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Opinión

  • | 2014/12/18 10:00

    El fiasco del embargo a Cuba

    Tal es el rechazo mundial al bloqueo norteamericano impuesto a Cuba, que de 193 países que componen la ONU, 188 votaron a favor de la resolución que exige ponerle fin.

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Claro que la noticia en sí y la arriesgada decisión de Obama, ambas, son tan históricas como inesperadas y sorprendentes. ¿Qué decir cuando el presidente Obama se dispone a reanudar las relaciones diplomáticas con Cuba en el momento más adverso de su ejercicio presidencial y a solo 2 años de la terminación de su pálido mandato? No bien, se asimila la derrota sufrida por los demócratas en las recientes elecciones, y conocida la mayoría republicana en el Congreso para la  legislatura que comienza en enero, y a sabiendas de que son ellos los promotores y defensores inamovibles de la denominada Ley de Comercio con el Enemigo para Cuba, y ya el presidente de los EE. UU. con un pragmatismo insospechado en él, lleva al extremo sus facultades y les lanza de nuevo un desafío por la vía ejecutiva con una osadía inusitada que no mostró cuando titubeaba con reformas tales como la migratoria, o la de la salud, o el cierre de Guantánamo.

Las retaliaciones contra Cuba, luego del triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro, comienzan cuando en 1960 Eisenhower ordena un embargo limitado y rompe las relaciones diplomáticas, para luego, en 1962, venir el Presidente John F. a ampliar dicho embargo estableciendo un bloqueo económico total. En virtud de la ley de 1917 sobre Comercio con el Enemigo, en 1963 se hace uso de las llamadas Regulaciones para el Control de Activos Cubanos que da inicio al chantaje económico contra la isla. Es de anotar que este es el único país en el mundo que actualmente recibe semejante castigo por parte de los gringos, quienes ya se lo habían aplicado anteriormente, entre otros, a China, Vietnam y Corea del Norte. Los mecanismos utilizados han sido tan variados como implacables: la Ley para la Asistencia Exterior (1961), la Ley para la Administración de las Exportaciones y las Regulaciones para la Administración de las Exportaciones (1979), la Ley Torricelli (1992) y la Ley Helms-Burton (1996).

Estas obsoletas medidas, tanto por lo arcaicas como por lo desproporcionadas e injustas, han provocado el rechazo de países y movimientos políticos mundiales bastante disímiles. Por ejemplo, desde 1992 se viene votando anualmente en la Asamblea General de las Naciones Unidas en favor de Cuba una resolución que condena su bloqueo económico, comercial y financiero, y tal es la antipatía y el rechazo a esta monstruosidad de más de 5 décadas de duración, que en la votación correspondiente a octubre de este año, de los 193 países que componen la ONU, 188 exigieron su eliminación. De los 5 restantes, sólo 2, ellos mismos y el inefable  Israel, votaron en contra. Los otros 3 se abstuvieron.

Según cifras reveladas recientemente, las sanciones económicas de EE.UU. contra Cuba en 2013 alcanzaron pérdidas para el Estado cubano por valor de 3.900 millones de dólares. Sanción brutal para este pequeño país caribeño, vecino incómodo del gran Imperio. Y en los 55 años que completan las medidas punitivas ya se llegó a la escandalosa suma de 116.800 millones. Y contra esta infamia de nada ha servido el clamor de casi todos los países del mundo exigiendo desde hace 22 años el cese de la represión económica estadounidense.

Por ello, lo acontecido este miércoles 17 de diciembre es descomunal e histórico. Era difícil imaginar un encuentro directo, así fuese telefónico, entre un presidente de los EE. UU. y un líder cubano, máxime si este llegara a ser uno de los hermanos Castro. Pero sucedió y el mundo entero lo aplaude.

En todo caso, lo concreto y para destacar sería, en primer lugar, la determinación de ambos países de restablecer sus relaciones diplomáticas, algo inimaginable durante estos últimos tiempos hasta para los más sagaces politólogos e internacionalistas, y luego, que las compuertas del bloqueo ya dejan ver algunas luces esperanzadoras en el horizonte.

Finalmente, no cabe duda del valor personal asumido por Obama y de los riesgos políticos a los que se están sometiendo él y su partido. Sus palabras serán seguramente increpadas por la derecha republicana cuando asuma el control de las dos cámaras, y la opinión pública al interior de su país no le será del todo favorable, jalonada como lo está por esa corriente delirante de cubano-norteamericanos que sí saben de bochinches y estropeos para intentar frenar lo que sea que pueda favorecer al pueblo cubano y a su revolución. Y es que decir, como dijo, que "ni el pueblo cubano ni el americano sacan nada de provecho de esa decisión que se tomó antes de que nosotros naciéramos”, y que "estos 50 años de aislamiento no han funcionado”, al tiempo que invitar a su Congreso a debatir “honesta” y “seriamente” la suspensión del embargo económico unilateral sobre Cuba, son palabras mayores.

Definitivamente, de este episodio sale Cuba bien librada, con su dignidad intacta y su voluntad revolucionaria fortalecida.

Ahora sí, ya podemos afirmar con optimismo que en América Latina, la Guerra Fría ha llegado a su fin.

guribe3@gmail.com 
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