Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1997/12/15 00:00

EL GATO CON BOTAS

EL GATO CON BOTAS

Por cuenta de uno de esos 'vainazos' inteligentes y perversos que echa el ex presidente López de cuando en cuando, vainazos llenos de carga explosiva y teledirigidos para que dejen un gran cráter político, la candidatura de Alfonso Valdivieso tomó un segundo aire la semana pasada al ser comparado por López con ese famoso personaje de los libros infantiles que se llama 'El gato con botas'. Porque eso fue lo que hizo el ex presidente: ponerle a Valdivieso las botas del personaje creado por el inolvidable escritor Charles Perrault, autor de innumerables cuentos infantiles de aquellos que todo niño que se respete tiene en su cabecera: La bella durmiente, Pulgarcito, La Cenicienta y de este Gato con botas que ahora aparece arrancado sorpresivamente de su envoltura literaria para ser arrojado a las duras arenas de la política colombiana.Lo único que no calculó el ex presidente, al intentar personalizar tan simpáticamente a Valdivieso, fue que este gato de El gato con botas es el héroe de la historia infantil que lleva su nombre, y de qué manera. Como todas las historias de Perrault, que encierran una enseñanza resumida casi siempre en la moraleja, o exaltan el valor, la habilidad, la inteligencia o atesoran consejos nada despreciables que no solo eran vigentes cuando se escribieron sino aun en nuestros días, El gato con botas es, ni más ni menos, la historia de un gato que al comienzo todos despreciaban por poca cosa, pero que al final termina demostrando su grandeza, salvándole no solo el reino a su amo sino garantizándole la felicidad al lado de la princesa que ama.Para confirmar la historia esculqué entre los libros de mis hijos en busca de la versión original del libro de Perrault, y mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrí que el paralelo del gato con Valdivieso es asombroso.El cuento comienza cuando un molinero deja por toda herencia a los tres hijos que tenía su molino, su asno y su gato. "El reparto se hizo de inmediato: ni siquiera llamaron al Procurador", dice la versión original. (¿Para qué llamar al Procurador, diría la versión actual, si es de Horacio Serpa?)El gato le tocó al menor de los hermanos, "quien no hallaba consuelo por haber recibido una parte tan pobre". Algo parecido a lo que sucedió cuando Valdivieso llegó a la Fiscalía: muy pocos en el país apostaban a que un gato tan pardo, que venía de ser un ministro de Educación tan pobre, llegara a representar una herencia de alguna importancia para la institución de la Fiscalía, en momentos en los que los narcocasetes habían hecho su asomo a la opinión. El gato, que oía las quejas del país, o Valdivieso, que oía las quejas del hijo del molinero ("mis hermanos podrán ganarse la vida honradamente. Pero yo, una vez que me haya comido el gato, y que me mande a hacer un manguito de piel, tendré que morirme de hambre") repito: ese gato, o ese Valdivieso, dijo con aire juicioso y serio: "No os aflijáis en absoluto, mi amo (que para el efecto viene a ser el país). No tenéis más que darme un morral, mandarme a hacer un par de botas para andar por los matorrales, y veréis que no os ha tocado tan mala parte como creéis".Aunque ni el amo del gato, ni el país, se forjaban muchas esperanzas, el gato "empezó a valerse de notables habilidades para atrapar ratas y ratones, como cuando se colgaba por las patas, o se escondía entre la harina para hacerse el muerto": todas las ratas y ratones del proceso 8.000, como ya es de todos conocido.Cuando el amo, agradecido, le entregó las botas que había pedido el gato, éste se las puso con brío, lo mismo que Valdivieso cuando tomó la decisión de renunciar a la Fiscalía y se puso con brío las botas de su campaña presidencial. Y colgándose el morral al pescuezo, el gato comenzó a recorrer los campos, y Valdivieso el país. Y mientras el gato bautizó a su amo el 'Marqués de Carabás', para subirle de estatus, Valdivieso tomó la decisión de convencer a los colombianos de que votaran por él para subirle la moral al país. El gato visita a los cosecheros y les dice: "Buenas gentes que cosecháis, si no decís que todos estos trigales pertenecen al señor Marqués de Carabás, os harán picadillo como a carne para pastel". Lo mismo que Valdivieso en política, dirigiéndose al país: "Buenas gentes que trabajáis, si no votáis todos por mí, sino que lo hacéis por Horacio, os harán picadillo como a carne para pastel".En la última parte del cuento el gato llega a un bello castillo, que viene a ser como el día de las elecciones para Valdivieso. El amo del castillo es un ogro. El amo de las encuestas es Horacio. El ogro es el más rico que jamás se haya visto, Horacio el más opcionado. "Me han asegurado, dice el gato, que tenéis el don de convertiros en toda clase de animales, que podéis, por ejemplo, transformaros en león, en elefante... (juro que lo del elefante es original del cuento de Perrault y no ha sido inventado por la autora de esta columna...).Y continúa el gato: "Me han asegurado, además, pero no podría creerlo, que también tenéis el poder de tomar la forma de los animales más pequeños, por ejemplo de convertiros en rata, en ratón". "¿Lo dudas?" replicó el ogro. Y al tiempo que lo decía se transformó en ratón, que se puso a correr por el piso. El gato, tan pronto como lo vio, se abalanzó sobre él y se lo comió. Y mientras el gato se quedó con todas las riquezas del ogro, Valdivieso se quedó con la presidencia de Horacio.Moraleja: nunca desprecien a un gato con botas. ¿Será esto lo que quiso decir el ex presidente López?

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