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Opinión

  • | 1996/06/24 00:00

    EL FINAL DE LA PELICULA?

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Todos aquellos que perdieron sus apuestas en el festival de cábalas sobre si los ministros del Interior, Relaciones Exteriores y Comunicaciones acababan en la cárcel, se están metiendo de nuevo la mano al bolsillo para jugar sus restos a adivinar el final de la película: la absolución del presidente Samper en la Cámara de Representantes. Tienen razón. Apostarle a una acusación ante el Senado es tan arriesgado como apostar contra Mike Tyson en una pelea por el título mundial de los pesos pesados. Sin embargo, gracias a ese favoritismo, la eventualidad de un palo podría hacer que las boletas se pagaran 10 a 1. Lo que para muchos ha sido una apasionante función de circo, y para otros el tedioso desarrollo del debido proceso al presidente Samper, entra, por fin, en la recta final. La gran mayoría sostiene que se trata de un proceso con final anunciado, y esto sería cierto si el final de la película fuera el día del pupitrazo en la Cámara. Pero los síntomas generales indican que tal vez no lo sea. Ya está todo el mundo aburrido con la discusión acerca de si el entierro de las acusaciones contra Samper por el ingreso de dineros del narcotráfico a su campaña es o no una farsa ritual que culmina con la imposición de las mayorías liberales en la votación final. Se dirá siempre que lo que se hizo fue un juicio político, y se responderá siempre que la absolución es la consecuencia natural de la inocencia. Pero aquí hay más tela de dónde cortar. La victoria aplastante 10 a 3 del informe final de la Comisión de Acusaciones es el anuncio de un triunfo similar en la plenaria. De ser así, querría decir que algo más del 30 por ciento de los parlamentarios estaría en favor de una acusación y que su voz se oiría con estruendo en las sesiones plenarias de la Cámara que arrancan esta semana. Es ahí donde cabe la pregunta: ¿Será ese el final de la película? La palabra FIN, en este caso, no aparece cuando los representantes liberales archivan la acusación y, en cámara lenta y con violines de fondo, el Presidente levanta el brazo y hace con sus dedos la señal de la victoria. Ese puede ser el final de una película que se llama 'El juicio', al término de la cual se registra para la historia la absolución de un presidente tras un agitado proceso. Pero ese final es el comienzo de la verdadera película de la política en Colombia, cuyo nombre _si no fuera tan feo_ debería ser 'La gobernabilidad'. A ese final yo recomendaría no apostar los restos, pues al paso que van las cosas puede tener un desenlace muy poco predecible hoy. Uno de esos finales posibles es que el Presidente, como de alguna manera lo ha insinuado, proponga un gobierno de unidad nacional, con participación de los sectores que hoy lo atacan. Esta decisión estaría apoyada en la premisa de que al no haber sido condenado por su juez natural, el primer mandatario tendrá la fortaleza política para hacer este tipo de convocatoria. El otro sería que Samper no pudiera enlazar a tanto díscolo y resolviera coger por la trocha de la consulta popular para legitimar, con la mitad del país que lo respalda, el mandato que la otra mitad no le reconoce. Un tercer desenlace podría consistir en que el Presidente, absuelto, decida dar por terminada la discusión sobre gobernabilidad, y con su certificado judicial entre el bolsillo se dedique a gobernar con los que sí lo aprecian _y para ellos_ y mande al carajo a los demás. Y una última posibilidad sería que, tras el juicio parlamentario, los sectores fuertes que lo apoyan le quitaran su respaldo con la disculpa de que sólo estaban esperando al final del debido proceso. Que el Presidente oteara el horizonte y llegara a la conclusión de que la única gobernabilidad posible en Colombia consiste en empacar sus corotos, y que alargara así en dos años su condición de ex presidente. Lo interesante de todo es que el proceso en la Cámara (su desarrollo, no su epílogo) es lo que va a definir cuál de los finales descritos aquí va a ser el definitivo. No hagan sus apuestas... todavía.
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