Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1995/03/13 00:00

EL ENREDO RAAD

Detrás de la caída de Raad Gomez, como él mismo prefiere referirse a él mismo, tambien quedó salpicado el ministro de Obras, Juan Gómez Martínez

EL ENREDO RAAD

DON EDUARDO RAAD GOMEZ, O SIMplemente Raad Gómez, como él se refiere a sí mismo en momentos en que todos los demás mortales hablarían de 'yo', no es simplemente un funcionario que se cayó de la Aeronáutica Civil por chantajear a una aerolínea y luego por mentir.
Raad Gómez brincó de la jefatura regional a la dirección nacional de la Aeronáutica Civil, no obstante la pésima calificación de funcionarios fiscalizadores del propio organismo, quienes dejaron consignado en un documento que había que ponerle ojo a la forma como este funcionario ejecutara en el futuro sus presupuestos.
Pero no pasó nada. O mejor dicho, sí pasó: lo ascendieron a director nacional de la entidad, sin que nadie, nadie en el gobierno se tomara la mínima precaución de revisar su hoja de vida. No la de hace 20 años, o 10, o cinco. Sino la de siete meses hacia atrás, para constatar si un hombre escogido para hacer lo más, había sido antes capaz de hacer lo menos. Y precisamente en la misma entidad no en otra.
Pero lo importante de Raad no era si podía o no ejercer el cargo, sino si podía o no representar una cuota conservadora y regional en el gobierno, en un cargo como la Aeronáutica, tan apetecido porque se parece muchísimo a un avión en dos cosas: en que está llena de puestos y sirve para viajar, como logró comprobarlo Raad Gómez durante su corto período al frente de la entidad. Esto, mientras la inseguridad aérea se incrementaba y la infiltración del narcotráfico en todas las órbitas del organismo se consolidaba.
Pero el propósito de esta columna no es caerle a Raad Gómez, ficha insignificante en todo este embrollo. Es más bien reflexionar sobre la responsabilidad que le cabe al sistema en que hombres sin la calificación profesional ni moral necesaria para ejercer cargos de tanta responsabilidad como el de dirigir la Aeronáutica, accedan a ellos. Si yo fuera el Presidente, revisaría cuidadosamente el proceso que llevó al ascenso de Raad Gómez. Vetaría a quienes me lo recomendaron, ajustaría el computador de hojas de vida de Palacio y establecería cuáles son las prioridades del sistema: si procurar que los colombianos viajen seguros por los cielos del país, o complacer los apetitos burocráticos de los distintos grupos políticos y de las regiones.
Pero detrás de Raad Gómez hay más. El ministro de Obras Públicas, Juan Gómez Martínez, también ha quedado salpicado en el enredo. Acepta haber tomado el avión del Ministerio de Obras para viajar "en representación del gobierno" al homenaje de Raad. El viaje de Gómez Martínez en el avión adscrito a su Ministerio constituye una perla más del collar que este funcionario ha ido ensartando desde cuando llegó al gabinete de Samper, en el que se ha desempeñado como un funcionario gris, inseguro, dubitativo, con la mente puesta muy lejos de su cargo. Sobre Gómez Martínez recaen serias sombras burocráticas que él solo se ha dignado despejar con el argumento de que su jefe político es Fabio Valencia Cossio, en términos bastantes desobligantes para con el Presidente que lo ha llamado a su lado a que lo ayude a gobernar. Como contribuyente, exijo que el doctor Gómez Martínez revise mejor el propósito de sus viajes en el avión del Ministerio de Obras, o que los pague, como hizo el presidente Gaviria, cuando también viajó en el avión presidencial a un homenaje que le hacían a su señora.
Por último, es de anotar que en el homenaje a Raad Gómez, constituye una constancia el hecho de que prácticamente todos los asistentes viajaron gratis. El contralor, David Turbay, también se desplazó a Cúcuta pagado por nosotros, los contribuyentes, a través de un pasaje de la Contraloría. El alega que ese día, casualmente. tenía trabaio en Cúcuta, y que al finalizar el día "aceptó una invitación de las fuerzas vivas" de la región para unirse a este homenaje. Mala disculpa. El Contralor debe proponerse controlarse primero a sí mismo, y luego a los demás.
Queda el caso del jefe político de Raad Gómez y de Gómez Martínez, Fabio Valencia Cossio, a quien admiro precisamente por las cosas que los demás le critican: por ser un politiquero, que es a lo que se llega cuando se es dueño de un considerable número de votos en el país. ¿Valencia Cossio pagó su pasaje? Le queda a su conciencia definir qué tanto le aportó a su labor legislativa el homenaje en Cúcuta. Y. sobre todo, si le quedaron ganas de seguir asistiendo a homenajes.

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