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El gentil señor Rendon?

Ha pasado por Panamá, Afganistán, Haití, Kosovo. La noticia es que Rendon ahora está en Colombia. Trabaja para el Ministerio de Defensa pero le paga el Pentágono

Daniel Coronell
20 de agosto de 2005

La entrada de las tropas norteamericanas a la capital de Kuwait en la primera guerra del Golfo sucedió dos veces. La primera, la militar, cuando los marines estaban listos para ingresar a redimir al rico emirato invadido por Irak, y la segunda, cuando entraron efectivamente para cumplir su misión frente a las cámaras de televisión.



Entre la primera y la segunda transcurrió el tiempo necesario para que llegara el arma secreta de la propaganda: miles de banderitas de Estados Unidos y algunas pancartas de gratitud, en inglés, que fueron repartidas entre ciudadanos kuwaitíes para que saludaran el arribo de sus libertadores.



De esta creativa manera la polémica operación 'Tormenta del desierto' terminó recordando a los televidentes estadounidenses la llegada de los aliados a París, al final de la Segunda Guerra Mundial.



El cerebro de esa histórica reconstrucción -manipulada- se llama John Rendon. Un antiguo asesor de los presidentes Jimmy Carter y Bill Cinton, y cabeza del Rendon Group, la empresa que por años asesoró a la CIA, y que ahora trabaja para el Pentágono. El propio señor Rendon reconoció su hazaña:"¿Alguna vez se preguntaron cómo la gente de Kuwait podía tener esas banderas, después de tantos meses dolorosos de ser rehenes? Bueno, ya saben la respuesta: Este es uno de mis trabajos".



Para la segunda guerra contra Sadam, el señor Rendon -tan aventajado en historia- ayudó a presentar ante el Occidente al Congreso Nacional Iraquí (CNI). Un nombre sonoro que recordaba el Congreso Nacional Africano (CNA), la organización que ganó prestigio durante la lucha contra el apartheid en Suráfrica. Al mando del CNI figuraba Ahmed Chalabi, un banquero que huyó de Irak en el baúl de un carro, cuando se esfumaron los depósitos de sus ahorradores.



El testimonio del controvertido millonario fue determinante para que la opinión norteamericana se percatara del peligro que representaban las armas de destrucción masiva del régimen iraquí. El único problema consiste en que después de todos estos años, las fuerzas de ocupación no han podido encontrar esas armas.



Publicaciones internacionales señalan a Rendon como el autor del montaje de la soldado Jessyca Lynch. Ella fue presentada como víctima física y moral de los iraquíes, rescatada heroicamente por sus compañeros. Poco después se supo que todo era un fraude, una operación de propaganda. La muchacha no fue herida en combate, sino por el accidente del camión que manejaba y los médicos del Hospital Saddam, trataban de curarla. Rendon niega cualquier vinculación a este asunto.



John Rendon inspiró la película Wag the dog. En Colombia la conocimos como Cortina de humo y aún se consigue en los Blockbusters. Dustin Hoffman encarna a un asesor de imagen que inventa una guerra en los Balcanes, para distraer la atención de un escándalo sexual que involucra al Presidente.



El señor Rendon -que se define a sí mismo como un "guerrero de la informaciòn" y un "gerente de la percepción"- le ha aportado su toque a la comunicación de varias guerras contemporáneas. Ha pasado por Panamá, durante la invasión para derrocar a Noriega, bautizada 'Causa justa'. Por Afganistán, en la infructuosa cacería de Osama Ben Laden, primer capítulo de la llamada guerra contra el terrorismo. Por Haití, en la caída y posterior restitución de Aristide, las dos a nombre de la democracia. Por Kosovo? En fin, pero la noticia es que ahora está en Colombia.



John Rendon trabaja para el Ministerio de Defensa Nacional, pero sus servicios los paga el Pentágono, es decir, el Ministerio de Defensa de Estados Unidos.



Cuando me enteré, hace algunas semanas, de que su gente tenía oficinas en la calle 26 dentro del propio Ministerio, le pedí que me explicará qué hacía aquí, quién le pagaba y cuánto.



El señor Rendon le sacó un tiempo a sus labores, para responder por escrito que entre sus funciones estaba la de "trabajar con el gobierno colombiano en comunicaciones estratégicas en asuntos relacionados con narcoterrorismo". No me dijo cuánto le pagaban, pero me dejo en libertad de preguntárselo al Pentágono.



El mensaje que empieza con un "Dear Daniel", me anuncia que esta semana -del 21 al 25- estará en Bogotá y me invita a que conversemos sobre "el impacto de las comunicaciones estratégicas en la información global". Qué pesar no haber podido esperarlo. n?

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