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Opinión

  • | 2012/10/27 00:00

    El empate

    ¿Qué pasaría si el empate se reflejara en los votos electorales? El desenlace previsto por las normas parece creado por Woody Allen.

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Hasta hace un mes casi nadie dudaba de la reelección del presidente de Estados Unidos. Incluso algunos fervorosos republicanos reconocían –a regañadientes– que Obama ganaría por un margen estrecho, pero ganaría. Aunque los indicadores económicos estaban en su contra, Obama había hecho un buen trabajo para mostrar modestos repuntes como el fin de la crisis, heredada en buena parte de su antecesor republicano.

Joe Biden, el compañero de fórmula del presidente demócrata, acuñó una frase afortunada para resumir la gestión de Obama en materia de economía y seguridad nacional: “Osama Bin Laden está muerto y General Motors sigue viva”.

La leve ventaja y la sensación refrescante de estar corriendo más contra él mismo que contra un oponente, se están devolviendo contra el presidente en la recta final.

Obama, quizás convencido de que era mejor no arriesgar, venía caminando a media marcha hasta el día en que se estrelló con el primer debate presidencial. No fue que dijera nada especialmente torpe, tampoco nada brillante, simplemente fue pasivo en cuerpo y habla esperando que su contendor pagara el desgaste de enfrentarlo.

Como la expectativa estaba a su favor –y en contra de Mitt Romney– la decepción fue proporcional. Un Obama, empeñado en parecer ecuánime, terminó luciendo desganado en el primer cara a cara con su contendor.

Romney tampoco hizo nada especialmente bien, simplemente habló con firmeza aunque no todo lo que dijera fuera cierto. Como tanta gente esperaba que resultara apaleado, y no fue así, terminó saliendo en hombros del combate.

Fue un debate más bien mediocre y aburrido pero ya muchos lo califican como el más influyente de la historia. En 48 horas cambió la intención de voto de muchos indecisos y equilibró la balanza. De poco ha servido que Obama haya ganado los otros dos debates. Un empate técnico con ligera ventaja para Romney está sobre la mesa a pocos días de la votación.

Las encuestas de intención de voto que se conocen todos los días y que muestran un consistente empate, no deberían ser necesariamente reflejo del resultado final. Sin embargo, esta vez pueden llegar a serlo.

Como muchos de ustedes saben en Estados Unidos la gente no vota directamente para elegir presidente. Lo hacen para elegir delegados a colegios electorales representativos de cada uno de los 50 estados, en proporción a su población. Quien gana en cada estado se lleva todos los ‘votos electorales’ del estado. El candidato que obtenga 270 de esos votos se convierte en presidente de Estados Unidos.

La elección más apretada ocurrió en el año 2000. El candidato demócrata Al Gore ganó el voto popular pero perdió la elección frente a George W. Bush. Este último logró la presidencia después de ganar los votos electorales de la Florida, por una discutida diferencia de apenas 537 votos populares.

En esa ocasión Bush obtuvo 271 votos electorales contra 267 de Gore.

A la hora de escribir esta columna varios expertos empiezan a preguntarse ¿qué pasaría si el empate persistente se reflejara en los votos electorales? Es decir, si tanto Obama como Romney alcanzaran 269 votos electorales.

No ha sucedido en más de 200 años. La probabilidad es remota –pero posible– y el desenlace previsto por las normas parece creado por Woody Allen.

Si llegara a pasar correspondería a la Cámara de Representantes de Estados Unidos elegir al Presidente; mientras el Senado escogería al vicepresidente. Como la mayoría de la Cámara es republicana y la del senado es demócrata, el resultado sería bien curioso: Mitt Romney sería el presidente de Estados Unidos y Joe Biden, el vicepresidente.

Dos hombres que se detestan quedarían obligados a coexistir por cuatro años en la cima del poder.

Si no pasa algo nuevo y definitivo antes del martes de la semana entrante, Estados Unidos va a necesitar asesoría colombiana.
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