Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2014/04/29 00:00

    La historia del lobo que quería contar una mentira

    Esta semana se conoció la historia de un nuevo falso positivo, esta vez que afecta al periodismo.

COMPARTIR

Cuenta la fábula que un pícaro jovencito se divertía engañando a los vecinos de su aldea. Pero como sucede en los cuentos, después de varias risas y embustes el pillo terminó víctima de sus mentirillas y reflexiona sobre la importancia de la verdad. Aquí en Colombia, lejos de los mundos fabulosos, varios lobos, mentirosos y despiadados utilizan la fórmula del engaño como una grandiosa fórmula de éxito. 

La penúltima historia del lobo que quería contar una mentira es nuevamente sobre un falso positivo, esta vez del periodismo. La mala fe de una persona terminó convertida no sólo en equivocados titulares de la prensa internacional sino en una coartada más para quienes quieren menospreciar el riesgo de ejercer este oficio en Colombia.   

Ni los periodistas ni nadie más en Colombia necesitan de una sola mentira más que quiera ser presentada como verdad. Seis millones de víctimas del conflicto son suficientes y no es necesario crear falsas víctimas, ni tampoco que se ponga en duda el sufrimiento que cada una de esas personas ha padecido; las víctimas, miles, que han muerto y mueren en combate son suficientes y no es necesario aumentarlos con falsos positivos; los periodistas asesinados y amenazados son suficientes y no es necesario las auto amenazas, o los auto atentados. 
   
Los lobos que se alimentan de estos horrores, apremiados por tener orgasmos rápidos y victorias pírricas, no comprenden que las mentiras presentadas como verdades generan males aún mayores que los que se desprenden de las amenazas reales. 

Un nuevo ejemplo de esto ocurrió el pasado jueves. En el municipio de Cáceres encontraron a un hombre que había sido asesinado, con el rostro desfigurado y otras evidencias de tortura. Minutos después de conocer la noticia y de manera apresurada, una fuente cercana a la Fundación para la Libertad de Prensa alertó con voz entre cortada: “Esto es terrible, acaban de matar a mi amigo, al periodista, la persona que me ayudaba con todo en la emisora”. 

La FLIP, fundación que lleva 17 años documentando casos y advirtiendo sobre los riesgos que tienen los periodistas en el país, activó sus protocolos internos y procedió como suele hacerlo en estos casos. Horas después emitió un comunicado titulado: “Asesinado en Antioquia Reinaldo Posso, colaborador de la emisora comunitaria Morena Estéreo”. 

La noticia se regó como pólvora, pero en el camino dejó una cadena de imprecisiones. No sólo periódicos de Colombia, sino de Argentina, Estados Unidos y otros países titularon, sin rigor y con muchas ganas de obtener visitas a sus páginas: “Torturan y asesinan a periodista colombiano”. 

Al mismo tiempo la mentira del lobo empezaba a destaparse. El señor Reinaldo Ángel Posso había sido alcalde de Tarazá, municipio del Bajo Cauca, durante el 2004-2007, años en los que el paramilitar Ramiro Vanoy Murillo, alias ‘Cuco Vanoy’ construía hospitales, donaba computadores para las escuelas y repartía dinero a manos llenas.  

Después se conoció la mentira mayor, el señor Posso nunca había escrito un reportaje, ni una nota y menos aún se desempeñaba como periodista. Simplemente era amigo del coordinador de la emisora y desde las instalaciones de la radio preparaba su participación en las próximas elecciones locales. ¿Qué se ganaba con esta mentira? Atraer los focos, pedir refuerzos en la seguridad del medio, pescar ayudas que llegan de las organizaciones que luchan por la libertad de prensa, engañar. 

Después de oír las campanadas la fundación publicó una nota aclaratoria que decía: “La FLIP recibió información malintencionada, por parte de gente muy cercana al señor Posso y que había sido de confianza para la fundación en otros momentos, indicando que él ejercía el periodismo”.

El periodismo colombiano no necesita de una falsa muerte. Por el contrario, la desconfianza que generan este tipo de (des)informaciones ponen en duda que el ejercicio de este oficio sea peligroso, como en efecto lo es. Desde 1977 hasta la fecha en Colombia han sido asesinados 142 periodistas por haber contado en sus medios las verdades de sus comunidades. No 143 ni 141; uno más habría aumentado la tragedia; uno menos hubiera ahorrado centenares de lágrimas y de noticias silenciadas.

*Periodista de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP).
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.