión

  • | 1984/10/22 00:00

    EL EJERCITO: NUEVA CARA

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Ellos dicen que no es que el Ejército haya cambiado.
Que el Ejército no puede cambiar, porque lo que cambia son los gobiernos. Sin embargo la opinión pública no ha dejado de percibir un cierto cambio, como si el ejército colombiano se hubiera propuesto limpiar su fachada para modificar la forma como usualmente lo había visto el país: serio, solemne, mal interlocutor y lleno de unos hombres uniformados que en alguna época parecían como si sonriendo se expusieran a bajar unos grados de rango, o a perder ciertas posiciones estratégicas.
Desde luego el Ejército colombiano continúa siendo serio, solemne, y pésimo interlocutor. Pero los hombres uniformados han comenzado a sonreir, y se han convertido en presencia obligada de muchos cocteles sociales, donde uno puede encontrárselos tomándose unos tragos, dejándose echar chistes, permitiendo que les hagan preguntas irreverentes, y lazándoles ingeniosas flores a las señoras.
Una de las razones de este cambio se debe, pienso yo, a que los militares descubrieron la utilidad de las relaciones públicas, campo que en el pasado consideraban seguramente vergonzosa aberracion de los civiles. Alguien, parece ser que el General Landazabal, resolvió que ya era hora de que el Ejército tuviera su Ivonne Nichols. Y para ello se trajeron directamente del Magdalena Medio o sea de la "caldera del diablo", al coronel Manuel José Bonnet, actual jefe de la oficina de Prensa del Ejército, que en pocos meses ha logrado la hazaña de caerle bien a casi todos los periodistas del país. Si bajo el gobierno de Turbay alguien hubiera hablado de la posibilidad de que un coronel del Ejército le dijera "Enrique" a Enrique Santos Calderon, y discutiera con Juan Gossaín sobre cometas barriletes, minimo habrla sido tomado por loco o por belisarista. Ahora, más de 24 meses después, el coronel Bonnet ha logrado pintarle una cara amable al Ejercito, con una política de puertas abiertas a la prensa, que funciona más o menos como sigue: el periodista que visita a Bonnet en su oficina sale convencido de que lleva los bolsillos llenos de "chivas". Sin embargo, cuando va a escribir el articulo, se encuentra con que en realidad no tiene ninguna, y comprende que lo que estuvo haciendo durante las dos horas anteriores fue "echando una carreta rica" con el coronel Bonnet.
Pero donde es aún más significativo el esfuerzo del Ejército por cambiar la percepción que de el tiene el país es en el caso del general Vega Uribe. Pareceria como si quien ocupó el cargo de comandante de la BIM en el gobierno de Turbay y quien hoy hace antesala en el ministerio de Defensa, fueran en realidad dos personas distintas que únicamente se han prestado con generosidad el uniforme. Vega Uribe, quien hace escasos dos años, era identificado con delicadas denuncias sobre violación de derechos humanos, dejó colgado en el cambio de gobierno su piel de lobo, y poco a poco, con paciencia y perseverancia, ha ido cubriendo su uniforme con plumas de paloma.
Se dice que no da un paso sin consultar con un equipo de abogados (entre los cuales estaría un funcionario de la Procuraduria), con el objeto de que su imagen publica no sufra ningún descalabro. Hasta ahora el gobierno ha tenido que reconocer que su conducta, frente al proceso de paz, ha sido de prudente obedicencia.
La pregunta es ahora si la inteligente estrategia de Vega, equiparable con cualquier campaña presidencial, culminará realmente colocándolo en el ministerio de Defensa, o si mas bien Belisario optará por atravesarle en el camino a un ministro civil, como no son pocos los que lo consideran factible.
Algo seguro es que Belisario ya debe tener tomada esta decisión entre pecho y espalda. Y si de conveniencia se trata, no hay duda de que seguramente preferirá nombrar a Vega su Ministro, primero porque Vega ha demostrado que aspira, que aspira con ganas y que no aspira gratuitamente, y segundo porque es posible que B.B. haya visto la ventaja de tener a la que podría llamarse "línea dura" del Ejército, comprometida oficialmente con el proceso de paz, en lugar de tenerla como socio no capitalista, excluido de los nudos del poder.
Por lo pronto, los lamentables quebrantos de salud del General Matamoros le han permitido al General Vega probarse como Ministro. Sus salidas han sido seguras y prudentes, sin que ello signifique de manera alguna que haya perdido su firmeza de antaño o que esté dispuesto a hacer concesiones frente a lo que él cree que debe ser el papel del Ejército en la actual coyuntura del país.
De cualquier manera, el hecho de que sea factible percibir con tanta claridad la cuidadosa campaña que adelanta el General Vega en pos del ministerio de Defensa indica algo tan positivo como que las relaciones entre loc militares y el gobierno se estár haciendo de frente, sin tapujos sin lugar a equívocos. ¿O es que acaso quien aspira a un determinado cargo accedería a someter se a las reglas de juego constitucionales si hubiera vislumbrado la posibilidad de escalar más arriba por la fuerza?-
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