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Opinión

  • | 2008/11/22 00:00

    El gobernador farolero

    ¿Qué diablos hace Abadía entre esos deportistas? ¿A cuenta de qué los impuestos de los vallecaucanos se deben ir en esa vergonzosa publicidad de sí mismo?

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De entrada debo confesar que detesto las sudaderas, y que mi respeto por Fidel no acabó el día en que demostró sus bestiales modales de dictador, sino aquella vez que apareció agonizando ya sin dignidad, hecho un chamizo seco, debajo de una sudadera colorida. Digo más: pocas cosas me entristecen tanto como esos programas estatales de apoyo a los adultos mayores, en los que salen un poco de ancianos en sudadera haciendo gimnasia pasiva. En ese caso no sé qué me deprime más: si la gimnasia pasiva como ejercicio o si el término adulto mayor. Y estoy seguro de que Colombia jamás saldrá adelante en la medida en que la gente se ponga sudadera, muchas veces con mocasines, para hacer actividades que no son deportivas: para lavar el carro, para ir a misa, para hacer mercado.

O, ya en la tapa de la desvergüenza, para hacerse publicidad.

Ese es el caso de unos avisos que invaden desde hace varios días la prensa nacional y los paraderos de varias ciudades, en los cuales aparece el gobernador del Valle del Cauca, Juan Carlos Abadía, enfundado en una sudadera roja, al lado de algunos deportistas destacados: medallistas como Jacqueline Rentería, María Isabel Urrutia y Diego Salazar. Al lado, por no decir que en el medio: porque en realidad el que aparece en el centro de la foto, como gran protagonista, es el gobernador: los deportistas son meros acompañantes, extras sin parlamento que apenas ayudan a decorar la imagen sideral de este joven político, amante de sí mismo y aficionado al culto de su propia imagen.

Francamente yo no creía que un político colombiano, en teoría joven y refrescante como él, pudiera llegar al nivel de lanzar su imagen por todo el país explotando la de unos deportistas destacados, que a diferencia del gobernador se han hecho solos y que nunca han despertado sospechas éticas. Porque, hasta donde sé, de ninguno de esos deportistas puede decirse lo mismo que de Abadía, cuya carrera pública es impulsada por personas tan cuestionadas como el senador Juan Carlos Martínez, acusado de tener vínculos con los peores delincuentes del país.

Yo sabía que muchos políticos estaban acostumbrados a robarse la plata. Veo ahora que a algunos también les gusta robarse méritos.

Habría que recordarle al gobernador Abadía que en Colombia los deportistas no se han hecho gracias a los políticos sino a pesar de ellos; que cada deportista que triunfa suele ser una proeza individual, que ilumina nuestra miseria por un rato, pero que obedece únicamente a su propio empeño, casi a su propia rabia, porque históricamente las políticas deportivas del país son prácticamente nulas y en Colombia el deporte, más que una actividad, es un escape: una manera de no morirse de hambre.

¿Qué diablos hace Abadía entre esos deportistas? ¿A cuenta de qué el dinero de los impuestos que pagan los vallecaucanos se debe ir en esa desvergonzada publicidad que hace de sí mismo?

Hace cuatro años, cuando los Juegos Nacionales se hicieron en Cundinamarca, esa gobernación no gastó un solo peso en una promoción tan innecesaria y exagerada como la que estamos viendo. Esta vez, en cambio, la plata que han costado esos avisos asciende a más de 1.500 millones de pesos, que servirían mejor para aliviar la precaria condición de muchos deportistas que entrenan sin desayuno.

Ya el periodista Diego Martínez Lloreda había denunciado la amañada difusión publicitaria de una encuesta en la que este personaje se presenta como el mejor gobernador de Colombia, pese a que los resultados medían la favorabilidad de tan solo tres de los 32 gobernadores. Esa vez pagó con dinero público la pauta de varios avisos con la misma tranquilidad de ahora: finalmente Abadía sabe que el contralor que debe investigarlo fue gerente de su campaña a la gobernación.

Si los políticos jóvenes del Valle del Cauca, por lo menos los apadrinados por Uribe, son como Daniel García, el ex director de Invías que en lugar de adecuarse a los requisitos, decidió hacer que los requisitos se adecuaran a él; o como Juan Carlos Abadía, este gobernador peligroso y farolero tan parecido a Pablo Ardila, la opción más refrescante del departamento va a ser el doctor Carlos Holguín Sardi.

Por eso me permito volver a proponerlo como salida. Con el doctor Holguín Sardi no sólo nos libramos de estos políticos jóvenes y malos, sino que evitamos la depresión de verlo a él mismo retirado, haciendo gimnasia pasiva con otros adultos mayores, y vestido con una sudadera ya no roja, como la de Abadía, sino azul. Y muy probablemente con mocasines.
 
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