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Opinión

  • | 2006/09/23 00:00

    El ELN: la paz posible

    Luis Eduardo Celis Méndez afirma que a pesar de que la opinión pública no ha visto avances en la negociación con el ELN, el proceso sí va para adelante porque esta organización guerrillera está entusiasmada con los resultados del Polo.

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El ELN y el gobierno Uribe iniciaron hace un año un proceso de acercamiento que permitió tres rondas formales de diálogos en La Habana y un intercambio fluido de propuestas con la participación de España, Noruega y Suiza como países facilitadores. El ELN se “embarcó” en este proceso distanciándose de un acuerdo con las Farc, firmado en 2003, en el cual se comprometían a no desarrollar ningún acercamiento y mucho menos diálogos, con un gobierno al que calificaban de derecha pura. Más audaz aún fue iniciar este acercamiento en pleno proceso electoral.

El ELN ha sufrido de manera lenta un cambio en su concepción política, centrada en la construcción de un poder militar para imponer su proyecto de sociedad, y de manera gradual ha valorado la acción social y la convergencia con otros esfuerzos de transformación social. Esto explica porqué cada vez se acerca más a una mesa de negociaciones y a la búsqueda de un acuerdo político para ponerle fin al alzamiento armado.

El avance de la izquierda civilista, agrupada en el Polo Democrático y sus importantes éxitos en los últimos tres años, iniciando por el triunfo de Luis Eduardo Garzón en Bogotá y la derrota al Partido Liberal en las elecciones de mayo, son datos políticos que el ELN ha analizado con detenimiento. Este panorama es el que hoy tiene al grupo guerrillero mirando que el camino de la acción política que convoque fuerzas sociales y ciudadanas para la transformación pasa por los votos y no por las balas.

Esta semana el ELN hizo públicas las conclusiones de su IV Congreso realizado en julio pasado. Son muy importantes las decisiones allí tomadas. Manifestaron que su acción y esfuerzos estarán centrados en trabajar porque “Colombia debe marchar hacia la construcción de un nuevo gobierno, de nación, paz y equidad”. Gobierno es lo que el ELN quiere ser, y quizás analice que los vientos de izquierda en América Latina pueden llegar a Colombia, como hoy se viven en Chile, Uruguay, Venezuela, Brasil, Bolivia y Panamá.

Pero llegar a la construcción de un acuerdo político para ponerle punto final a la guerra entre un grupo de rebeldes que soñaron con poner “patas arriba” el viejo orden y construir una sociedad al tamaño de sus sueños llenos de utopías y transformaciones radicales, y un gobierno de derecha como lo es el del presidente Uribe, que representa lo más excelso del “establecimiento”, no será fácil. Se requiere ceder de lado y lado. Unos ceder en su maximalismo, el ELN, y el otro ceder en su “michicatería”, el gobierno.

Agenda hay y mucha. Los temas del desarrollo regional, las políticas públicas para superar la pobreza, el régimen de partidos, el endeble sistema electoral que no da garantías en la contienda, el excesivo control y monopolio sobre los medios de comunicación. Algunos temas bien pueden ser parte de una agenda de reformas a pactar entre el gobierno y el ELN con participación social, pero nuevamente volvemos al punto, hay que tener ánimo de ofrecer por parte del gobierno y disposición de pactar por parte del ELN.

La próxima ronda de La Habana es decisiva. Allí hay que avanzar en la definición de una agenda común que permita la construcción de un pacto y los mecanismos para solventar las crisis y lograr la participación social. Sobre todo lograr crear las condiciones para distensionar la relación ELN-gobierno, lo que implica discutir y concertar un acuerdo político de contenidos humanitarios que incluya los temas de secuestro, desplazamiento, minado, reclutamiento de menores y las condiciones de reclusión del numeroso grupo de presos del ELN.

El ELN ha emprendido el camino de la solución política, distanciándose de las Farc, lo cual le ha costado de momento que esta guerrilla agresiva y sin talanqueras de ningún tipo se les abalance en Arauca, causándole más de 200 bajas en su fuerza y agreda las comunidades campesinas donde hace presencia el ELN. Pero todo parece indicar que muy a pesar de la oposición de las Farc el ELN quiere construir un pacto de paz, no a cualquier precio, sino un pacto que le permita salir por una puerta digna de la guerra, en su condición de fuerza no victoriosa pero tampoco vencida.

Hay temas gruesos que vendrán en este proceso, que requerirán de mucho análisis, debate y concertaciones entre ELN y gobierno con la activa participación del Congreso de la Republica, los partidos políticos y la pluralidad de organizaciones sociales y comunitarias comprometidas con la superación de la guerra. Coloco sólo uno en la mesa, ¿cuál va a ser el tratamiento de verdad, justicia y reparación que recibirá el ELN? Gran tema sobre el que ya se pronunció el presidente Álvaro Uribe –en reciente entrevista con la revista Cambio– en términos de: “un proceso de paz con el ELN o las Farc va a necesitar una legislación totalmente benigna. Lo que hoy parece benévolo con los paramilitares, sería tan duro frente a las Farc o el ELN que frustraría cualquier proceso con ellos. Y eso va a llevar a que los paramilitares pidan el mismo tratamiento. Esto hay que decírselo al mundo con claridad y anticipadamente. Colombia y la comunidad internacional tienen que estar preparadas para ello. Afirmación llena de contrasentidos en un mundo que ya no acepta ni indultos ni amnistías ante crímenes de guerra y violaciones al Derecho Internacional Humanitario.

En este punto de justicia, igualmente se manifestó Antonio García esta semana, planteando la aspiración de lograr indultos y amnistías para el conjunto del ELN, punto polémico que deberá ser discutido y debatido en un momento muy adelantado de las negociaciones, si no se quiere echar al traste con ellas, la fórmula puede ser equilibrar reformas sociales, políticas y económicas, con las responsabilidades en verdad, justicia y reparación que deben acometer el gobierno y el ELN.

La paz con el ELN no está cerca. Es posible si la guerrilla, el Estado y la sociedad sabemos construir un pacto que haga posible ponerle punto final al alzamiento armado, y seguimos contando con la decidida participación de la comunidad internacional, a la que es deseable que se sumen la Unión Europea, la ONU y la OEA.


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