Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2005/11/22 00:00

El futuro liberal

Pedro Viveros cree que la única salida para Partido Liberal es abandonar lo retro y volverse metro.

El futuro liberal

El inconveniente del Partido Liberal Colombiano es simple: no se ve como alternativa real de poder. La gente en Colombia sigue siendo liberal de pasión, pero "antipartido" en la práctica. Las necesidades de los colombianos son colmadas por todas las instituciones menos por la de los líderes de la sede roja de la 36 con Caracas. Al menos así lo indican todos y cada uno de los estudios de opinión que semanalmente aparecen en los medios de comunicación.

Esta realidad más que amedrentar a la colectividad, lo que debe servir es para aceptar el reto realista que se le presenta. Es importante recordar que hasta hace tan solo ocho años era el partido mayoritario en toda la línea. Ganaba concejos municipales, asambleas departamentales, Congreso de la República y, unido y sin otros apoyos, ganaba la Presidencia de la República de lejos y cuando la perdió, le ocurrió luego de obtener la votación más alta que partido alguno hubiera obtenido en la historia política colombiana, ¡con división y todo!

¿Qué hacer entonces para reeditar esas épocas victoriosas? ¿Cómo hacer para reavivar el fervor, racional y apasionado, de sentirse liberal? La respuestas a estas y otras muchas preguntas es: nada. Esas jornadas épicas no volverán. La memoria política de ser liberal cambió de las postrimerías del siglo pasado al inicio del presente.

Por esta razón hay que inventarse una nueva forma de captar el sentimiento liberal. Es obligatorio que las directivas y los liberales de a pie, juntos, extirpen el cáncer que carcome a los liberales: vivir del pasado. 

Para convertir un partido, cualquiera que sea, en alternativa viable que conduzca a sus simpatizantes hacia la realización plena de la política, que no es otra cosa que ver cristalizados los ideales por los cuales se hace soñar a un pueblo, es indispensable tener una visión extensa de todas y cada una de las metas que se persiguen. Ser prácticos y realistas acerca de las obligaciones que tiene cada uno de quienes practican la política. Es pasar de lo estático y prostático que hoy día puede significar para un joven liberal las figuras de Uribe Uribe, Gaitán, Olaya Herrera y otros más, para comenzar a crear un nuevo perfil liberal. Más realista. Más social. Menos dogmático. Menos atado al pasado. En síntesis, más metro que retro.

Ser metro radica esencialmente en ser progresista. Es mirar el mundo con sentido rebelde y rompiendo  moldes. Ser metro significa aceptar los retos que plantea el presente con visión e imaginación. Ser metro es respetar la fuerza de la vida por encima de cualquier otro valor. Ser metro es ser ecuménico y cero parroquial. El metro se preocupa por el presente sin olvidar el pasado, pero siempre teniendo como meta el futuro. El retro no acepta los avances. No transige. No escucha la crítica. El retro no progresa, perdura. El retro, como lo que busca es perpetuarse, limita a toda costa  los futuros liderazgos.

En tal sentido, por lo que se debe luchar es por construir un liberal metro que tenga  una concepción de la seguridad enfocada hacia las necesidades de una población cada día más citadina. Más abierto a lo nuevo y más expectante al devenir, que nervioso en razón de  los incumplimientos del pasado. Más metro en concebir un país multilateral y menos unilateral. La Colombia de hoy exige ver más allá de la quinta avenida de New York. Menos retro en materia económica al decir que no podemos ser socialdemócratas, como si la emergencia social de los huracanes Katrina y Rita no fuera una realidad más actual e incontrastable para complementar la lucha contra el terrorismo con una política moderna en materia de seguridad humana que equilibre la defensa nacional de la amenaza terrorista con la protección de la vida humana de catástrofes.

Más metro al posibilitar que la inversión en la educación de los colombianos sea más importante a largo plazo, que impedir los préstamos de la Banca Central bajo el prurito de impedir, por impedir, que ésta aporte sus excedentes a tan valiosa inversión social. Más metro en la preocupación de arrebatarle el discurso político a las fuerzas oscuras que atentan contra la estabilidad institucional. Más metro y menos retro al proponer votar en contra de la corrupción, la desigualdad y la falta de transparencia. Más metro en el compromiso por reconectar el partido a las necesidades de los ciudadanos de hoy, que en retroceder en la búsqueda de los que ya son retros.

He aquí el dilema del presente para las futuras generaciones de liberales: ¿ser metro o retro?


* Analista Político

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