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Opinión

  • | 2001/09/03 00:00

    El fascismo según Caballero

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Caballero cree que el fascismo es simplemente una ideología de derecha. En sus escritos recientes ha insistido en que el espíritu fascista es impuesto por Estados Unidos al mundo y que todos los gobiernos de Israel son igualmente fascistas. Pero el fascismo es algo mucho más grave y complejo que eso. No discernirlo lleva confusión al público en un tema que debe ser rigurosamente aclarado pues se corre el peligro de denunciarlo cuando no es y de subvalorarlo cuando se presente.

¿Qué es el fascismo? Primero que todo es un régimen político basado en el poder de los gremios y de los sindicatos ideológicamente afines, con los cuales legisla y de quienes recibe apoyo social. Liquida el Congreso y el sufragio universal, como también la libertad de prensa. Acaba con la división y rotación del poder. Se apoya en la figura de un caudillo y en el culto a la personalidad. Sus bandas paramilitares intimidan y asesinan a los dirigentes políticos y sindicales que no comulgan con sus ideas, culminando en un sistema de partido único, apoyado en la propaganda y el terror. Su ideología se basa en el racismo, el nacionalismo y el populismo radicales y en el caso del franquismo en la falange. Practica políticas económicas intervencionistas que restringen los mercados y que son muy agresivas internacionalmente, o sea un proteccionismo extremo. Y ojo que es también importante: irrespeta los derechos a la vida y a la propiedad.

Refiriéndose a la hegemonía norteamericana, en un mundo sin el contrapeso del socialismo, Caballero afirma que "hoy es el espíritu del fascismo, físicamente derrotado, el que impera en el mundo (para concluir): el fascismo ganó las guerras del siglo". (Y Occidente conquistó el mundo, El Ancora Editores, 2000, p. 110) Contundente, ¿no? Sin embargo, una ideología de derechas que impulsa la libertad de los mercados y reducir los impuestos y el gobierno, como la del Partido Republicano de Estados Unidos, está muy lejos del enorme intervencionismo económico y el Estado-bestia o el Behemot nazi, como lo llamara Franz Neuman en su escrito clásico sobre la economía política del nazismo. Incluso es su perfecto opuesto. Y mucho menos evidente es que el régimen presidencial y congresional norteamericano haya sido liquidado por algún Reagan o un Bush. O que sus minorías raciales y étnicas sean discriminadas por el sistema legal -como lo fueran los judíos y gitanos por el nazismo- que sean encerrados en campos y liquidados industrialmente. Es muy difícil deducir que el fascismo esté por tomarse a Estados Unidos, pero eso no impide a Caballero de proclamarlo repetidamente.

Caballero es peor y más intransigente con Israel: siempre ha tenido gobiernos fascistas, dice, aunque su pueblo no lo sea, alcanza a aclarar. O sea, Caballero no está contra el pueblo judío y su derecho a la autodeterminación sino contra sus gobiernos que curiosamente son todos fascistas, ya sean laboristas o del Likud. Israel, que surgió para evitar que se pudiera repetir el exterminio de los judíos, termina siendo, dentro de la lógica ilógica de Caballero, un Estado igualmente fascista. Sin embargo, es un Estado parlamentario, basado en el sufragio universal, con múltiples partidos y prensa libre, abierto al mundo. Si es así y el pueblo siempre elige gobiernos fascistas, entonces la conclusión es que... Caballero está afirmando lo que explícitamente niega: que todos ellos van en el mismo saco fascista, el pueblo judío y sus dirigentes. Pero es que Caballero tiene su forma de razonar (¿) totalitaria.

El territorio sobre el que Israel habita está en disputa, no sólo por los palestinos sino por todo el mundo árabe que lo mira como una intrusión de los conflictos de Occidente. Pero nunca Israel se puso a construir un sistema industrial de exterminio del pueblo palestino ni plantea una solución final para el problema árabe ni está basado en una ideología de supremacía racial. Al contrario, está empeñado en una salida negociada al conflicto. Pregúntese ahora: ¿Cuándo Hitler negoció con sus enemigos? La respuesta es nunca. Pero la comparación descabellada que hace Caballero y muchos otros contra el sionismo y del pueblo judío es efectista, funciona y engaña a la gente.

Yo sé que Caballero no es historiador y que lo escrito por él sobre el tema es, si acaso, caricaturesco. Pero sí creo fundamental argumentar en contra de las mentiras monumentales que él erige, recurriendo en la medida de lo posible a los resultados objetivos de las ciencias sociales. Estas informan que el fascismo no fue una simple ideología de derecha sino todo un sistema que se impuso en varios países de Europa y en Japón a principios del siglo XX, que intentó expandirse violentamente, que causó 40 millones de muertos en la guerra de agresión que impuso a los países capitalistas democráticos y a la Unión Soviética, que exterminó a seis millones de judíos y que intentaba liquidar la endeble civilización occidental. Fue derrotado militarmente pero puede resurgir hacia el futuro si no conocemos su historia. En esta importante tarea Caballero -quien cree que Occidente es el gran enemigo- no es de mucha ayuda porque acusa irresponsablemente de fascistas a los que intrínsecamente no lo son.

*Co-director del Banco de la República.
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