Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2009/01/02 00:00

    El gobierno espiritual del pueblo Wiwa

    Mucho tenemos que aprender de este pueblo que aboga porque aquellos con autoridad sean probos.

COMPARTIR

En un escenario geográfico y social caracterizado por la violencia sistemática y el desconocimiento de sus derechos fundamentales, los miembros del pueblo Wiwa, uno de los cuatro grupos amerindios que habitan ancestralmente la Sierra Nevada de Santa Marta, se encuentran en un proceso de reafirmación de su organización política y religiosa. La historia de este pueblo indígena, de unos 15.000 miembros, está caracterizada por la aparición cíclica de periodos de violencia que en algunos momentos de la historia les han llevado a procesos de desintegración social y al desplazamiento de sus tierras originales.

Para representar esa intermitente y dolorosa diáspora los Wiwa afirman que ante la persecución de sus autoridades y de sus familias tuvieron que dispersarse sobre la tierra como una mata de ahuyama. En los últimos seis años centenares de familias Wiwa se asentaron en centro urbanos del Cesar y la Guajira. Tan solo en los barrios de Riohacha y San Juan del Cesar se han establecido cerca de trescientas familias de este grupo amerindio, muchos de ellos son sobrevivientes de las masacres cometidas contra las poblaciones indígenas de El Limón, (2002); Potrerito (2003); Las Mercedes (2003) y La Laguna (2003). Dispuestos a no dejarse derrotar por la violencia, a luchar contra el olvido y a evitar su dilución en el gran conglomerado mestizo del Caribe colombiano se reagruparon en las barriadas, lucharon por mantener su cohesión y revitalizaron su contacto con lugares sagrados situados en el litoral, en las lagunas costeras y hasta en zonas que hoy son avenidas transitadas por autos y miembros de la población criolla. Lejos de causar conflictos interétnicos su pacifica presencia ha enriquecido culturalmente a la capital guajira aportando una nota armoniosa a la polifonía de la ciudad.

Los Mamas han solicitado el apoyo de las entidades públicas y privadas de los Departamentos del Magdalena, El Cesar y La Guajira para la reconstrucción material y social de su pueblo y, especialmente, para el fortalecimiento de su autoridad política y religiosa. En una reunión organizada por el núcleo de cultura tradicional siete de ellos provenientes de las cuencas de los ríos Rancheria, Tapìas y Jerez así lo expresaron. Han decidido perdurar como agrupación humana conservando la llamada Ley de Origen o ley de Sè. Este es el principio espiritual de la existencia. Todo se construye primero en el pensamiento y se pide permiso luego para poder materializarlo tomando las cosas que se necesitan de la naturaleza y pagando tributo por ellas, por todo cuanto existe: la sal, los arboles, las lagunas, las piedras, la lluvia. El ordenamiento y uso del territorio se hacen bajo este principio organizador. La fundamentación de la autoridad política material y espiritual se encuentra en este principio de su vida social.

Este pueblo indígena ha sido muy poco estudiado desde la etnografía colombiana pues la imagen convencional de la Sierra es usualmente asociada con Koguis y Arhuacos. Sus miembros tienen un amplio conocimiento de materiales costeros como bivalvos, caracoles, pólipos, corales, pastos marinos y elementos líticos que equiparan con materiales presentes en las montañas de la Sierra Nevada y emplean en su medicina tradicional.

Apoyemos y escuchemos a los Wiwa que nos dan material para reflexionar sobre los asuntos públicos. Durante siglos cuando uno de sus Comisarios va a posesionarse en su cargo debe bajar hasta la orilla del mar y buscar una piedra blanca llamada nikuma para purificarse espiritualmente con ésta. El nombre nikuma sirve también para designar al Comisario. Los Wiwa afirman que existe un material superior llamado kuirisina que permitiría a todas las personas que ejercen algún tipo de autoridad ser probos, dedicados y trabajar sin engaños. Abundante nikuma y kuirisina requerimos para el sector público de nuestro país. Consuela pensar que, al menos en el Caribe colombiano, las sedes de algunas entidades públicas no se encuentran lejos de la orilla del mar.

wilderguerra@gmail.com



*Weildler Guerra Curvelo es antropólogo guajiro, estudioso de la cultura Caribe.



¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1850

PORTADA

El hombre de las tulas

SEMANA revela la historia del misterioso personaje que movía la plata en efectivo para pagar sobornos, en el peor escándalo de la Justicia en Colombia.