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Opinión

  • | 1994/05/30 00:00

    EL ERROR DE SAMPER

    Y hablando de los errores de imagen, ¿que tal las cuñas que acaba de inaugurar Pastrana por televisiòn?

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CUANDO ME ENTERE DE QUE POR obra de la genialidad periodística de Julio Sánchez Cristo, Samper y Pastrana habían aceptado responder preguntas simultáneas y pregrabadas en el programa 'Panorama', recordé de inmediato una frase de alguien: "Esta campaña está prácticamente empatada. De aquí en adelante el juego se llama no cometer un error".
Y la recordé, porque sin haber visto el programa, concluí que Samper había cometido su primer gran error. El formato del debate de Panorama (impuesto por los candidatos, y no por el periodista, por supuesto) era el único de los formatos posibles de un debate por televisión que Ernesto no podía haber aceptado. No se debió jamás permitir que al carisma y a la habilidad de Andrés ante las cámaras, en lo que Ernesto se encuentra en clara desventaja, se sumara la posibilidad de que el candidato conociera las preguntas cón antelación, para responderlas con premeditación. En un esquema de debate directo y espontáneo, una pregunta como la de Fabio Echeverri, de alto turmequé económico, habría sido mejor respondida por un Samper que lleva años lidiando el tema, que por un Andrés que, en un esfuerzo por prepararse, hizo una reciente especialización en Harvard, a pesar de la cual, seguramente consciente de su inmediatez en el tema, se ha sabido rodear de excelentes asesores económicos como Ramírez y Moreno. Los 'Luises', ambos ex ministros del actual régimen, influyeron, desde luego, en la preparación de las respuestas de su candidato. Pero en cambio, no hay asesor existente que pueda cambiar la imagen que Ernesto proyecta por televisión, así varias de sus respuestas hubieran sido mejores y más profundas que las de su adversario.
El caso me recuerda la anècdota del debate Kennedy-Nixon. Citados temprano en el escenario de los acontecimientos, Nixon llegó lleno de fólderes y de libros que se dedicó a estudiar hasta el último minuto previo a la confrontación. Kennedy, en cambio, pidió que le permitieran subir a la terraza a broncearse un poco. Y por la tarde -no miento, léanlo en el documento que se reproduce en este ejemplar de SEMANA- pidió que le llevaran a una mujer. Así, mientras Nixon leía, Kennedy amaba. El resultado ya lo sabemos todos. Una imagen que le garantizó la Presidencia.
Esa imagen es el común denominador de los debates políticos. Podríamos definirla como un collage de percepciones selectivas conscientes e inconscientes que la audiencia sustrae de las pistas físicas y verbales que entregan los candidatos. Tener buena imagen en televisión, sin embargo, como es el caso de Pastrana, no es necesariamente un gesto de superficialidad. Desde hace 2.500 años Aristóteles dijo que a un orador lo marca la facultad de descubrir, en cada caso particular, los métodos necesarios para persuadir. De ahí la necesidad de que el candidato se adapte al medio de comunicación que esté utilizando. Y no hay duda de que la televisión, particularmente por el close up que hace sobre el candidato, acentúa la información de imagen.
Pero la imagen no debe mentir. Tiene que haber un equilibrio entre la comunicación verbal y no verbal del candidato. En el caso de Ernesto, hubo varios detalles que enviaron mensajes contradictorios. Una ventana por la que se traslucía la luz del día, mientras el candidato saludaba a su contendor con un "buenas noches". Una bandera de Colombia que parecía ubicada a la fuerza. Y una risita que le ha dado por hacer que le sale forzada casi siempre. Lo más triste es que no la necesita, porque Samper es un hombre espontáneo y simpático por naturaleza.
En contraste, Andrés estaba en una sala, quizá la de su casa, rodeado de una leve penumbra vespertina donde un "buenas noches" sonaba apenas natural. Le dijo a la gente exactamente lo que todos queremos oír de Cuba, de la educación de nuestros hijos, de la indecisión de la guerrilla, y de la apertura de los partidos y del espacio político.
Pero incluso la imagen de Andrés en televisión tiene sus caídas. ¿Qué tal las cuñas que acaba de estrenar, en las que aparece forzadamente rodeado de un grupo de estudiantes que simulan no inmutarse con la presencia del candidato presidencial que prácticamente les pasa por encima en su claustro universitario? Eso es lo que se llama enviar señales contradictorias. Si Andrès se aparece en una universidad, y no logra, con su mensaje gritado, que los estudiantes levanten los ojos de sus libros de texto, es un candidato incapaz de conmover al electorado nacional. (Asesores: ¡cuidado con esa imagen!).
Tampoco hay identidad con el escenario. Quiere transmitir la imagen de un hombre joven, pero vestido como Alfonso López Michelsen. Y en contraste con los comerciales de Ernesto, de gran factura cinematográfica, la técnica de los comerciales de Andrés parece de Jurassic Park.
Retomando el tema del debate de Panorama, Samper ya cometió su primer gran error al aceptar un esquema que claramente le convenía más a su adversario. El segundo podría ser el de continuar rehuyendo el debate televisado en vivo y en directo, sobre la falsa premisa de que los candidatos que van ganando no debaten. El tercer error podría ser el de decidir hacerlo demasiado tarde.
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