Jueves, 2 de octubre de 2014

| 2013/08/10 00:00

El elefante andino

Casi cuatro años después de acudir a las urnas todavía no sabemos qué es o cómo funciona el parlamento andino.

Foto: SEMANA.

La mayoría de los colombianos no sabe todavía qué es o cómo funciona el tal parlamento andino. Han pasado casi cuatro años desde cuando acudimos a las urnas dizque para escoger cinco personajes que nos representaran en esa venerable institución y hasta el sol de hoy poco o nada conocemos de su existencia.

Lo paradójico del asunto es que en menos de siete meses estaremos acudiendo a las urnas para elegir senadores, representantes a la cámara y, una vez más, parlamentarios andinos, ignorando todo lo que nos cuesta mantener este último esperpento burocrático que no sirve para nada.

Y es que los parlamentarios andinos sesionan cuando les da la gana, viajan por montón como muestra de la “integración política entre nuestros pueblos hermanos” y gracias a la Ley 1157 de 2007, son elegidos por voto popular y ganan tanto como un senador de la república, a pesar de que sus decisiones no obligan a nadie y son apenas costosos saludos a la bandera.

¿Sabrán los lectores que con dinero de nuestro bolsillo se subvenciona el parlamento más inútil y vergonzoso del mundo? Quizá no.

Con unos 23 millones de pesos de ingreso mensual, una prima anual de servicios que supera 11 millones y otra prima de navidad por 23 milloncitos, cada parlamentario andino nos cuesta al año algo más de 313 millones de pesos.

Como son cinco ilustres burócratas, multipliquemos la anterior cifra y elevémosla a cuatro años de ‘servicio abnegado a la patria’ para concluir que nos hemos gastado 6.260 millones de pesos solamente en sueldos de los parlamentarios, sin contar otras prebendas a las que tienen derecho.

Como si fuera poco, Colombia aceptó desde hace años ser la sede del parlamento andino y, creyéndonos los ricos del barrio, aceptamos pagar todos los gastos administrativos en nombre del resto de países que componen la comunidad andina de naciones. Por ejemplo, en el 2012, tuvimos que desembolsar por ese concepto 3.411 millones de pesos y este año ya llevamos 3.514 millones despilfarrados en el funcionamiento de la oficina central del innecesario parlamento andino.

Por eso en el 2010, junto con un grupo significativo de ciudadanos, invitamos a votar en blanco en esas elecciones para manifestar nuestro descontento con este derroche sin sentido.

Los inconformes ganamos porque el voto en blanco obtuvo más sufragios que cualquier lista de partido alguno, pero el Consejo Nacional Electoral y el Consejo de Estado, pasándose por la galleta la reforma política del 2003, dijeron que el voto en blanco debía obtener la mayoría ‘absoluta’ en una contienda para ser tenido en cuenta.

Con una comunidad andina saturada de instituciones resulta increíble que nadie en nuestra diplomacia se haya ocupado de cuestionar la inutilidad del parlamento andino.

Si tuviéramos una cancillería menos derrochona, seguramente ya se habría impulsado un proyecto para derogar la Ley 1157 y volver al esquema anterior, que consistía en que senadores activos nos representaban sin cobrar un peso de más por sus funciones como parlamentarios andinos.

Es hora de protestar. ¿Volveremos a validar en las urnas el inútil y costoso parlamento andino? Presidente Santos, canciller Holguín, voceros de los partidos políticos: queremos conocer sus opiniones sobre este gigantesco elefante andino.


Twitter: @JoseMAcevedo

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