Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1998/08/10 00:00

EL GESTO DE PIÑACUE

EL GESTO DE PIÑACUE

El senador Jesús Piñacue, indígena paez, protagonizó la semana pasada el primer episodio verdadero de responsabilidad política que yo haya visto en Colombia, aunque es posible que el final de la historia sea que su comunidad lo muela a latigazos en plaza pública para castigarlo y avergonzarlo por lo que se considera un acto de traición a su mandato.Para el colombiano corriente no pasó nada extraño con Piñacué. El dirigente indígena, quien hace cuatro años fue candidato a la vicepresidencia en la fórmula con Antonio Navarro Wolf, esta vez hizo una campaña nacional para salir elegido como senador en las pasadas elecciones. Y lo logró. En su condición de senador electo apoyó en la primera vuelta a Noemí Sanín y en la segunda a Horacio Serpa, en adhesiones públicas que no provocaron ninguna reacción visible. La verdad es que para la gran mayoría esa era una actitud política normal, y con los antecedentes de Piñacué, bastante lógica. El senador indígena había hecho su campaña con el apoyo básico de su comunidad indígena y en desarrollo del proceso se acercó a sectores afines en distintos lugares del país, varios de los cuales apoyaron la candidatura de Horacio Serpa.Pero para los indígenas paeces la adhesión de Piñacué a Serpa constituía un acto de traición al mandato que le dio su comunidad. Ellos le habían dicho que debía votar por Noemí en la primera vuelta y en blanco en la segunda. Piñacué consideró que las circunstancias hacían más lógico un apoyo a Serpa.Los indígenas caucanos se toman las cosas en serio: Jesús Piñacué debe enfrentar un juicio por su comportamiento, y en el abanico de las posibles sanciones están los latigazos en plaza pública, el doloroso cepo de castigo o, incluso, el extrañamiento, que para los indígenas de verdad es el peor entre todos los castigos posibles, incluida la muerte. En el instante en que fue notificado de la acusación, Piñacué renunció a una curul ganada en forma legítima en el Congreso y con una de las votaciones más altas del país. "Yo prefiero ser un indígena de a pie pero respetado por su pueblo _me dijo el hombre la semana pasada_ que un padre de la patria querido por todos menos por los suyos".El acto de responsabilidad política de Jesús Piñacué es inmenso. A mi juicio, es más útil un voto por cualquier candidato que un voto en blanco, y en eso coincido con él. Pero eso no tiene valor en medio de esta discusión. El hecho es que su gente lo considera un acto de traición, y eso basta para que el líder indígena descarte de plano la posibilidad de ejercer actos de poder en el Congreso a nombre de ellos. Eso sólo lo hace un tipo serio que tiene claros los conceptos de honradez, responsabilidad, honor y, sobre todo, el del carácter sagrado que tiene la delegación del poder soberano a través del voto. Pero lo de Piñacué no para ahí. No sólo renuncia a su curul y se somete al juicio de los paeces, sino que además dice que el resultado de ese proceso es que decidan castigarlo. "Lo tiene que hacer _agrega_ porque si no lo hacen mostrarían una debilidad inaceptable como autoridad, y esa debilidad acabaría afectando a toda la comunidad que ellos y yo queremos beneficiar". La historia tiene el aire cuestionable del castigo físico de las culturas viejas, pero configura el ejemplo perfecto para los políticos colombianos. Para esa gran cantidad de gente elegida por el voto popular, desde concejales hasta presidentes, que ven en el elector un medio para lograr el fin particular de acceder al poder, para ejercerlo después, mal o bien, de acuerdo con el empaque de cada cual. Sirve de ejemplo para esos parlamentarios de nuevo cuño que se hacen elegir al mismo tiempo a nombre del Partido Liberal y del Conservador para pescar en todas las aguas y para no tener que responderle después a nadie por sus actos de congresista. Prefiero a Jesús Piñacué en el Congreso, legislando en favor de los colombianos con la seriedad que exhibió en este episodio, pero me quito el sombrero ante su respeto a un montón de principios fundamentales.

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