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Opinión

  • | 2000/11/20 00:00

    El encuentro internacional sobre paz

    Expresamente el encuentro concluyó en la urgencia de que en el más breve plazo se convengan acuerdos humanitarios, de aplicación inmediata y verificables.

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EL ENCUENTRO INTERNACIONAL SOBRE PAZ, DERECHOS HUMANOS Y DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO DE SAN JOSE DE COSTA RICA



* Ministro de Desarrollo Económico



Aun antes de comenzar su gobierno, el Presidente de la República propuso una política de paz sustentada en la participación amplia, democrática y activa de todos los sectores políticos, económicos y sociales del país. Así lo hizo, consciente de que el compromiso nacional es fundamental para garantizar la estabilidad y solidez del proceso de paz, y como criterio de legitimación del proceso de diálogo y de los acuerdos que surjan de la mesa de negociación con la insurgencia.

El Encuentro Internacional que realizamos en Costa Rica permitió ratificar esa voluntad y decisión del gobierno, al propiciar un debate con importantes sectores de la vida nacional y con representantes de la comunidad internacional sobre la paz, los derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario. Fue significativa la presencia del ELN en ese auditorio, en el que, como estaba previsto y fue reconocido en su declaración final, se pudo dialogar además, en forma franca, abierta y constructiva, sobre los efectos del narcotráfico en la vida del país, la situación económica, el desarrollo rural y la cooperación internacional, todo ello en el marco de la búsqueda de la paz.

Como lo expresa claramente el comunicado conjunto final, el Encuentro ratificó la adhesión y el compromiso de todos los participantes con la solución política y negociada del conflicto armado, así como el respaldo a los procesos que se adelantan tanto con las Farc-EP, como con el ELN. Se confirmó una vez más que la sociedad colombiana ha optado por las vías pacíficas para la obtención de la paz, que rechaza la violencia como medio de acción política y que su mayor exigencia a los grupos armados ilegales es ponerle fin de manera inmediata.

Pero del mismo modo, y como desde el comienzo del proceso lo ha manifestado el gobierno, no quedó duda del reclamo de la sociedad colombiana y de la comunidad internacional sobre la importancia del respeto al Derecho Internacional Humanitario. Expresamente el encuentro concluyó en la urgencia de que en el más breve plazo se convengan acuerdos humanitarios, de aplicación inmediata y verificables, que permitan poner en práctica las obligaciones que en esta materia tienen los combatientes. Es alentador que el ELN se haya comprometido a ello de manera expresa, y el gobierno y la sociedad confían que esta vez cumplirá su palabra.

La política de paz previó expresamente la participación de la comunidad internacional en las diversas fases del proceso de paz, tanto en sus aspectos políticos, como en los sociales, humanitarios y económicos. El Encuentro confirmó esta importancia, al valorar su presencia en el marco de la soberanía, la participación democrática y el desarrollo social y al solicitarle la continuación de su solidaridad y su cooperación en los esfuerzos de pacificación nacional.

La reunión permitió también refrendar el compromiso nacional en el combate contra el narcotráfico y los enormes sacrificios que el país ha hecho para erradicarlo. Allí se reconocieron una vez más sus funestas implicaciones en la vida del país y en el incremento de la violencia, a la vez que se reiteró la necesidad de enfrentarlo bajo el principio internacional de la responsabilidad compartida.

Hubo en Costa Rica una coincidencia de posiciones sobre las graves repercusiones que tiene la siembra de cultivos ilícitos y el reconocimiento de que la falta de opciones ha llevado a muchos campesinos a vivir de esta actividad. Por lo tanto, también hubo convergencia sobre la necesidad de privilegiar su solución mediante programas de desarrollo alternativo rentables y sostenibles, convenidos con las comunidades y que tengan como punto de partida la erradicación voluntaria de estos cultivos. El gobierno pudo reiterar que el Plan Colombia, sus programas y la mayor parte de sus recursos, se enmarcan en esta perspectiva social, al igual que su invitación a las comunidades y a los sectores sociales a estrechar el trabajo conjunto en esta materia, a continuar intercambiando opiniones, a realizar un seguimiento de las acciones, y a comprometerse con la ejecución de programas y proyectos de desarrollo alternativo, tal y como ha sido previsto.

Desde luego en el Encuentro Internacional hubo serios disensos, en particular muchas críticas sobre el llamado Plan Colombia al cual muchos asistentes atribuyeron un carácter eminentemente militarista a pesar de las explicaciones del gobierno sobre la integralidad del apoyo financiero de la comunidad internacional a la escasa participación que tiene el componente militar en el conjunto del proyecto (un poco más del 8 por ciento).

El disenso se mantuvo no obstante la demostración del gobierno que con este concepto se varía la política tradicional de Colombia llevada a cabo en los últimos 15 años encaminada sólo a la interdicción por la vía de la fumigación. Ahora se trata de establecer alternativas reales para que los pequeños campesinos puedan integrarse a la vida legal con producciones lícitas y remunerativas. Se privilegia el combate contra las partes más importantes de la cadena productiva (laboratorios, comercio, precursores químicos y lavado de dinero) y se reserva la fumigación estrictamente para las grandes plantaciones con sistemas que no dañen el medio ambiente.

En consecuencia, puede concluirse de la reunión de Costa Rica que los grandes componentes de la política de paz permanecen firmes y gozan de amplio consenso nacional, y que se viene cumpliendo el objetivo gubernamental de lograr que la paz sea producto de una política de Estado, nacional y permanente, y no tan sólo del esfuerzo de una administración. Por eso el gobierno reconoce los beneficios de este Encuentro y está decidido a seguir promoviendo reuniones y consultas que amplíen la participación y la representatividad de la sociedad, animado por el interés de que no queden colombianos sin expresar sus puntos de vista y opiniones sobre la paz y el desarrollo nacional.
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