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Opinión

  • | 2002/06/06 00:00

    El "exocet"

    Londoño tiene un estilo "volado" y muchas veces no matiza sus opiniones. Por eso su designación es desafiante para no pocos colombianos

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No hay duda: Alvaro Uribe nos demostró una vez más, con los nombramientos y fusiones ministeriales de la semana pasada, que será un Presidente de permanentes audacias y sorpresas.

Con la designación de Roberto Junguito en Hacienda (ver ?"Gabinetología", publicada en esta columna en abril 22 de este año), Uribe hizo moñona. No sólo nombró al hombre que tocaba, en el momento que tocaba, en el sitio que tocaba, sino que además arregló de entrada uno de sus mayores problemas políticos: la representación del conservatismo en el próximo gobierno. Increíble: Uribe les entregó a los conservadores el cargo más importante del gabinete, en cabeza de un godo regodo que sin embargo no está representando a su partido.

En otras palabras, Junguito no llegó ahí por godo sino por bueno. Aunque de paso cumple ambas funciones.

Pero además, dejó contentos a los más diversos representantes de las distintas escuelas económicas que viven "agarrados de las mechas" por las opciones que ofrece el manejo económico. Junguito cayó bien no sólo entre los capitalistas salvajes y los dinosaurios cepalinos, sino entre los neoliberales desalmados y los keynesianos trasnochados.

Para hacerle equipo, Uribe escogió a Juan Luis Londoño ?vuelvo a recordarles, con idéntica modestia, que su nombre también aparecía en mi "Gabinetología"? para fusionar las carteras de Salud y Trabajo. Esta es la historia de un nombramiento anunciado: a Uribe "le priva" el ritmo paisa de Londoño, y con frecuencia se le oía decir en la sede de su campaña con cierta irritación: "¡Aquí lo que necesitamos es un Juan Luis!".

Es el hombre que posiblemente sabe más del tema de empleo en Colombia. Está absolutamente consciente de los errores que se cometieron en el manejo de la economía hasta llegar a esta crisis.

Dice en entrevistas radiales que se "siente del pu..." y se quita los zapatos para pensar, aunque eso podemos pasarlo por alto.

Pero sin duda fue el nombramiento de Fernando Londoño Hoyos como ministro del Interior y de Justicia el que dejó a medio país boquiabierto (ver "Gabinetología" de abril 22).

Los críticos le saltaron encima de inmediato (incluso hay quienes anuncian cargas de profundidad).

Mientras unos lo acusan de haber ejercido su profesión de abogado ?Colombia es el único país donde eso parece un pecado? otros le ponen el ?pero? de su carácter, frentero, beligerante y en no pocas ocasiones intransigente. Un hombre exocet.

La clave de su designación está en una frase suya que Uribe repetía permanentemente ante los colaboradores de su campaña: "Fernando Londoño me enseñó que la seguridad es un valor jurídico fundante" (fundante: palabra que no aparece en el diccionario). Lo que eso significa es que el de Londoño fue un nombramiento consecuente con el pensamiento de Alvaro Uribe.

¿Pero, de verdad verdad, qué debemos esperar los colombianos de Fernando Londoño?

Para comenzar, cero burocracia, cero corrupción y cero politiquería.

Además, me atrevo a garantizar que por cuenta de su brillantez intelectual y elocuente oratoria, se vivirán vibrantes momentos en el Congreso.

Será un espectáculo ver los debates de la reforma política, y al frente de ellos a un Ministro del Interior que, más que concertarla, intentará convencer a los parlamentarios y al país con la ayuda de su maravillosa capacidad argumental.

Pero también se vivirán momentos tormentosos: Londoño tiene un estilo "volado", y muchas veces no les pone matices o filtros a sus opiniones. Por eso es natural que su designación sea desafiante para no pocos colombianos.

Adicionalmente, no hay nadie en Colombia que sepa tanto del tema de seguridad y defensa nacional que Londoño: dicta una conferencia sobre el tema por lo menos una vez por semana.

En otras palabras, Londoño es el hombre escogido por Uribe para hacer la guerra. El nuevo Ministro del Interior será quien estructure la estrategia en el campo legal.

Esto... ya arrancó.

ENTRETANTO? ¿No sería un error monumental para su futuro político que Peñalosa no hubiera aceptado la Cancillería?
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