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Opinión

  • | 2008/11/01 00:00

    El elefante que pasó por Wall Street

    Con la nariz pegada a las ventanas de la Quinta Avenida, donde viven los ejecutivos de los bancos que quebraron, los periodistas no hicieron su trabajo.

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Un personaje memorable de Monty Python – el grupo de humoristas ingleses de los setenta – es el ‘El Obispo’ (The Bishop), un superhéroe con un pequeño inconveniente: siempre llega tarde a la acción y nunca logra su cometido. Y siempre llega más tarde que la vez anterior y siempre dice lo mismo, preocupado: “Llegamos muy tarde…”. No salva a la chica, no desactiva la bomba, no impide el desastre. Algo similar parece estar sucediendo con los medios de comunicación. Como pasó con el ataque a las Torres Gemelas, la guerra de Irak y las masacres estudiantiles, ahora el periodismo norteamericano se pregunta si llegó muy tarde para anticipar la caída de Wall Street.

Varios críticos comenzaron a hacer el recuento de elefantes que pasaron por Manhattan y Washington sin que nadie los viera. Entre otros, los controles que levantó el gobierno de Bush; los intentos fallidos de algunos estados por controlar el sistema predatorio de créditos hipotecarios, y la endeble evaluación de los bonos que respaldaban las operaciones y, en últimas, sostenían la burbuja. Elefantes que caminaron por las calles y que ningún periodista vio – o muy pocos, para ser exactos –.

Una primera explicación que se ofrece – más a manera de crítica – es la cantidad de tiempo que la prensa le dedicó a las elecciones presidenciales en detrimento del desplome financiero. Según un monitoreo del Centro de Investigación Pew para la Excelencia en el Periodismo, de Estados Unidos, en los primeros seis meses de 2008 la economía tuvo un 8 por ciento del cubrimiento; la guerra en Irak, 3 por ciento y las elecciones presidenciales, 37 por ciento (se exceptúan los diarios financieros especializados). Cifras aparentemente lógicas si tenemos en cuenta que es un año electoral en una coyuntura muy polarizada, pero menos dignas si recordamos que se fueron ríos de tinta hablando de los vestidos de Sarah Palin y los años de estudiante de Obama.

Las críticas no paran ahí. Eric Boelhert, del portal Mediamatters.org, afirma que la prensa se enamoró del glamour de Wall Stret. Por tener la boca abierta y la nariz pegada a las ventanas de la Quinta Avenida – donde viven los ejecutivos de los prestigiosos bancos que quebraron –, los periodistas no hicieron su trabajo. Howard Kurtz, del ‘Washington Post’, cita como ejemplo un artículo de la revista ‘Fortune’ en 2006 titulado, “Sobre cómo Dick Fuld convirtió Lehman en una máquina”. La misma máquina que el mismo Fuld llevó a la quiebra el mes pasado.

La defensa de los periodistas también se pone sobre la mesa. Cubrir temas económicos y financieros no es tarea fácil. La jerga técnica convierte la economía en una ciencia esotérica, y frente al ego intelectual de economistas, administradores y ministros, los periodistas terminan reducidos a copistas de verdades reveladas.

Si a ello se suma lo complicado que puede ser hurgar información de grandes corporaciones (en parte por la nociva cercanía entre éstas y las empresas periodísticas), al final del día lo único que quedan son los datos oficiales. Cifras filtradas por grupos de cabildeo, manipuladas políticamente y aderezadas con la palabra “confianza”. El mercado, se sabe, es susceptible como el temperamento de un niño, y nadie quiere tener la culpa por desestabilizarlo. Una seguidilla de malos titulares sobre la economía equivalen –dicen algunos – a gritar “¡fuego!” en un teatro repleto.

La experiencia norteamericana debería servirnos para algo. Por poner un ejemplo – y hago la salvedad de que soy lego en estos temas – en Colombia venimos oyendo el término “confianza inversionista” desde hace años (que el presidente Uribe repite religiosamente cada vez que habla), pero pocos medios de comunicación se ha tomado el trabajo de desempacar esas palabras y hablar de las implicaciones que tienen. ¿Qué reformas incluye?, ¿de qué presupuestos parte?, ¿cómo se evalúa?

La investigación del Centro Pew finaliza con una conclusión sobre el cubrimiento periodístico de la economía en Estados Unidos en el último año: “El resultado es la imagen borrosa de un elefante. Un elefante fotografiado por partes y en diferentes momentos; una imagen construida por pedazos que se unieron cuando éste ya se había ido”.

* Director de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP)
carlos@flip.org.co
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