Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/05/09 00:00

El eterno femenino

Nos encanta el vino, nos priva perfumarnos -el favorito sigue siendo Chanel, y no digo cual por que las mujeres somos muy copietas.

El eterno femenino

Interesantísima, y no porque aparezca muy generosamente mencionada (o mejor: también por eso), la encuesta de la última revista Credencial. ¿Cómo es la 'siquis' de las mujeres más poderosas de Colombia? Bajo la batuta del director de Portafolio, Mauricio Rodríguez, el Centro Nacional de Consultoría entrevistó a 300 ejecutivas, 226 de la empresa privada, 15 del gobierno, 44 de la academia y 15 independientes. Y los resultados, entre lo trascendental y lo light, son bien interesantes. Aunque el eterno femenino sigue siendo eterno, las mujeres de la encuesta muestran contrastes grandes en ciertas posiciones. El 90 por ciento de ellas se declara católica, pero las colombianas ejecutivas comienzan a verse bastante liberadas frente a temas como las relaciones prematrimoniales (las aprueban aplastantemente), el aborto (lo justifican en determinados casos), el divorcio (es una opción respetable) y la infidelidad (aceptan que la cometen y se las cometen). Las mujeres colombianas son uribistas, porque por cuenta de un complejo de Electra no superado, vemos al Presidente como padre, esposo o hijo, según la edad. Hace poco en La W entrevistamos a Uribe sobre el proceso paramilitar, y mi mamá no me dejó concentrar. Por lo menos me llamó cuatro veces a suplicarme: "Mijita, ¡no le des tan duro al Presidente!" Después de eso, ¿quién es capaz de mencionar una motosierra? Nos gustan Noemí y María Emma, porque son las mujeres contemporáneas más 'canchudas' que ha producido la política. Pero vemos en Carolina Barco a una nueva representante emergente con su discreción y elegancia. No entiendo el voto por Sabas Pretelt como el mejor ministro, como no sea porque baila muy bien. Comparto el unanimismo por la buenamozura de Víctor Mallarino, pero reparto mi voto por Vives, Samuel Azout, Ricardo Obregón, Yo José Gabriel, el ministro Carrasquilla y Jorge Mario Eastman Jr. Y eso que faltan candidatos de otros municipios. A las mujeres nos parece que lo hacemos mejor que los hombres en nuestros campos, pero si la realidad indica que solo una mujer aparece en el mayor cargo directivo de las 100 empresas más grandes del país, se explica que la encuesta confirme la percepción femenina de que mujeres y hombres aún no tenemos en Colombia la misma oportunidad en los campos directivos, por lo menos en los de la empresa privada, y que por puestos iguales las mujeres siguen percibiendo menores salarios que los hombres. La mayoría de las mujeres defiende el matrimonio, se ha casado solo una vez y se le ha medido a la misión de tener hijos. Confirmado: las ejecutivas se la pasan haciendo dieta, yendo al gimnasio y quieren querer a su suegra, hasta el punto que la mayoría de ellas consideran a la suya un "ángel de Dios". (Exageradito, pero práctico). Mi género produce ternura: nos dan miedo la soledad, los ratones (¿por qué, por favor, si hay cosas igual de aterradoras como una cucaracha, o más aterradoras, como encontrarse vestida igual con una mujer en una comida?) No creemos que los hombres nos prefieran brutas (o no queremos admitirlo). En un acto de total honestidad nos reconocemos más machistas que los hombres. (Delicioso). Mayoritariamente hacemos el mercado del hogar, porque es que a ellos, por más buenos cocineros que sean, se les escapan las cosas más prácticas y elementales. Tratamos de intervenir en la decisión de las vacaciones para que no nos claven el 'plan chancleta'. Reconocemos que bastante a menudo nos ponen comparendos, porque siempre es mejor la multa que no llegar adecuadamente maquilladas a una cita o perder una llamada celular de los hijos, del marido, del trabajo o, peor aún, de la muchacha del servicio. Nos encanta el vino, nos priva perfumarnos -el favorito sigue siendo Chanel, y no digo cuál, porque las mujeres somos muy copietas. A las mujeres nos fascina que nos regalen libros o música, pero ese renglón va seguido muy cerquita de una joya, de un reloj de marca o de una pañoleta de seda. Ojalá los hombres ni se olvidaran de ese orden, ni lo aplicaran tan estrictamente. Cada día avanzamos más en nuestro derecho de reivindicar el manejo del control de la televisión, y no pedimos estar al frente del timón de un Mercedes pero por lo menos de un sedán. Preferimos planificar con pastillas. Pero lo más importante de toda la entrevista, mirada desde el respetable punto de vista femenino, es la confesión de que ante una depresión, la enfermedad de moda y la más aterradora, el remedio más efectivo es salir de compras. Si los hombres ya lo hubieran entendido, se estarían ahorrando una cantidad de plata en nuestros sicoanalistas. Y si física o materialmente no podemos ir de compras para controlar la depresión, lo mínimo a lo que aspiramos es a ir a la peluquería. ¿Será mucho pedir? n ENTRETANTO. Si un senador varado se inventó un impuesto para que los colombianos le montáramos su compañía de seguros, y un registrador varado montó oficina en un campamento de las Farc, ¿el desempleo no será un problema de imaginación?

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